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                                      Resumen de Prensa

 

                                                 Artículos

 

                                         Noviembre 24  de 2006

                                                 


 

Trabajadores lácteos se movilizan hoy en todo el país. Para el Ministro Bonomi trabajadores y empresarios “ya perdieron”.

La Federación láctea comienza hoy con una serie de movilizaciones en todo el país, para difundir el diferendo que mantienen con la Cámara de la Industria Láctea desde hace 75 días También se prevé la instalación de carpas y peajes para informar de las razones del conflicto los trabajadores lácteos comenzarán hoy con una serie de movilizaciones en todo el país, para difundir el diferendo que mantienen con la Cámara de la Industria Láctea desde hace 75 días.


La instancia consistirá en distribuir volantes, con retraso en el tránsito vehicular, lo que se sumará a la instalación de carpas gremiales en las localidades de San Ramón, en pleno centro, también en Villa Rodríguez (San José) frente a la planta Nº 8 de Conaprole y finalmente en los accesos a Montevideo, Ruta 5, frente al Complejo Industrial Montevideo, también de la cooperativa láctea. En el correr de los días se sumara una nueva carpa en la ciudad de Florida, frente a la plaza principal.


Los trabajadores lácteos resolvieron además volver a reunirse en Plenario Nacional, la próxima semana, con representantes de los sindicatos de toda la industria, para evaluar el desarrollo de los acontecimientos e instrumentar nuevas medidas que permitan esclarecer a la opinión pública los porqué de una conflicto que hoy cumple 75 días.


Al respecto el dirigente de la FTIL, José Cordero señaló que “estamos tratando de sacar aún más este conflicto a la calle, tratando de explicar un poco de que se trata, ya que el aparato mediático de la CILU se ha movido con mucha intensidad y eso nos diferenobliga a salir a la calle”.


Explicó que “entre otras cosas se van a instalar carpas en las localidades de San Ramón, Villa Rodríguez y la carpa ya instalada en el Complejo Montevideo sobre ruta 5, eso tiene como finalidad hacer una demostración a la opinión publica tratando de buscar mecanismos que nos permitan de alguna manera que la Cámara de la Industria Láctea se siente a negociar con la Federación de Trabajadores.


Agregó que Conaprole es la responsable de que las negociaciones no prosperen y que se haya trancado en más de una oportunidad los acuerdos que estaban al alcance de la mano”.


En ese sentido Cordero indicó que Conaprole tiene, sin lugar a dudas “un peso muy importante, pero no es lo mismo la amortiguación que pueda hacer de las perdidas, que una empresa chica; por lo tanto esas empresas van a presionar a Conaprole para que negocie”.


Por su parte el ministro de Trabajo, Eduardo Bonomi, señaló que la cartera está siguiendo atentamente la evolución del conflicto y afirmó que no se puede declarar la esencialidad porque la leche no forma parte de las cosas esenciales por las que debe firmarse un decreto de estas características.


Señaló que no hay desabastecimiento, y si hay un problema de salud con la leche que se tira será el Ministerio de Salud Pública el que deberá solicitarle que declare la esencialidad. Bonomi señaló que “siempre se ha tirado leche y nadie ha dicho nada”, pero rechaza que se tire leche y se llame a la prensa para mostrarlo, ya que eso es presión política.


El secretario de Estado indicó que en este conflicto, “tanto trabajadores como empresarios han pedido, porque por un lado están los jornales que no se trabajaron, que son mucho más que las exigencias del sindicato y por el otro están los empresarios, porque no aumentaron en su momento un poco su oferta económica para solucionar el conflicto y ya llevan casi tres meses de pérdidas”. .

2.                  LA REPUBLICA PAG. 3

Vázquez recibió al Jefe del Ejército.

El presidente Tabaré Vázquez mantuvo ayer su primera reunión con el comandante en jefe del Ejército Jorge Rosales.


La reunión, llevada adelante en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, duró unos 40 minutos, según informó Subrayado (Canal 10).

Entre los asuntos conversados, trascendió que el presidente Vázquez transmitió al comandante en jefe la idea de integrar definitivamente las Fuerzas Armadas a la sociedad civil para superar las divisiones pasadas. Al mismo tiempo, Jorge Rosales, transmitió al Presidente sus aspiraciones de profesionalizar la institución militar.

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3.                  LA REPUBLICA PAG. 10

Vázquez recibió ayer al comandante Rosales. Nueva cárcel. El traslado de los militares retirados procesados por el caso Soba fue parte de la conversación.

El presidente Tabaré Vázquez recibió ayer en la residencia de Suárez y Reyes, al comandante en jefe del Ejército, Jorge Rosales. El nuevo establecimiento penitenciario construido en el ex Regimiento de Ingenieros y el traslado de Cárcel Central de los militares retirados procesados por el caso de Adalberto Soba, centró la primera entrevista formal entre el mandatario y el conductor de la fuerza de tierra. Si bien en filas del Ejército se aguarda que los militares retirados sean llevados al edificio de Camino Mendoza y Domingo Arena antes de las fiestas de fin de año, la decisión final está en las manos de Vázquez. El presidente fue invitado por Rosales a recorrer las instalaciones de la cárcel, para si Vázquez lo habilita, proceder a llevar a los procesados.

No obstante, en la agenda del mandatario la recorrida no estaba prevista hasta ayer, dijeron allegados al presidente.


Por su parte, fuentes del Ministerio del Interior indicaron a El País que la cárcel estará bajo la órbita de esa cartera y que el Ejército deberá encargarse de los aspectos jurídicos y los trámites, que insume la figura del comodato, para pasar a tener control administrativo del establecimiento. Los informantes agregaron que la decisión respecto al traslado de los detenidos en Cárcel Central, no depende del Ministerio del Interior, sino del presidente.


En el Ejército existe inquietud respecto a la fecha en que se concretará el traslado de los procesados. Durante la comandancia del teniente general retirado Carlos Díaz, se manejó que los militares retirados José Gavazzo, Jorge Silveira, Luis Maurente, Ernesto Socca, Gilberto Vázquez, Ricardo Arab y los ex policías José Sande y Ricardo Medina, serían llevados a mediados de octubre pasado. Luego la fecha se pospuso hasta fines del mismo mes. Con el relevo de Díaz, el traslado volvió a postergarse.


Tras la asunción de Rosales, se comunicó que hasta tanto Vázquez no visitara la cárcel, no se trasladarían a los presos.


Gilberto Vázquez. En otro orden, otras fuentes consultadas indicaron que Gilberto Vázquez no tendría intenciones de abandonar Cárcel Central, al igual que los ex policías Sande y Medina. Empero, en el gobierno se entiende que todos los procesados por delitos de violación a los derechos humanos, deber pasar al nuevo establecimiento.


La nueva cárcel cuenta con unas dieciséis celdas y cuatro baños. En las instalaciones se dispuso un módulo especial, en el que podrían quedar recluidos los procesados que detenten mayor peligrosidad o intentos de fuga. Por ello se estimaba que Gilberto Vázquez estaría separado del resto de los detenidos, por su antecedente de fuga del Hospital Militar.

4.                  EL PAIS PAG. 10

Notorio aporte a fuerzas de paz. Uruguay tiene 2.583 efectivos al servicio de la ONU.

Uruguay tiene un total de 2.583 efectivos militares en las misiones de paz al servicio de Naciones Unidas, lo que representa un 10% del total de efectivos de las Fuerzas Armadas.

La información, dada a conocer en Nueva York por el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de Paz de la ONU, establece que de esa forma, Uruguay es el séptimo contribuyente mundial a las misiones pacificadoras del organismo en distintos países del mundo.


El despliegue mundial de efectivos destinados al mantenimiento de la paz alcanzó un récord a fines de octubre, con casi 81.000 militares y policías, a lo que se deben sumar unos 15.000 civiles, con un presupuesto anual cercano a los U$S 7.000 millones.


El personal para el mantenimiento de la paz procede de 112 países, siendo los primeros, por su orden, Pakistán, Bangladesh, India, Jordania, Nepal, Ghana y Uruguay. Las 18 misiones de paz desplegadas hoy por el mundo se encuentran en varios continentes.

5.                  LA REPUBLICA PAG. 30

Revista Comunal.

Capitán Miranda


Se llevará a cabo a bordo del velero escuela "Capitán Miranda" la entrega de los premios denominados "Julio Sosa" a la cultura nacional. Esta es la tercera edición en que se rinde homenaje al legendario "varón del tango". El evento comenzará en la tarde de hoy a las 19.30 horas. El mismo cuenta con la colaboración de la Armada Nacional. La organización del evento informa que en caso de mal tiempo, la entrega de premios se suspende para el próximo miércoles 29 de noviembre.

MPP busca tripulación militar pero la izquierda está dividida

La idea de que Uruguay tenga un petrolero es bien vista por todo el Frente Amplio, pero el origen de la tripulación y una eventual cogestión estatal despierta diferencias.

Desde el Poder Ejecutivo se promueve que la marina mercante sea la que tripule el barco. Desde el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y la ANP hay consenso en que sea así, pero la interna de la izquierda no cierra filas en una misma postura.


Desde el Movimiento de Participación Popular (MPP), fracción ahora cercana a algunos militares, promueven que la Armada tripule la nave para que los marinos logren profundizar su profesionalización, ganar experiencia y obtener mayores retribuciones, ya que al abandonar el mar territorial uruguayo recibirían un salario tres veces superior. El MPP ha mantenido contacto con algunos oficiales para aunar esfuerzos y persuadir al Ejecutivo.

Por su parte, el diputado Jorge Pozzi, del Nuevo Espacio, que entiende en la materia, tiene una visión distinta y así lo hizo saber días atrás en un encuentro celebrado en la Escuela de Guerra. "La Armada debe salvaguardar la riqueza marítima, pero nunca gestionar o tripular un barco petrolero", afirmó Pozzi ante oficiales.


La marina mercante se coloca también en esa tesitura y busca que el gobierno no acceda a la petición castrense.  .

6.                  EL PAIS PAG. 10

Uruguay volverá a tener flota de buques petroleros. Polémica. La Armada y la Marina Mercante en disputa por tripularlos.

D. ISGLEAS / A. RODRIGUEZ


El gobierno recompondrá una flota de ultramar de bandera nacional con dos o hasta tres petroleros para transportar crudo al país. Para esto estudia diferentes alternativas.


Pasaron casi dos décadas después de haberse vendido el último buque tanque. Ahora, la idea es ponerle la bandera nacional a navíos que estén hoy al servicio de otros países.


