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Informe 90 al pueblo de Cuba

11 de Abril de 1997


¿Por qué ha ordenado Fidel Castro expulsar de La Habana a cientos de miles de cubanos? Son de todas las provincias, pero mayormente orientales, que han venido hacia la capital en los últimos años. Pues lo hace simplemente porque son, ante los turistas y visitantes extranjeros, el escándalo que se ve y oye del fracaso de su gobierno. Además de arruinar al pueblo, y de endeudar la república hasta límitrs impensables, Fidel Castro trata de ocultar la miseria que les ha causado, y crea, para miles y miles de familas, para miles de trabajadores con esposas e hijos, para anciasnos, mujeres y niños, dos angustrias: la del desarraigo, cuando abandonan La Habana, y la del regreso. Es entonces cuando tienen que condenar a los amigos y familiares que los reciben, a más dificultades, a más estrecheces, las mismas que les hicieron abandonar sus hogares de siempre para, quizá con tantas esperanzas, buscar otros horizontes en La Habana, la capital de todos los cubanos, y que ahora sólo lo es de quien permita Fidel Castro.

Pero Fidel Castro no sería Fidel Castro si no utilizara en provecho propio, y para halagar su vanidad, tanto dolor y tanto sufrimiento ajeno. Todos los humanos necesitan para vivir comida, ropa y un techo, pero él necesita además doscientas casas,, para que nadie sepa nunca donde está, para que no lo vayan a ajusticiar, él necesita yates, helicópteros, carros de lujo, aduladores, esbirros, miles de hombres de escolta y, sobre todo, aplauso, mucho aplauso. Y es por eso que, en medio de la crisis más aguda que ha sufrido en este siglo el pueblo cubano, Fidel Castro pone a su burocracia en acción, no para remediar los agobios que sufre el pueblo, sino para orquestar, primero, la comedia de hace unos días, del desfile del primero de mayo, y a renglón seguido para preparar para este verano el festival mundial de la juventud, y para octubre el V Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Y el pueblo de Cuba comprende el objetivo de ambos eventos. Los delegados qeu vengan al festival no sabrán lo que es la vida del pueblo cubano, no tendrán que preocuparse en consegjuir un trabajo que produzca dóolares o esperar que se los envíen del extranjero, no tendrán que vivir con la mentira y el disimulo diario o, si se deciden a protestar, no tendrán que estar temerosos de que sus familiares y especialmente los niños, tengan que sufrir el acaso de los mítines de repudio o los insultos o golpìzas de las brigadas de respuesta rápida. Y las delegadas de ese festival de la juventud no sabrán lo que es salir a la calle a buscar los alimentos del día para sus hijos o padres ancianos, ni pasarse horas haciendo cola para ver si les dan lo que dice la libreta de racionamiento. No, para esos visitantes todo será reuniones, discursos, bienvenida y despedida del Comandante, alegrías, condena al bloqueo norteamericano, a la ley Helms-Burton. Y cuando regresen a sus países, hablarán de las maravillas que vieron en Cuba, de los logros de la revolución, y del daño que le hace al pueblo la agresión del imperialismo norteamericano. Y si alguno de esos delegados o delegadas se enferma, lo llevarán a un hospital de lujo, donde hay de todo, a uno de esos hospitales a los que el pueblo no puede entrar, y que sólo son para os privilegiados, o para extranejros que pagan con dólares. Cuando se vayan de Cuba, no sólo se irán engañados por Fidel Castro, sino que además se les habrá condicionado para que en sus países puedan, a su vez, engañar a los demás.

¿Y los asistentes al V Congreso del Partido Comunista de Cuba? ¿Pero es que hay aún alguno entre ellos que sea tan iluso, o lo hayan alienado tanto, que pueda mantener los ojos cerrados a la realidad y creer esa burla de que son la fuerza dirigente de la sociedad? ¿No se recordarán de los miles de hombres y mujeres que pasaron años de su vida aprendiendo el ruso? ¿No se han enterado ya de la corrupción, incompetencia e irresponsabilidad que existía entre los burócratas del partido comunista ruso? ¿Saben ya que la quiebra económica que había en Rusia y que provocó la perestroica y la glasnot, intentos inútiles de salvar lo que no se podía salvar?

¿No están ya convencidos todos esos que asistirán al V Congreso del Partido Comunista de Cuba, que han sido engañados, burlados, usados como juguetes, por un típico dictador latinoamericano, cuya innovación ha sido la de lograr el apoyo de una potencia mundial y disfrazar,  con la máscara de una ideología, la misma vanidad, irresponsabilidad, endiosamiento, que tanto vieron los pueblos latinoamericanos en otros dictadores, durante dos siglos? ¿No se darán cuenta de todo eso los delegados al V Congreso? ¿No se darán cuenta que lo único que se quiere de ellos es que sirvan de mirones, de soplones, de espías, de capataces de cubanos, esos compatriotas de ellos mismos, y que todos tienen una tierra maravillosa, fecunda y bella, que todos tienen derecho a ser felices, y que sin embargo son hoy el segundo pueblo en el mundo en índice de suicidios?

No, la respuesta no está en más separación entre cubanos, en etiquetas de comunistas y no comunistas, ni dentro ni fuera de Cuba, ni de estos contra aquellos. Esas divisiones las ha creado Fidel Castro, precisamente el que usurpó la soberanía nacional, el que causó el éxodo más numeroso que conoce la historia del continente americano, el que ha dejado un rastro de sangre, sufrimiento, ruina y crispación en tres continentes.

Muchos se preguntan si el arresto, juicio sumarísimo y ejecución de Fidel Castro, alcanza a ser un castigo proporcional a todo el daño y dolor que ha causado y al que todavía quiere causar.

Desde Washington, les habló Emilio Adolfo Rivero

 

 
   

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