El tema es complejo y presenta múltiples aristas. El vicepresidente de la Administración Nacional de Puertos (ANP), Gastón Silbermann, está actuando en nombre de la ANP, en contacto directo con el ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi.

Desde tiempo atrás, el gobierno impulsa la idea de que el transporte de petróleo se lleve a cabo en buques tanque de bandera nacional.


Los contactos abarcan al propio presidente de Ancap, Daniel Martínez, quien planteó en nombre de la empresa estatal que si se presenta un plan de negocios favorable para los intereses del país, la petrolera estaría dispuesta a contratar el transporte de crudo. Esa idea se trasladó a la Cámara de la Marina Mercante Nacional, quien tiene a estudio la propuesta.

Básicamente, se trata de abanderar con el pabellón nacional a un buque petrolero que está navegando por el mundo. Abanderar es diferente a comprar y a chartear (arrendar).

Para abanderar un buque hay requisitos previstos en la legislación, como que tenga un 50% de tripulación local, que sería de la Armada Nacional o de la Marina Mercante.

La "aspiración" del planteo del gobierno es que se incorpore uno o dos buques, con una capacidad individual de 75.000 toneladas cada uno. Incluso, se podría llegar a pensar en abanderar a un tercer petrolero, explicó Silbermann a El País.


Pero en la decisión final hay más elementos que pesan: el convenio para importar petróleo crudo desde Venezuela expira en unos cinco meses, por lo que habrá que esperar si se renueva o se va a comprar en otros mercados mundiales.

Debe ser considerada la presencia de armadores navieros que tienen sus petroleros navegando por el mundo con banderas de otros países, que podrían optar por traer algunos de esos buques a ponerle bandera nacional. Es el caso de la armadora griega Tsakos.

LA HISTORIA. La Armada tiene posición "totalmente favorable" a que el país se asegure una reserva de bodega de crudo con estos buques. Además, la fuerza naval tiene la intención de operarlos, dijeron a El País fuentes navales cercanas al comandante en jefe Juan Fernández Maggio.

Independientemente de adónde se debe ir a cargar el crudo, "hay que asegurar el flujo" para no detener la actividad del país. Y para eso, el personal naval militar es "idóneo".


Con objetivos estratégicos nacionales claramente definidos, la Armada logró incorporar en 1962 al petrolero "Presidente Oribe", el cual también estaba equipado como buque de instrucción para que los aspirantes del último año de la Escuela Naval se ejercitaran en tareas prácticas de la profesión.

En 1972 la Armada recibió su segundo petrolero, el "Presidente Rivera". El "Juan Antonio Lavalleja" llegó en 1978 y diez años después, la Armada decidió adquirir otro buque que reemplazó a los anteriores: el nuevo "Presidente Rivera". Pertenecían al Servicio de Buques Auxiliares, una unidad naval especializada. Esos buques fueron tripulados y operados por oficiales y personal de la Armada hasta que se resolvió su venta.

El "Lavalleja", un barco muy grande, sufrió un problema en Argelia mientras cargaba crudo y su reparación insumió un año. Se decidió luego su venta.


Ancap tuvo desde 1946 dos buques tanque de ultramar que fueron adquiridos en Estados Unidos, a quienes se bautizó como "Ancap III" y "Ancap IV", los que sobrevivieron hasta 1979.
En los años 60 el gobierno concedió a la Armada un contrato por 15 años para transportar crudo. La corporación financiera Mitsui otorgó el crédito a los astilleros Ishikawajima Harima de Tokyo, que en 1962 construyeron el petrolero "Presidente Oribe" de 178 metros de largo y 28.000 toneladas de capacidad de carga. El buque costó el equivalente a unos U$S 6 millones.


Uruguay importaba de esta forma menos del 30% del petróleo que consumía. Según entendidos en la materia, el país demanda casi 14 millones de barriles por año. Cada barril equivale a 0,159 metros cúbicos, lo que para 14 millones da un volumen de 2.2 millones de metros cúbicos. Con un peso específico de 0.87 kilos, y multiplicando por 2.2 millones, suman 2 millones de toneladas de crudo a traer por año. .

7.                  EL PAIS PAG. 10

Aumentan exigencias a barcos con crudo. Aparecen naves gasíferas y saturan los astilleros.

Después de los desastres naturales provocados por los derrames de petróleo de los barcos Exxon Valdez frente a las costas de Alaska y Prestige en España, la Organización Marítima Internacional endureció los requisitos que deben cumplir las naves para transportar el combustible.

Deben poseer dos cascos para poder navegar por las rutas marítimas. Los petroleros que mantienen un sólo casco deben respetar algunas zonas de exclusión en las que tienen vedado el tránsito. Es por esta razón que los astilleros a lo largo del mundo se encuentran saturados de trabajo y construyen navíos que sustituyan a los antiguos.


Por otra parte, y junto a la tendencia mundial de sustituir la matriz energética y adoptar al gas como combustible de uso diario y alternativo al petróleo, los principales astilleros del planeta también se vienen abocando al desarrollo de naves capaces de transportar gas criogenizado (líquido).

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8.                  ULTIMAS NOTICIAS PAG. 5

Defensa de Blanco identifica a 25 tupamaros sin juzgar. SOSTIENE QUE “LAS HERIDAS NO SE HAN CERRADO” Y SECTORES “RECLAMAN A GRITOS VENGANZA”.

El abogado Carlos Curbelo Tammaro apeló ayer el procesamiento del ex canciller Juan Carlos Blanco con un escrito donde, además de reiterar la inocencia de su defendido, realiza un alegato político sobre la actual coyuntura.
A lo largo del escrito de 16 páginas al que accedió Ultimas Noticias, el abogado señala su "absoluta convicción de la inocencia" de su defendido y califica de "absolutamente insuficiente" el conjunto de elementos probatorios en que el juez Roberto Timbal basa su resolución.


Antes de enumerar las objeciones jurídicas, Curbelo Tammaro realiza una serie de puntualizaciones de corte político sobre la situación actual del país respecto a los hechos ocurridos en la dictadura.


Sostiene que "las inocultables connotaciones políticas del caso, las pasiones desatadas, el antagonismo que exhibe nuestra realidad actual, es demostrativa que las heridas no se han cerrado y que la pacificación intentada por anteriores gobiernos no se acepta por determinados sectores de la población".


Sobre este punto, asegura que "entre la pacificación y la venganza, optan por la venganza que reclaman a gritos y en todos los ámbitos".

En este marco, cita palabras, aunque sin nombrarlo, del ministro de Ganadería, José Mujica. Expresa que "son proféticas" las expresiones de "un dirigente tupamaro", quien había señalado que "se tienen que morir todos" para que este enfrentamiento tenga fin. Señala que los crímenes de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, a los que adjetiva como "execrables y atroces", merecen "el mismo reproche que los perpetrados por la implacable y sanguinaria guerrilla tupamara".

Sin embargo, no se detiene allí y advierte que "por el ritmo pendular de la historia, los réprobos de ayer son los gobernantes de hoy y éstos a su vez, podrán ser juzgados mañana si en el devenir de su gobierno la tentación del poder sin límites ni contralor, los lleva al desborde del marco jurídico, en el que es tan fácil caer, si no se respeta, en primer lugar, el freno constitucional".


SIN INTERVENCIÓN

Sobre el fondo del asunto, y en defensa de Blanco, señala que a los civiles del gobierno de la época "no se les daba la menor intervención en la lucha antisubversiva; negar este hecho es desconocer el balance interno de las fuerzas dentro del llamado proceso cívico-militar".

Posteriormente, intenta echar por tierra cada uno de los hechos con los que el magistrado vincula a Blanco.


Asimismo, deja constancia de "graves vicios formales" que impiden la consideración de los documentos como "prueba hábil" y aduce que los datos sobre los que se sustenta la decisión son "deshilvanados" e incurren en "contradicciones" e "inexactitudes".

En tanto, se aguarda que la defensa del ex presidente Juan María Bordaberry presente hoy su apelación al filo del vencimiento del plazo.

CONTRAATAQUE
Además del recurso de reposición y apelación, Curbelo Tammaro anexó una lista "de los subversivos autores de gravísimos delitos que nunca fueron sometidos a juicio y a cuyo respecto no rige la ley de Amnistía de 1985 ni ha operado la prescripción".

Ese listado, que aparece bajo el título "¿Justicia para todos?", contiene unos 25 nombres de integrantes del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros y se pregunta si "habrá justicia para todos como requieren los frenteamplistas".


Asegura que es una "enorme falacia del 'progresismo'" decir que "mientras los tupamaros pagaron sus culpas, con prisión y torturas - dicen los frenteamplistas - los crímenes de la dictadura habían quedado impunes y por ello el juicio a Juan María Bordaberry, Juan Carlos Blanco y a los militares actualmente detenidos, es justo".


Los nombres aparecen junto a los alias y con una breve descripción de los hechos en los que intervinieron. .

9.                  ULTIMAS NOTICIAS PAG. 5

Medina y Sande no quieren irse.

Los ex policías Ricardo Medina y José Sande, procesados por delitos vinculados a los derechos humanos, solicitaron al director de Cárcel Central permanecer detenidos en esa institución y no ser trasladados a la cárcel militar que construye el Ejército.


La Jefatura de Policía rechazó "enfáticamente" que el pasado 31 de octubre ambos hubieran usufructuado una salida hasta una institución bancaria para gestionar un préstamo.


Aclaró que el único movimiento interno respondió a una audiencia solicitada por ambos al director del centro para tratar un tema privado. Ultimas Noticias supo que expresaron su interés en continuar recluidos allí y evitar así su traslado a la cárcel militar.

10.              CARAS Y CARETAS PAG. 8

Dos caras, dos caretas. Las tapas que no tapamos.

Nelson Díaz, Paula Scorza


Lo que sigue es un breve racconto de las investigaciones realizadas por CARAS y CARETAS en los casos Bordaberry y Blanco. Éstas fueron algunas de nuestras tapas.


Los casos Bordaberry y Blanco ocuparon, a lo largo de un lustro de esta revista, doce portadas (contando la de esta edición) y decenas de artículos en los que se consignaron testimonios, documentos -algunos exclusivos, como los reproducidos en el número anterior- e investigaciones judiciales que llevaron al procesamiento con prisión de ambos por coautoría "de los homicidios muy especialmente agravados de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw", en mayo de 1976.


Algunos ejemplos. En CARAS y CARETAS N" 68, del 22 de noviembre de 2002, la portada fue una foto de Bordaberry acompañada de la leyenda "La caída de los dioses". La nota de marras, titulada "El temblor del tirano", informaba de la denuncia presentada en noviembre de 2002 ante la Suprema Corte de Justicia por integrantes de la Comisión de Familiares de Asesinados por Motivos Políticos. El escrito fue acompañado por miles de firmas de ciudadanos.


En la edición N° 99, del viernes 4 de julio de 2003, el título de la tapa fue "Terminator 4. Un criminal anda suelto". Esta vez el honor le correspondió a Juan Carlos Blanco, cuya foto, previo trabajo de Photoshop, se asemejaba al personaje de la conocida saga protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Bajo el título "Blanco: la vida impune", el artículo tomaba como disparador el testimonio de un ex militar, Sergio Pintado, de principios de 1998, quien afirmaba que tenía datos sobre la desaparición de Elena Quinteros y las implicancias directas del entonces canciller de la dictadura.


El 5 de noviembre de 2004, el título del N° 169 era "Con la pata en el lazo" e iba acompañado de la foto de Bordaberry. En esa ocasión CARAS y CARETAS se preguntaba: "¿Hay algo para investigar o el delito es público y evidente? ¿Cuánto es la pena mínima por atentado a la Constitución?" En el interior se incluía una entrevista con Hebe Martínez Burlé, abogada de las familias Michelini y Gutiérrez Ruiz.

En la edición 195, del 5 de mayo de 2005, la imagen de Juan María Bordaberry aparece en la tapa, esfumada sobre el fondo verde oliva, y en primer plano su hijo Pedro. El irónico título "Bordaberrys ni en Pedro" aludía a la candidatura a la Intendencia de Montevideo del ex ministro de Turismo. Como se recordará, durante la campaña electoral el eslogan fue "Vamos con Pedro", obviando, claro está, el apellido paterno.

Pasemos al 24 de junio de ese mismo año. En el N° 202 el título fue "Pozo con tamaño y forma de tumba con huesos presumiblemente humanos". Fue el comienzo de las excavaciones en el Batallón 13.


El 9 de setiembre de 2005, edición 213, el título fue cuasitelúrico: "¿Quién les pone la cocarda", seguido de la frase "Grandes campeones machos de la tortura". La foto era una composición de los rostros de Bordaberry y el inefable 'Goyo' Alvarez, Photoshop mediante, con cuerpos de vacunos. La nota refiere a los ilícitos económicos de la dictadura y a la amistad entre el represor Aníbal Gordon (fundador de la tristemente célebre Triple A) y Álvarez.
En la edición 225, del 2 diciembre de 2005, el título fue, en alusión al relato de Juan Carlos Onetti: "Para una tumba sin nombre". La foto daba cuenta del primer hallazgo de restos de un cuerpo humano en la chacra de Pando. Se trataba del militante comunista y sindicalista metalúrgico Ubagésner Chaves Sosa.
El 6 de octubre de 2006, el N° 267 de CARAS y CARETAS tema como título principal "Unidos por algo más que sangre. Propia y ajena", e incluía las fotos de Bordaberry y su hijo Pedro, cuando éste ensayó el recordado, y patético, show mediático en el programa Zona urbana en defensa de su padre. El artículo interior se llamó "La cuenta regresiva" en referencia al inminente procesamiento del ex dictador.

Una semana después, el 13 de octubre, edición 268, el título elegido fue: "Juan María Bordaberry. A Dios rogando y con el mazo dando", impreso sobre una histórica foto del 8 de diciembre de 1973, donde se aprecia a Bordaberry manejando una ametralladora Browning 50, rodeado de militares.

Sin contar la de hoy, la edición pasada - que salía a la calle en momentos en que era librada la orden de captura para Blanco y Bordaberry - esta revista tituló en su tapa: "No los salva ni Dios padre", e ilustraba con el facsímil de una nota, firmada por el entonces canciller Blanco, en la que instruía a los embajadores uruguayos en el mundo a espiar a compatriotas.


En el interior, acompañada con una entrevista al historiador Óscar Destouet, quien descubrió cientos de cajas y miles de documentos escondidos en Cancillería, CARAS y CARETAS reprodujo, en forma exclusiva, una serie de documentos clave que responsabilizan directamente a los hoy procesados.

11.              CARAS Y CARETAS PAG. 10

LA VERDADERA HISTORL DEL DICTADOR PRESO. DE COMO EL NIETO DEL VASCO JACQUES LLEGÓ A CÁRCEL CENTRAL.

Descendiente de un vasco francés de nombre Jacques que emigró hace 140 años a nuestro país como simple pastor de ovejas y llegó a poseer con el tiempo 34 mil hectáreas de campo, Juan María Bordaberry Arocena acaba de convertirse en el primer dictador uruguayo del siglo XX procesado con prisión.


Luis CASAL BECK


En la sentencia de 5.451 palabras del-juez penal Roberto Timbal Kohn se inculpó asimismo al abogado Juan Carlos Blanco, que era canciller en momentos de producirse estas muertes violentas. Los dos gobernantes de facto están hoy alojados en celdas distintas en el cuarto piso de la Cárcel Central de Montevideo, en la calle San José casi Carlos Quijano.
Uruguay tuvo a lo largo del pasado siglo tres regímenes autocríticos encabezados por Gabriel Terra (1933-1938), el general Alfredo Baldomir (1942-1943) y el más extenso en el tiempo y crudo en cuanto a la represión política e ideológica, que lideró en su primera fase Bordaberry Arocena (1973-1976), al que siguieron luego como presidentes nominales Alberto Demichelli (pocos días de 1976), Aparicio Méndez (1976-1981), el teniente general Gregorio C. Álvarez (1981-1985) y Rafael Addiego Bruno (algunas semanas de 1985, en la transición a la democracia).
Los autos de procesamiento con prisión de Timbal Kohn provocaron sorpresa y un fuerte impacto público.


El más duro de los cuestionamientos provino de la propia familia del ex dictador.

Su hijo Santiago envió una misiva a la organización monárquica carlista española a la que está vinculado su padre, en la que habló de "linchamiento jurídico-mediático con apoyo del gobierno izquierdista", de una "fiscal guerrillera" (Mirtha Guianze), de una conjura de "la inmunda masonería" contra Juan María Bordaberry porque enfrentó a la democracia liberal.


El juez Timbal Kohn -que ingresó al Poder Judicial como actuario adjunto hace 27 años y desde hace 18 posee el estatus de magistrado- dijo el martes 21 al diario El País que "la única presión que tuve fue la de la importancia que tiene el caso, pero no tuve ningún tipo de presión de ningún lado".


EL CLAN SE INICIA

La historia de la familia Bordaberry comienza cuando Jacques Bordaberry, que aquí utilizó el nombre de Santiago, nacido en Pagolle, llegó a Uruguay en 1866 con 22 años y se afincó en Durazno, una región dominada por un gran propietario territorial con el que hizo negocios, Carlos Genaro Reyles, señala el historiador Raúl Jacob en una investigación sobre los grupos empresariales y sus familias (La quimera y el oro, 2000). Cuando murió Reyles, en 1886, la sucesión dilapidó aquella inmensa fortuna, y el primero de los Bordaberry acrecentó sus bienes y llegó a poseer 34 mil hectáreas.

Casado en Buenos Aires con otra vasca francesa (Isabel Elizondo), tuvo varios hijos; uno de ellos, Domingo (1889), es el padre del ex mandatario hoy preso.


Santiago Bordaberry murió octogenario en 1926 habiendo repartido sus bienes entre su familia. Y Domingo, casado con Elisa Arocena, fue empresario rural, dirigente de la Federación Rural (integró su Consejo Directivo entre 1917 y 1951), diputado y senador colorado en cuatro legislaturas, periodista (dirigió el diario terrista El Pueblo y fundó el Diario Rural; obtuvo ondas de radio como ex 4 Radio Rural, convertida en trinchera de combate ideológico por Benito Nardone, 'Chico Tazo'). Ex batllista y periodista policial en El Día, Nardone conoció a Domingo Bordaberry en El Pueblo. Entre aquellos dos hombres se estableció pronto una fuerte amistad. Nardone inició su carrera como agitador rural y en 1952 fue fundador de la Liga Federal de Acción Ruralista. Poco tiempo después falleció Domingo Bordaberry, y 'Chico Tazo' fue el líder emblemático.
En la residencia montevideana de la familia, un 17 de junio de 1928 nació Juan María Bordaberry. Su padre era dirigente colorado riverista (ya había ocupado una banca de diputado por Durazno) y poderoso estanciero. Estudió en el Colegio Alemán, el colegio Sagrado Corazón y la Facultad de Derecho, donde estuvo varios años, restándole pocas asignaturas para graduarse. Estanciero (propietario del establecimiento El Baqueano), se casó en 1953 con Josefina Herrán (hija del arquitecto Jorge Herrán, de la alta burguesía montevideana) y tuvo nueve hijos: María (psicóloga), Juan María (ingeniero agrónomo), Martín (dedicado al comercio), Pedro (abogado y político), Santiago (veterinario), Juan Pablo (empresario lechero), Juan Javier (abogado), Juan Andrés (contador) y Ana (diseñadora textil).

Jacob en su investigación concluye en que "los hijos varones de [Domingo] Bordaberry tuvieron algunos puntos en común: se casaron con mujeres de la alta sociedad montevideana, continuaron con la explotación ganadera y participaron activamente en política y en la consolidación del moderno gremialismo rural, siempre en filas conservadoras".


DE SENADOR A DICTADOR

Juan María Bordaberry mantuvo la vocación política de su padre: junto a Nardone ocupó cargos de relevancia en la Liga Federal, presidió la Junta Nacional de Carnes y la Junta Nacional de Lanas; integró el Senado siendo candidato por el Partido Nacional (Eje Echegoyen-Nardone) en 1963 y 1964, cuando renunció; en ese año murió su líder político. Él siguió en la Liga Federal.

Pero volvió a la escena pública en 1969 como ministro de Ganadería y Agricultura en el gabinete del presidente colorado Jorge Pacheco Areco (que gobernó con medidas prontas de seguridad en un contexto de agudas tensiones sociopolíticas), quien en 1971 se postuló a la reelección, pero en las listas por el régimen vigente de entonces promovió a Bordaberry como candidato presidencial.
La reforma no tuvo el respaldo suficiente, y en elecciones muy cuestionadas, por una diferencia de 12 mil votos, los colorados les ganaron a los blancos.


Y sin carisma ni respaldo popular propio, aquel estanciero, del que sólo se sabía que era un vehemente católico integrista -aunque aparentemente comulgada con el liberalismo político de derecha radical-, se convirtió en presidente del país.

Es éste el Bordaberry que asumió como presidente en marzo de Í972 y en febrero de 1973, tras el acuerdo de Boiso Lanza, encabezó el movimiento subversivo que en junio cerró el Parlamento, disolvió primero los sindicatos y después a todos los partidos, e instauró la más cruel de las dictaduras que tuvo Uruguay en el siglo pasado, en la que se llegó a clasificar a los ciudadanos en tres categorías
según su peligrosidad ideológica. En 1975, ante la intención de los mandos militares de definir una apertura muy gradual a una democracia tutelada, Bordaberry se opuso con vehemencia. En 1976 lo purgaron.
Admirador de Francisco Franco, en los años siguientes estrechó sus vínculos con el régimen pinochetista y sus ultimas definiciones lo acercaron al carlismo, una corriente monárquica con algunos adeptos en España.

EL PROCESO

El 17 de mayo de 2005, la fiscal Mirtha Guianze había solicitado los procesamientos con prisión de Bordaberry y de Blanco. Cuatro meses después, Timbal Kohn archivó la causa al entender que los delitos estaban prescritos. La fiscal apeló y el caso pasó a la órbita del Tribunal de Apelación de 2° turno a cargo de los ministros Alfredo Gómez Tedeschi, William Corujo y José Balcaldi, quienes el 29 de marzo de este año coincidieron en que los crímenes no estaban prescritos y debía continuarse con el juicio. El juez reabrió el caso y decidió, tras varios meses de indagaciones, los procesamientos.

"No hubo un cambio de opinión -aclaró Timbal Kohn-, porque la otra vez no me había pronunciado sobre el fondo del asunto, sino que me había quedado en aspectos formales [Ahora, tras las indagatorias] me parece que es clara la participación de los indagados en los hechos."

Otra jueza del fuero penal, Graciela Gatti, deberá ahora pronunciarse respecto a otra causa abierta contra Bordaberry por romper el orden constitucional en 1973 v ser el referente
central del nuevo régimen, que tuvo un alto número de muertos y de desaparecidos. Existe coincidencia en que de las tres dictaduras uruguayas del pasado siglo, ésta fue la más sangrienta. En octubre de 2002 el juez Eduardo Cavalli había procesado con prisión a Blanco por el caso de la detenida-desaparecida Elena Quinteros (maestra de profesión, militante del marxista Partido por la Victoria del Pueblo, PVP), quien según los informes oficiales fue asesinada en una unidad castrense.
Blanco permaneció en Cárcel Central entre el 18 de octubre de 2002 y el 9 de mayo de 2003. El delito por el que es acusado ahora junto a Bordaberry tiene una pena de diez a 24 años-de penitenciaría para el homicidio con circunstancias agravantes; y de 15 a 30 años, para los homicidios con agravantes muy especiales.
La defensa de los dos hombres públicos apelará el histórico fallo y la familia Bordaberry solicitará que el ex dictador cumpla la pena de prisión en su domicilio por razones de salud (fue recientemente operado en el estómago, le funciona uno solo de sus pulmones, toma 12 medicamentos diarios, han dicho sus familiares). .

12.              CARAS Y CARETAS PAG. 16

PEDRO Y EL LOBO. PROCESAMIENTO DE BLANCO Y BORDABERRY.

El procesamiento con prisión de Bordaberry y Blanco y la iniciativa del PIT-CNT para anular la Ley de Caducidad, dividen a la sociedad uruguaya. Dar vuelta la página o verdad y justicia son los argumentos esgrimidos.

NELSON DÍAZ


La detención del ex canciller de la dictadura y de Juan María Bordaberry se produjo luego de que la Justicia los procesara como coautores "de los homicidios muy especialmente agravados de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw", ocurridos en mayo de 1976, según se desprende del fallo dictado el jueves 16 por el juez Roberto Timbal.


Para el magistrado hay "un cúmulo de indicios que involucran" al dictador y su canciller en los asesinatos.

Según el magistrado, Bordaberry y Blanco "propiciaron y alentaron la represión". "Es impensable -continúa la sentencia-, que Michelini y Gutiérrez Ruiz fueran secuestrados y se les diera muerte en Argentina sin acuerdo entre la autoridades de ambos países".

En otro pasaje del documento señala que "Juan María Bordaberry compartía plenamente la filosofía del golpe de Estado y el papel de los militares" y que Juan Carlos Blanco tenía "perfecto conocimiento de la situación de los exiliados" y tuvo "participación en las medidas que se adoptaron respecto a ellos".

"Surgen elementos de convicción suficientes en los homicidios de los ex legisladores y del matrimonio William Whitelaw y Rosario Barredo en mayo de 1976, previo secuestro de las víctimas y hurto de sus pertenencias, en un mismo procedimiento criminal", sostiene la sentencia.
La decisión, histórica y sin precedentes en la historia judicial uruguaya, agitó las aguas en tiendas políticas: la izquierda recibió con beneplácito el dictamen, mientras que algunos sectores de los partidos tradicionales acusaron al gobierno de "revanchismo".

Conocido el fallo, los abogados de Bordaberry, Gastón Chávez y Diego Viana, cuestionaron la decisión de Timbal, y anunciaron que apelarían el auto de procesamiento y que, en tanto, solicitarían prisión domiciliaria argumentado el estado de salud del ex dictador. Chávez dijo a varios medios de prensa que "no hay autoría, ni ninguna responsabilidad. La pregunta es cómo hicieron para involucrarlo". Insistió además en el show mediático montado en el programa Zona Urbana donde Pedro Bordaberry dio a conocer una grabación, realizada ilegalmente, a Rafael Michelini, donde éste aseguraba que Bordaberry no estaba involucrado en el asesinato de su padre.


YO, EL SUPREMO

Un día después de conocida la sentencia, el Clan Bordaberry cerró filas y convocó a una conferencia de prensa (viernes 17, 19.30 hs.) en el hotel Cala di Volpe. En realidad de conferencia de prensa tuvo poco y nada. Pedro Bordaberry, el vocero de la familia, dejó en claro de entrada que no iba a aceptar preguntas de los periodistas. Se trató entonces de mover una nueva pieza en el tablero. La postal familiar y católica no se hizo esperar.

Pedro, rodeado de sus hermanos, y utilizando como estandarte los nietos de su padre, criticó el fallo acusando al magistrado Timbal de ceder a las presiones políticas y de gobierno.


En sus declaraciones, el ex ministro de Turismo intentó poner un manto de sospecha sobre la Justicia uruguaya.

"No estamos de acuerdo con el fallo, en especial cuando el propio denunciante [el senador Rafael Michelini] reconoció de manera pública y ante todo el Uruguay, que tenía la convicción de que nuestro padre no había emprendido acción alguna [contra su padre, Zelmar Michelini]. No estamos de acuerdo porque el secretario de la Presidencia de la República [Gonzalo Fernández] reconoció que había sido otra persona el responsable de los hechos y hasta declaró cuáles habían sido los móviles; estas dos cosas ni siquiera fueron mencionadas en la sentencia."
Agregó: "lamentamos y lo lamentamos muy profundamente, son las tremendas presiones políticas a las que se ha sometido a la Justicia en el último año y medio, con clarísimo ánimo de revancha", acusando a legisladores del EP-FA-NM de haber hecho "una ley con nombre y apellido cuando elaboraron la norma jurídica para descongestionar el sistema carcelario. La idearon de tal forma que no beneficiara a nuestro padre y lo eximiera de la cárcel por su avanzada edad o su estado de salud".


En otra parte de su alocución acusó por "los anuncios públicos de dirigentes del Frente Amplio que pidieron una y otra vez que el juez procesara a nuestro padre. Las presiones a los jueces han sido enormes en este último tiempo porque hasta se llegó a sumariar a una jueza porque dictó una sentencia favorable a nuestro padre, algo nunca visto en Uruguay, y lo digo pese al que le pese y le guste al que no le guste, pero con la verdad no ofendo".
Acto seguido, Pedro Bordaberry señaló: "El Estado de Derecho, el prestigio de nuestros juristas, era una de las pocas cosas que nos quedaban en este país, pero estas presiones políticas sobre la Justicia están terminando con ella. En junio de 1973, tomó una decisión que como tal fue juzgada en 1986. [...] Hoy, 30 años después que dejó la Presidencia de la República, 21 años después de que el país retornó a la democracia, 20 años después de la sentencia de 1986 que mandé clausurar las denuncias que se le habían hecho y estando hoy con casi 80 años de edad, se lo vuelve a juzgar".

POR LA ANULACIÓN

Ante tal panorama, el PIT-CNT puso el pie en el acelerador y presentó el martes 21 la Coordinadora Nacional para anular la Ley de Caducidad. El coordinador de la central obrera, Juan Castillo, dijo a CARAS y CARETAS que el objetivo de la campaña es instalar el debate (sobre su derogación) en la sociedad. La detención de los militares alojados en Cárcel Central - a la espera del pedido de extradición, cursado por el magistrado argentino Daniel Rafecas, por la megacausa Plan Cóndor - y la prisión de Bordaberry y Blanco, son hechos que, a su juicio, "no hacen más que avalar y fundamentar nuestra posición de que objetivamente hay elementos que hacen imperioso que se anule la ley para que la Justicia investigue todas las denuncias y determine los responsables".

No obstante, el Poder Ejecutivo anunció tiempo atrás que la derogación de la ley de caducidad de la pretenden punitiva del Estado "no está en la agenda". En realidad, desde filas gubernamentales la lectura es otra. "El gobierno está muy conforme con los avances logrados en materia de derechos humanos en estos dos años. Vázquez está convencido de que se puede avanzar aún más, pero siempre basándose en la interpretación
del artículo cuarto de la ley", afirmó a esta revista una fuente del Ejecutivo.

En cuanto a cómo instrumentará la coordinadora nacional los mecanismos para la derogación de la norma, el sindicalista sostuvo que eso va a surgir del debate que se instale con la coordinadora. Las posibilidades manejadas hasta el momento son a través de una iniciativa del Parlamento, la interposición de algún recurso de la Suprema Corte de Justicia o la recolección de firmas para someter el tema a un plebiscito. Castillo rechazó también que existiera un sentimiento de revancha desde organizaciones sociales y populares.
"No tenemos espíritu de revancha pero sí de Justicia, precisamente a eso contestamos que no tenemos la visión de que todos los militares son iguales. Al contrario, fue una mínima parte de los mandos militares la que estaría con algún grado de implicancia con lo que fue la tortura, la desaparición, la muerte, la prisión y el exilio. Para el bien del propio uniforme militar de nuestro país se necesita que se investigue a los responsables".

13.              EL OBSERVADOR PAG. 5

Apelan el procesamiento de Bordaberry y Blanco. LOS ABOGADOS DEL EX DICTADOR AFIRMAN QUE LAS PRUEBAS EVALUADAS POR EL JUEZ SON INSUFICIENTES.

El defensor del ex canciller cuestionó la labor de la fiscal Mirtha Guianze en el caso.


El abogado Carlos Curbelo Tammaro apeló ayer el procesamiento del ex canciller Juan Carlos Blanco por coautoría de cuatro delitos de homicidio muy especialmente agravado. Hoy hará lo mismo la defensa del ex dictador Juan María Bordaberry, a quien el juez Roberto Timbal también procesó por los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barrero y William Whitelaw, ocurridos en Buenos Aires en mayo de 1976. Gastón Chaves y Diego Viana, los abogados de Bordaberry, cuestionarán diversos aspectos de la decisión del magistrado y entienden que la prueba es absolutamente insuficientemente para procesar al ex presidente. Los abogados no solicitarán en esta ocasión la prisión domiciliaria de Bordaberry, lo que analizarán posteriormente.
En el recurso de revocación y apelación presentado, Curbelo manifiesta su “absoluta convicción de la inocencia de su defendido”, destaca que la prueba reunida es “absolutamente insuficiente para dar cima a cualquier imputación y menos a una de tan enorme gravedad”.


Curbelo califica de prejuzgamiento la decisión del tribunal de apelaciones que intervendrá en este caso, cuando desechó la prescripción de los delitos, aunque no lo recusó. También menciona y coincide con un editorial del ex vicepresidente Gonzalo Aguirre, en el sentido de que “cuesta creer” que el gobierno uruguayo haya intervenido en estos asesinatos ocurridos en Argentina cuando, habiendo podido, no mataron a dirigentes tupamaros detenidos en el país. Sobre la Operación Condor, el plan de coordinación represiva entre las dictaduras de la región, Curbelo se remite a declaraciones de Blanco en las que dijo que esa coordinación pudo existir entre las Fuerzas Armadas “de los países agredidos por la guerrilla”, pero que “en aquel momento no se conocía”, porque los militares no se lo informaban ni al respecto lo consultaban, ni lo sometían a su decisión o juicio”.


El abogado incluye una lista con datos “de los subversivos autores de gravísimos delitos que nunca fueron sometidos a juicio y a cuyo respecto no rige la Ley de Amnistía de 1985, ni ha operado la prescripción, de acuerdo al criterio sustentado” por el tribunal.


“La peor calaña”. Curbelo señaló que estos crimenes no fueron exclusivamente políticos, “pues influyeron otras motivaciones propias de gente de la peor calaña, que rapiñaron todo lo que estuvo a su alcance” y recuerda que se individualizó al argentino Osvaldo Forese. En el escrito se desmiente que Blanco ordenó la cancelación de los pasaportes de Michelini y Gutiérrez Ruiz, porque desde el 19 de setiembre de 1973 la competencia sobre la expedición y renovación de pasaportes pasó al ministerio del Interior”. Curbelo también cuestionó a Mirtha Guianze, que como fiscal penal solicitó el procesamiento de Blanco . El abogado criticó a la magistrada -de la que dijo “ocupa un interinato de dudosa legalidad” en la fiscalía de Corte- por sostener que el ex canciller podía influir en la toma de decisiones sobre la lucha contra la subversión y el terrorismo. .

14.              BRECHA PAG. 1

Un pueblo agradecido. Presente y futuro de los victimarios.

Alegría, satisfacción, consuelo reparador, estupor: la prisión de Bordaberry –y de su canciller Blanco– provocó un sacudón emocional al que muy pocos pudieron permanecer ajenos. No era para menos: un fallo judicial tumbaba el icono de una impunidad construida a lo largo de tres décadas, que otros fallos en ciernes prometen seguir deconstruyendo.

La prisión del ex dictador deparó reacciones airadas aunque esperables (como las del “partido del golpe”, según llamó el general Seregni al Partido Colorado), pero también instaló el escenario para propiciar la anulación de la ley de caducidad, por razones jurídicas, éticas y morales.

Precisamente porque, luego del enjuiciamiento a Bordaberry, nada hace prever que el Poder Judicial tenga intenciones de desistir en su obligación de impartir justicia, sobre todo cuando el contexto político así lo habilita.

 

Samuel Blixen

Juan María Bordaberry es el primer mandatario civil latinoamericano castigado con prisión por su responsabilidad en delitos de lesa humanidad como consecuencia de la imposición de una dictadura. Otros dictadores, como el argentino Jorge Videla y sus colegas de las juntas, marcharon a la cárcel, pero eran militares, exponentes de esos “profesionales del orden” que quebraron las instituciones haciendo el trabajo sucio de poderosos intereses. Algunos dictadores militares, como el cubano Fulgencio Batista y el paraguayo Alfredo Stroessner, fueron encausados por la justicia pero eludieron el castigo refugiados en el exilio; el boliviano Luis García Mesa, responsable de genocidios, está preso en Estados Unidos, pero por delitos de narcotráfico cometidos durante su “narcodictadura”. El más reciente antecedente que involucra a un mandatario civil es el del serbio Slobodan Milosevic, el “carnicero de los Balcanes”, procesado y encarcelado por un tribunal internacional penal por su “limpieza étnica” que cobró más de 250 mil víctimas en Bosnia, Croacia y Kosovo.

El procesamiento de Bordaberry y de su canciller Juan Carlos Blanco, por su responsabilidad en los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelaw, adquiere trascendencia en tanto consagra el principio de que el castigo por tales delitos debe ser la señal inequívoca para quienes caigan en la tentación de intentarlo de nuevo.

La forma en que reaccionaron los familiares de Bordaberry –más allá de una natural solidaridad– y sus correligionarios políticos revela el estupor por el desenlace y la ofuscación por una consecuencia a la que, al parecer, están sometidos todos menos unos pocos. La impunidad destronada es, en ese sentido, una afrenta que no se termina de digerir.
La decisión del juez Roberto Timbal provocó conmoción en la sociedad, y cualesquiera hayan sido los canales que la expresaron –comentarios en la calle, entrevistas a modo de encuesta, mensajes en los buzones de voz de radios – la reacción mayoritaria fue de aprobación y satisfacción. Si el anuncio de la nueva política sobre derechos humanos, el 1 de marzo de 2005, constituyó un primer peldaño en la reconquista de la dignidad colectiva, y el procesamiento de varios militares un segundo escalón que desterró el miedo heredado de la dictadura y realimentado por los gobiernos anteriores, el encarcelamiento del ex dictador fue la comprobación de que la justicia, tan maniatada y deteriorada con décadas de caducidad, puede animarse con los intocables. No es menor la afirmación del ministro del Interior, José Díaz, de que los flamantes y notorios presos no gozarán de privilegios carcelarios, pero tampoco serán sometidos a ninguno de los escarnios que ellos fomentaron y toleraron, aunque sigan puerilmente alegando ignorancia.


EL PARTIDO DEL GOLPE. La oposición reaccionó con significativos matices ante el procesamiento. El Directorio del Partido Nacional acordó expresamente, en su sesión del lunes 20, mantenerse en silencio y recomendó no emitir “juicios condenatorios”. Los dirigentes blancos hicieron saber que no “existen razones para festejar” porque el procesamiento es una forma de “seguir viviendo en el pasado”, pero recordaron que su partido, ya en 1978, había calificado a Bordaberry como “enemigo”. Quizás la declaración más ajustada a la estrategia impuesta por el Directorio blanco fue resumida por el líder de Correntada Wilsonista, el senador Francisco Gallinal: “Bordaberry es responsable político del golpe de Estado, de la dictadura militar y de sus consecuencias. Debemos asumir la enseñanza, para que no haya más subversión ni dictadura”. Sin embargo, el senador herrerista Luis Alberto Heber apuntó que “si se quiere rever lo pasado, que se revea todo, la anulación de la ley de caducidad pero también la ley de amnistía” para los presos políticos.
El Partido Colorado (pc), en cambio, volvió a transitar los conocidos trillos que confirman su papel histórico de “partido del golpe”, no sólo porque Bordaberry fue electo presidente por el pc y seguía siendo colorado cuando disolvió las cámaras, sino porque el pc fue la cantera principal de los dirigentes civiles que respaldaron a la dictadura en los principales cargos administrativos, desde Blanco en la cancillería hasta Walter Ravenna en Defensa, pasando por Fernando Bayardo Bengoa en aquel engendro de Ministerio de Justicia.
Al parecer, el respaldo a la decisión del juez Timbal no cuestiona la conducta de los ex presidentes colorados Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle, que bien podrían haber facilitado durante sus mandatos esta demorada instancia de justicia, más aun cuando, en el momento de votar la ley de caducidad, todos manifestaron que la impunidad no se extendía hasta los responsables de los asesinatos de los dos legisladores. Particularmente el entonces presidente Sanguinetti –quien, según señaló el politólogo Adolfo Garcé, “quedó en una posición muy incómoda”– optó por ordenar el archivo del expediente judicial que más tarde fue reabierto y que ahora desemboca en el procesamiento.
Sanguinetti no considera siquiera la posibilidad de un error político; prefiere incluso cuestionar la actuación de los jueces: “Veo con preocupación que los parámetros básicos de la política de paz de los últimos años se cambien en una mirada hacia el pasado que juzga a unos y no a otros”, sostuvo, pasando por alto que los presos políticos estuvieron años en las cárceles. Dijo que los delitos por los que fueron procesados Bordaberry y Blanco “prescribieron” (aunque, aceptando su interpretación, no habían prescripto cuando él fue presidente). Y agregó, como ejemplo de sus “verdades axiomáticas”: “El camino elegido por el actual gobierno lleva a recriminaciones que pueden reabrir heridas”. Sanguinetti prefiere desconocer que los reclamos de las víctimas a lo largo de estos años revelan que ciertas heridas nunca fueron cerradas, por lo tanto difícilmente podrían reabrirse.

Aunque el forista Washington Abdala rebajó un cambio sosteniendo que la decisión de la justicia no era opinable, y el líder de Batllismo Abierto Ope Pasquet recordó oportunamente que Bordaberry “no está afiliado” al pc, el ex presidente Jorge Batlle comentó que el dictamen del juez Timbal fue “una mala noticia” y complementó la opinión de Sanguinetti afirmando que “lo que hay que hacer es mirar para adelante” porque el procesamiento es “un mal mensaje a los jóvenes, a quienes les preocupan otros temas, como el desempleo”.

Hay que reconocer que ambos ex mandatarios son coherentes, pero difícilmente pueda percibirse claridad política en la insistencia en agitar cucos, a la luz de la forma en que la sociedad asume la nueva política sobre derechos humanos. No hubo, que se sepa, convulsiones institucionales en las Fuerzas Armadas cuando los más notorios represores fueron a la cárcel, salvo las consabidas reacciones verbales de los “nostálgicos”; y no hubo por cierto indiferencia cuando el hallazgo de los primeros restos comenzó a saldar la deuda con los familiares. Las “recriminaciones”, las “heridas reabiertas”, los “malos ejemplos”, las “malas noticias” son sólo producto de una adhesión –aunque se diga que se peleó contra la dictadura– que proviene de aquel respaldo al novel presidente Bordaberry cuando Batlle propuso impulsar acciones paramilitares y Sanguinetti escamoteó la investigación sobre el Escuadrón de la Muerte.

DEMONIOS MASONES Y DE IZQUIERDA. La familia del ex dictador no ahorró epítetos para condenar la resolución judicial. El ex ministro Pedro Bordaberry explicó el dictamen de Timbal como producto de las presiones que el gobierno ejerció sobre la justicia, no sólo sobre el magistrado sino también sobre un tribunal de apelaciones y sobre la Suprema Corte de Justicia. En la visión del hijo de Bordaberry, prácticamente todas las estructuras del Poder Judicial que analizaron el expediente de los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz claudicaron en su independencia, una acusación nada menor que flaco favor le hace a las instancias de apelación en curso.

Otro de los hijos del ex dictador, Santiago Bordaberry, reiteró los juicios en un texto publicado en la página web de Comunión Tradicionalista. Dios, Patria, Fueros, Rey Legítimo, con agregados tales como “acusación infame de una fiscal revolucionaria”, refiriéndose al pedido de procesamiento de la doctora Mirtha Guianze; o conclusiones de la siguiente especie: “Es una venganza de la izquierda, pero como todos ustedes se imaginarán, con la intervención en la oscuridad de la inmunda masonería, tan fuerte en este país”.

Comunión Tradicionalista es la fracción más reaccionaria del “carlismo”, el movimiento que se originó en Navarra reivindicando los derechos sucesorios a la corona española de don Carlos de Borbón. Una fracción del carlismo derivó hacia una postura de “autogestión social”; la que representa Comunión Tradicionalista alimenta esa tradición que los identifica con el más rancio franquismo.
La familia de Bordaberry está dispuesta a pelear hasta el último instante el procesamiento del ex dictador y apunta por ahora sus baterías a lograr privilegios en el régimen carcelario; en cualquiera de los planos pretende obtener un beneficio similar al que usufructuó Blanco cuando fue procesado por la desaparición de Elena Quinteros (quedó en libertad provisional pese a haber admitido su complicidad en el homicidio); o el que usufructúa su colega chileno Augusto Pinochet, en reclusión domiciliaria por razones de salud.

Mientras algunos voceros oficiosos difunden la especie de que no existen pruebas para procesar a Bordaberry (vale la pena recordar que en cualquier interpelación el Parlamento reclama la dimisión del ministro por su responsabilidad como jerarca ante irregularidades de sus subordinados), otros sugieren que el dictamen judicial “dificulta” la política gubernamental tendiente a lograr una reconciliación nacional. El argumento confunde dos niveles: la campaña lanzada formalmente para la anulación de la ley de caducidad, con la decisión independiente de la justicia.
Por ahora, el gobierno se ha abstenido de opinar sobre el procesamiento de Bordaberry y Blanco, y no existen señales de que tal medida haya “desagradado” al Ejecutivo. Si se asumen las afirmaciones de Pedro Bordaberry, el gobierno, al aprobar la ley de descongestionamiento carcelario ya preveía la prisión de su padre, incorporando una norma “con nombre y apellido” para perjudicarlo. Por otro lado, si se recuerdan los términos de la conversación privada –clandestinamente grabada– entre Pedro Bordaberry y el secretario de la Presidencia Gonzalo Fernández, el jerarca gubernamental coincidía en que el caso Michelini-Gutiérrez Ruiz era “cosa juzgada”, de lo que se desprende una opinión contraria al procesamiento.

Pero difícilmente el procesamiento del ex dictador marque una especie de “marcha atrás” en la política de derechos humanos, entre otras cosas porque la iniciativa está en la justicia y ello supondría una intromisión del Ejecutivo para “acotar” el proceso. Sí cabe esperar una oposición del gobierno a los proyectos surgidos desde la sociedad civil para anular la ley de caducidad.

15.              BRECHA PAG. 4

Larga noche para el dictador. La caída del “aparato de poder”.

Juan María Bordaberry afrontará otro procesamiento antes de fin de año por delitos de homicidios y desapariciones. Pero el tercer delito por el cual se lo pretende juzgar, el de atentado a la Constitución, depende de una interpretación aguda del derecho internacional en el campo de los derechos humanos.


Walter Pernas


“Es inevitable decirle que en junio de 1973 habíamos disuelto las cámaras legislativas que imposibilitaban toda política de desarrollo, trabadas por su real objetivo, que siempre es la elección siguiente. Pero además eran un obstáculo para el enfrentamiento exitoso a la subversión tupamara, aduciendo siempre la defensa de los derechos humanos, que les preocupaba en tanto se tratara de sediciosos”, admitió Juan María Bordaberry a enviados de la revista Panorama Católico Internacional. Corría el año 2002 y la posibilidad de que el ex dictador terminara en la cárcel aún parecía remota. Por ello quizá Bordaberry se sentía seguro, impune. Pero todo cambió.

El ex dictador está preso desde el viernes 17 por los asesinatos de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, y los tupamaros Rosario Barredo y William Whitelaw. El juez Roberto Timbal coincidió con la fiscal Mirtha Guianze y encarceló a Bordaberry –y a su canciller Juan Carlos Blanco– por estos asesinatos.

Pero ése no será el único procesamiento que el ex tirano afronte este año, pues es muy factible que en diciembre la jueza Graciela Gatti decrete un nuevo enjuiciamiento contra el ahora recluso de la Cárcel Central número 271.298.19.
La jueza decide por estos días los delitos que serán tipificados al ex dictador. La fiscal Ana María Tellechea solicitó que se lo enviara a prisión por atentado a la Constitución, homicidios muy especialmente agravados y privación ilegítima de la libertad de las personas.
La aplicación de cada una de estas tres figuras penales presenta distinto grado de factibilidad. En el expediente se han acopiado pruebas irrefutables de la actuación fundamental de Bordaberry en el aparato organizado de poder que asesinó e hizo desaparecer personas; y consta el documento oficial, con firma de su puño y letra, que decretó el inicio de la dictadura. Pero este último punto es quizá el más rebatido por los argumentos de la defensa, que alega la prescripción del delito.
En la interpretación jurídica habitual, los delitos graves o muy graves, para los cuales se establecen penas máximas de 30 años de penitenciaría, prescriben a los 20 años de cometidos. Si se aplicara esa lectura, el atentado a la Constitución habría prescrito en 2005, es decir 20 años después del restablecimiento democrático, pues en dictadura no existían garantías para un debido proceso penal. Eso es lo que desea la defensa del ex dictador.

Pero la legislación y jurisprudencia internacional en materia de derechos humanos va en otro sentido, y establece sin rodeos que dar un golpe de Estado y someter a una nación a la tiranía que viola sistemáticamente los derechos humanos es un delito imprescriptible cualquiera sea la fecha de cometido.

Así lo declaró la Convención sobre Imprescriptibilidad de Crímenes de Guerra y Lesa Humanidad, adoptada en 1968 por la onu. Para ello recoge un principio que ya existía en la legislación internacional de los derechos humanos, y que rige para todas las personas del mundo.

Por más que el Parlamento ratificó la convención en 2001, la obligación de castigar los delitos de lesa humanidad sin plazos perentorios antecede al golpe de Estado. Así lo estipula el artículo 1 de la propia convención.
Pero además existe un razonamiento lógico –y no por ello fuera de lo jurídico– que ordena la intrínseca relación entre los delitos cometidos por Bordaberry. Si está claro que el ex dictador es responsable de delitos permanentes como el de la desaparición forzada de personas (privación ilegítima de la libertad), el delito de formación de un aparato organizado de poder llamado dictadura cívico-militar, que sirvió para cometer delitos de lesa humanidad, también debe ser considerado permanente.
Una lectura similar realizó la fiscal Guianze al pedir los procesamientos de militares y policías por la desaparición en 1976 de dirigentes del pvp detenidos en Automotores Orletti. La magistrada sostuvo que, en ese caso, si el delito de privación ilegítima de la libertad de las personas era permanente, también lo era el de asociación para delinquir.

Argumentó que los represores se asociaron para cometer delitos como el de hacer desaparecer personas, y que por tanto la justicia no podía dejar de castigar ese acto de asociación ilícita que permitió la comisión de otros delitos. El juez Luis Charles le dio la razón y procesó a todos los represores por ambas figuras delictivas.

En el caso de Bordaberry, es evidente que las desapariciones, los asesinatos y las torturas fueron posibles porque hubo una dictadura que se inició con el atentado a la Constitución del 27 de junio de 1973.

Esas violaciones sistemáticas a los derechos humanos deben interpretarse en el marco del delito madre, pues la barbarie es producto del golpe de Estado. Y eso es lo que confiesa Bordaberry al declarar que disolvió las cámaras porque no podía enfrentar exitosamente a los tupamaros mientras hubiera legisladores que defendieran los derechos humanos.

EL FALLO HISTÓRICO. El viernes 10 muchos despertaron con una sensación de sorpresa que pronto maduraría en algarabía.

Los civiles emblemáticos de la dictadura estaban presos. “Bordaberry disolvió las cámaras el 27 de junio de 1973, suspendió las garantías individuales, encabezó un gobierno de facto denominado cívico-militar, habiendo compartido plenamente la filosofía del golpe de Estado y el papel de los militares, lo cual se desprende de sus propias manifestaciones efectuadas públicamente”, señaló el juez Timbal en su fallo. Y aseveró que si bien el dictador fue desplazado del cargo el 12 de junio de 1976, “tuvo al tiempo de los hechos dominio suficiente sobre la estructura de poder”.
El magistrado entendió que la responsabilidad de Bordaberry y Blanco va “más allá de que pudiera haber existido una intervención material en los secuestros y homicidios por parte de personal militar uruguayo, la cual no resultó aún lo suficientemente probada”.

La resolución especifica que “el cúmulo de indicios relacionado prueba inequívocamente la intervención del gobierno uruguayo, y particularmente del ex canciller Blanco, en un conjunto de acciones que culminaron en el secuestro y muerte con intervención directa de fuerzas militares argentinas de los ex legisladores y del matrimonio Whitelaw-Barredo, ultimados en el mismo procedimiento”.
El juez describe que Blanco –junto a Bordaberry– integraba el “Consejo de Seguridad Nacional, donde se reunían con los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas”, y recuerda que el ex canciller, precisamente por su cargo, tuvo “perfecto conocimiento de la situación de los exiliados y participación en las medidas que se adoptaron respecto de ellos”.
Por su posición institucional, continúa el fallo, “no pueden alegar desconocimiento de la colaboración que existió por lo menos a nivel de las fuerzas armadas de Argentina y Uruguay en la represión de las actividades políticas contrarias a los regímenes de facto de ambos países”. Por el contrario, afirma el juez Timbal, “desde sus cargos propiciaron y alentaron” la represión, “con el resultado a que se llegó con las víctimas, el cual por lo menos tuvo que haber sido previsto por los indagados”. .

16.              BRECHA PAG. 4

El espejo. La noche del Goyo Álvarez.

Entre todos los represores de la dictadura, hay uno que observa con especial atención los procesos penales y los desenlaces jurídicos del caso Bordaberry. Es el general retirado Gregorio Álvarez.

Como si se viera en un espejo al enfrentarse a la foto de Bordaberry con el número de preso, Álvarez sabe que todo lo que penalmente le pase al dictador civil también le puede pasar al dictador militar. Hasta las hipótesis más piadosas señalan que el general terminará en la cárcel, por uno u otro delito de lesa humanidad.
Bordaberry ya está preso por homicidios muy especialmente agravados; Álvarez también lo estará pronto. Bordaberry será procesado por la desaparición de personas; Álvarez también. Así reflexionan –en diálogos informales– varios de los juristas y magistrados que integran el sistema judicial, según supo BRECHA.
El punto más complejo es saber si, en caso de que Bordaberry sea procesado por atentado a la Constitución, el militar marchará también a la cárcel por ese delito.

El Código Penal establece que incurre en esa tipificación el que “por actos directos” intenta cambiar la Constitución o la forma de gobierno por medios no admitidos por el derecho público interno.

Cuando Álvarez se sentó en el sillón de la Presidencia ya regía la dictadura cívico-militar, por cuanto asumió bajo la forma de gobierno existente en el momento. No obstante, no puede desconocerse que la forma de gobierno era ilegal, ni que en 1973 Álvarez colaboró activamente en el golpe de Estado.

Por eso algunos juristas de las organizaciones de derechos humanos entienden que Álvarez puede ser responsabilizado, en principio, como “coautor” de atentado a la Constitución.

El Goyo comenzará su periplo judicial el año próximo. Una de las primeras citaciones será por el expediente del segundo vuelo, a cargo del juez Luis Charles. .

17.              BRECHA PAG. 5

Para desterrar la impunidad. Coordinadora Nacional por la Nulidad de la ley de Caducidad.

Varias organizaciones sociales y políticas dieron nuevo impulso a la campaña contra la impunidad. Aun reconociendo los logros de los 20 meses de gobierno progresista en el campo de los derechos humanos, los convocantes se proponen anular la ley de caducidad, por razones jurídicas, éticas y morales. Para alcanzar éxito deberán vencer el pragmatismo que parece dominar en el FA y el gobierno.


Gonzalo Silva


Esta semana quedó constituida la Coordinadora Nacional por la Nulidad de la ley de Caducidad. De la misma participan el pit-cnt, varias organizaciones sociales, instituciones como Amnistía Internacional y el Serpaj, personalidades de la cultura, y varios legisladores frenteamplistas e integrantes de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (también participa BRECHA).

El lanzamiento de la campaña hacia la anulación de la ley tuvo lugar el martes 21 en el edificio anexo al Palacio Legislativo, donde se aprobó por aclamación el llamamiento difundido días pasados como documento constitutivo de la coordinadora.

Durante la actividad, que culminó con la actuación de Daniel Viglietti, hicieron uso de la palabra Luis Puig por el pit-cnt, el ex diputado blanco Óscar López Balestra, el general (r) Víctor Licandro y el jurista Óscar López Goldaracena. Las oradores expusieron las razones que vuelven necesaria la anulación de la ley, más allá de los logros registrados en los 20 meses de gobierno progresista. Puig dijo reconocer que “hay avances sustanciales en el tema de los derechos humanos, porque de una situación de impunidad consagrada a partir de decisiones políticas y enquistada en parte del sistema político, se llegó a cambios en el país que sin duda afectan la impunidad. Los resultados en materia de juzgamientos, de procesamientos, de comenzar a recorrer el camino de la justicia, constituyen una realidad innegable. Pero, siendo esta realidad innegable, estamos convencidos de que sigue existiendo la imposibilidad de que la justicia actúe en toda su dimensión”. Ello ha impedido que “se produzcan los juzgamientos sobre decenas de violaciones a los derechos humanos. Se han juzgado algunos casos emblemáticos, pero no ha ocurrido con otros que no están definidos como tales, aunque fueron crímenes aberrantes todos”.


ENTRE LOS PRINCIPIOS Y EL PRAGMATISMO. Por otro lado, la presencia en el acto de legisladores oficialistas como los senadores Rafael Michelini, Eduardo Lorier, Víctor Vaillant (Margarita Percovich, firmante del llamamiento, no concurrió por estar en sesión), y de diputados como Doreen Ibarra, Diego Cánepa, Horacio Yáñez, no impidió ocultar que la iniciativa carece de la aquiescencia del gobierno y la fuerza política que lo sustenta. Una realidad que puso en evidencia López Balestra cuando subrayó: “Hubiese deseado haber visto acá un número mayor de legisladores. A los representantes del pueblo, nuestros representantes. Creo que una convocatoria a un tema tan polémico y difícil, tan ocultado, tan escondido, merece atención. No podemos seguir pecando de ese desinterés que ha ido ganando muchas veces a la sociedad uruguaya. Desinterés, frivolidad y por qué no hipocresía. Perdonen el rezongo, pero no tenemos derecho a ser indiferentes cuando el dolor nos ha golpeado tanto”.
Descartada la participación de aquellos partidos políticos que aprobaron la ley, la ausencia de representantes de los sectores mayoritarios del FA puede deberse a esa puja entre principios y pragmatismo que cruza la interna del gobierno.

López Goldaracena señaló que la necesidad de anulación de la ley se funda en el “desafío de consolidar aquellos valores y principios éticos sobre los cuales queremos que transite la convivencia social. El desafío es que la sociedad se sincere y defina sobre qué principios quiere construir el futuro”.

Concepto compartido por Puig, que afirmó: “No es posible lograr una sociedad sana sobre la impunidad y la mentira. Muchas veces se nos ha dicho que recurrir sobre este tema implica tener los ojos en la nuca. La mayor convocatoria que estamos haciendo no es precisamente hacia el pasado, la apuesta es fundamentalmente hacia el futuro, para que futuras generaciones de uruguayos no tengan que volver a vivir el oprobio de la dictadura, del terrorismo de Estado, de la tortura como práctica sistemática, de la violación de cada uno y de todos los derechos humanos”.

A su turno, el general Licandro recordó que “cuando la discusión parlamentaria de la ley de impunidad, allá en diciembre de 1986, un senador de mi fuerza política, Gargano, explicaba que el FA no iba a votar esa ley y que haría todo lo posible por derogarla. Es ese concepto el que me prendió en el cerebro y en el alma y que he mantenido todo este tiempo: esa ley hay que sacarla. Es una pésima herramienta para el proceso democrático, la libertad y la justicia”.


RAZONES PARA LA ANULACIÓN. A las razones éticas y morales, López Goldaracena agregó elementos jurídicos, puesto que la ley “nació nula y sigue siendo nula. Las normas de impunidad como la ley de caducidad violentan principios inderogables del derecho internacional, que obligan a los estados a castigar aquellas conductas que califican como crímenes de lesa humanidad. La ley violenta el pacto de San José de Costa Rica, la Declaración americana de Derechos y Deberes del Hombre (eso lo ha constatado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el informe 2992 y lo ha reafirmado la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos, señalando que ese tipo de leyes deben ser removidas del ordenamiento jurídico). Se trata de leyes que amparan a quienes desde el gobierno de un Estado cometieron actos aberrantes contra los ciudadanos que debieron proteger. Pero además, la ley de caducidad es nula porque desconoce el principio de separación de poderes. En Uruguay es el Ejecutivo quien decide qué caso se juzga y qué caso no. Es nula porque reconoce como fuente de la caducidad la presión militar y la lógica de los hechos”. .

18.              BRECHA PAG. 5

La justicia nunca es independiente del contexto político. Con el profesor Óscar Luis Sarlo.

Profesor titular de filosofía del derecho de la Universidad de la República, Sarlo reconoce que hubo un cambio en la actitud de los jueces con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. Sostiene que, según la teoría del derecho, es claro que la justicia no es independiente del contexto político del país donde actúa.


Guillermo Waksman


—Los recientes procesamientos de militares, policías y civiles confirman que, aun con la ley de caducidad, pudo hacerse justicia. ¿A qué atribuye que esto no haya ocurrido antes?
—Desde 1985 tuvimos una democracia muy restringida, con muchas falencias. Un libro recientemente publicado por el pnud sobre la vigencia de los tratados internacionales de derechos humanos muestra un catálogo de vacíos y de incumplimientos que es para estar muy preocupados con la democracia que tenemos. Sin embargo, tendemos a vernos como que todo está muy bien.

—Recientemente se aprobaron varios tratados en materia de derechos humanos...

—No basta con aprobarlos; también hay que incorporar su contenido a la legislación interna e impulsar políticas destinadas a cumplirlos. Un problema de la cultura uruguaya es que existe una cierta mitología con las normas. La ley de caducidad es parte de una estrategia de restricción grosera del funcionamiento de la justicia.

—El Poder Judicial tuvo una oportunidad de anular la ley de caducidad cuando en 1988 la Suprema Corte de Justicia rechazó, por tres votos contra dos, el primer recurso de inconstitucionalidad. Después, con distintas integraciones, rechazó otros recursos iguales.
—Esa es la historia oficial del proceso de amoldamiento del Poder Judicial a la estrategia del primer gobierno de Julio María Sanguinetti, pero la pulseada con el Poder Judicial ocurrió antes, y en ella todo el sistema político estuvo de acuerdo. Fue a fines del 86, cuando se debatió la autonomía presupuestal del Poder Judicial. El Parlamento no levantó los vetos que arbitrariamente interpuso Sanguinetti, quien no lo podía hacer porque no tenía facultades para vetar el presupuesto judicial. En el momento en que el Poder Judicial se estaba reconstruyendo después de haber quedado diezmado por la dictadura, y se trataba de recomponer además el poder simbólico que derivaría de haber tenido una autonomía en un sentido que estaba previsto en la Constitución, Sanguinetti juega fuerte, veta el presupuesto, la Corte se opone, y teniendo la posibilidad de declarar inconstitucional el veto o de promover otras acciones no lo hace. El sistema político tampoco reacciona y la Asamblea General no levanta los vetos. Quiere decir que en el fondo nadie estaba muy convencido de darle tanto vuelo al Poder Judicial. En esa instancia quedó desmantelada la conjunción de fuerzas que a la salida de la dictadura estaba detrás del fortalecimiento del Poder Judicial: el Colegio de Abogados, algunos movimientos de la sociedad civil, organizaciones de derechos humanos.
Otra actitud en la que también estuvo de acuerdo todo el sistema político fue la de no cumplir con lo dispuesto en el acto institucional 19, que establecía que a los seis meses de la restauración institucional debía revisarse la Constitución. Ahí está la llave de clausura del proceso de arrinconamiento del Poder Judicial. Así se terminó de sellar esa situación.
Lo que viene después –la aprobación de la ley de caducidad y su convalidación en el referéndum– es fruto de un clima que se generó en el país cuando se dijo “esto institucionalmente ya está jugado”. Previamente había señales muy fuertes de que, más allá del disgusto y todo lo demás, no había condiciones para ir más allá.

—Hubo también otros dos momentos, en direcciones contrarias. Uno fue el pacto del Club Naval, en agosto de 1984, y otro, pocos meses después, con la Conapro. En esta última ocasión parecía claro que en los casos de violación a los derechos humanos intervendría la justicia. ¿Por qué no se siguió ese camino?

—Justamente, la movida del primer gobierno de Sanguinetti significó la clausura de la Conapro y la convalidación del pacto del Club Naval. Hubo, sí, claras diferencias entre la Conapro y el pacto del Club Naval. Las conclusiones de la Cona pro fueron públicas y las del Club Naval se negociaron en términos que ni siquiera sabemos cuáles fueron; hubo muchos sobreentendidos. Hay cosas que no hace falta explicitar: es evidente que hubo acuerdos implícitos, como el simple hecho de debatir con quienes ejercían ilegítimamente el poder.
—Se desprende de sus dichos que usted coincide con Gonzalo Fernández en que la ley de caducidad es un mamarracho jurídico.

—Sí, claro: en el derecho comparado debe haber pocos casos de algo tan aberrante. No solamente pretendió la impunidad sino que denegó lisa y llanamente el conocimiento de los hechos, lo cual impedía castigar incluso hechos que nada tenían que ver con la lucha política del momento, como los delitos económicos. Pero la salida dispuesta por Sanguinetti ni siquiera fue la que él quería; su partido llegó a proponer una amnistía y no hubo ambiente para aprobarla. Finalmente se buscó todo este palabrerío. La amnistía tenía una dificultad: sólo puede beneficiar a quienes hayan sido condenados; no puede haber amnistía previa al juicio.

—Durante 20 años la justicia entendió que no había mérito para procesar a nadie, ni siquiera a los que quedaban claramente fuera de la ley de caducidad. Ahora mucha gente se pregunta qué tuvo que ver con este cambio la llegada de la izquierda al gobierno, o la modificación del clima político que determinó ese cambio de gobierno. ¿Hasta dónde llega la independencia del Poder Judicial?

—En toda la teoría del derecho, la filosofía del derecho, está claro que la justicia no es independiente del contexto político del país donde actúa. Sería absurdo pensar que los jueces son dioses o que son unos seres descolgados del contexto histórico. Lo lamentable sería que funcionarios del sistema estatal pudieran juzgarnos de acuerdo con parámetros celestiales, ajenos al mundo en el cual vivimos. Debemos ser juzgados dentro del contexto cultural en el cual estamos insertos.
Algunos teóricos son bien explícitos y dicen que las leyes no se pueden interpretar desde la nada, ni desde un azimut lingüístico ni desde la teoría. Las leyes requieren, para tener sentido, saber cuáles son las políticas públicas acerca de temas que refieren al derecho. Por ejemplo, no se puede aplicar la ley de vivienda descontextualizada de las políticas públicas en materia de vivienda. Tampoco es posible aplicar hoy el Código Civil igual que hace 140 años, porque estamos en otra cultura, hay políticas públicas, decisiones institucionales ampliamente consensuadas que nos llevan a interpretar las cosas de una manera distinta. Esto es indubitable.
Es cierto que la interpretación de la ley de caducidad cambió porque ha cambiado el contexto político y hay señales desde los poderes institucionales que dicen que la impunidad no tiene más cobijo en el país. La respuesta a la pregunta es que sí, que los jueces cambiaron porque, por suerte, registran que hay cambios en el contexto institucional del país, que ahora hay garantías para actuar en un sentido en el que antes no podían.

—¿Antes no podían? ¿Usted sostiene, entonces, que en los primeros 20 años de la restauración institucional los jueces no tuvieron condiciones para actuar libremente y ahora sí las tienen?

—Exactamente. Desde luego, el colectivo judicial es muy complejo, muy variopinto. Algunos magistrados son más sensibles a registrar esto, otros más renuentes. Unos pueden valorar más la adecuación al contexto del momento y otros, más sensibles a la seguridad jurídica, entienden que si hasta ahora han fallado de una manera no pueden virar drásticamente con relación a decisiones anteriores. Les dan más valor a la coherencia. Estas cuestiones no las podemos decidir a priori, dependen de políticas públicas que definan bajo qué ideas queremos vivir los uruguayos.
Hasta hace un tiempo el juez que quisiera ir para adelante, como quisieron algunos, quedaba desairado, o se arriesgaba a generar disensos. Podía ser trasladado. O quedar como causante de un conflicto institucional sin salida en el país. Ese fue el mensaje original del gobierno de Sanguinetti –y más o menos todo el sistema político– a los jueces: ustedes se tienen que remitir a cierto tipo de conflictos, pero no más.

—¿Qué peso tiene hoy el referéndum de 1989? La ley se confirmó por el 57 por ciento de la ciudadanía, pero entre aquel padrón y el actual ha habido un cambio: alrededor de 25 por ciento de la gente que estaba en aquél ya no figura, y en cambio casi un 30 por ciento es gente nueva. La Constitución no establece por cuánto tiempo rigen los resultados de un referéndum. ¿Debe entenderse que son válidos e inmodificables para siempre?

—La pregunta me lleva a un tema muy delicado, el de los límites de la soberanía popular. En el mundo occidental todos queremos vivir en una democracia institucionalizada, bien consolidada. Desde esa perspectiva hoy es un axioma sostener que la voluntad del pueblo es muy veleidosa y que los derechos humanos, las garantías, el castigo y algunos otros asuntos esenciales no pueden estar sometidos a la decisión de un pueblo. La idea que actualmente domina en estas cuestiones es que las sociedades modernas deben cultivar una cierta mística de la Constitución y de los derechos humanos. Se trata de hacer realidad la idea de ser gobernados por leyes y no por hombres, que ha desarrollado recientemente Habermas. Esto significa que ni aun las decisiones populares pueden estar por encima de ciertos límites normativos. A esto refiere la idea de consenso que a mi juicio deberíamos elaborar. No se trata de consensos de conveniencia o coyunturales, sino estratégicos, que sólo pueden estar referidos a ciertos valores esenciales y a los procedimientos para decidir conflictos de intereses.

—¿Eso significa que un referéndum no podría consagrar, por ejemplo, la pena de muerte o la esclavitud?
—Por supuesto que no podría, pero además es sabido que basta con que un gobierno logre algunos buenos resultados económicos para ser capaz de conseguir cosas bastante desagradables. Las dictaduras fascistas se construyeron todas sobre la base de plebiscitos.
Entonces las cosas más importantes del país no pueden quedar libradas a una votación plebiscitaria. En democracias representativas con amplia participación, los plebiscitos son importantes, pero para instancias que realmente lo justifiquen y no para decidir cuestiones políticas puntuales. Hay que reservarlos para casos en los cuales hay que establecer las reglas de juego. No para revisar sentencias, para sacarle las castañas del fuego al gobierno, ni para adoptar decisiones políticas coyunturales. Es inevitable que haya plebiscitos para consensuar las instituciones de un país, esto es, las reglas de juego, para debatir las bases constitucionales del país. Somos prisioneros de una cosa que considero –por utilizar un término benévolo– una de las características de la cultura política uruguaya. Me baso en que la historia del país, desde el 42 para acá, ha sido la historia de actos constitucionales prácticamente destinados a derrotar al otro, a frenar al otro o a imponerle algo a otro sector, generalmente bastante representativo del país.

Ahora se ha sugerido empezar a hablar otra vez de la reforma de la Constitución para resolver el problema puntual de la reelección y para dejar sin efecto el balotaje. Son simples ajustes. Pero en el país que queremos, ¿qué papel queremos que tenga la justicia en nuestra sociedad? ¿Vamos a ser realmente una sociedad liberal en el sentido de que el individuo cuenta? ¿Qué derechos pueden restringirse y cuáles no? El país no lo ha resuelto ni lo quiere resolver, la clase política no lo quiere resolver.

—Volviendo a la ley de caducidad. Los partidarios de la anulación sostienen que la norma nació nula y que además viola tratados internacionales que Uruguay ratificó. ¿Cuál es su opinión?

—Creo que no hay más remedio que anularla, pero entiendo que, para no seguir transitando por un camino de mayorías, que son muy veleidosas, la anulación debería realizarse en el marco de un nuevo pacto constitucional del país. Lo recomendable, desde la teoría del derecho, sería lograr ese nuevo pacto.
El problema de la anulación es que resulta poco para lo que el país precisa. La ley es nula según cómo se interpreten las cosas. Se aprobó bajo presión, es cierto, y desde ese punto de vista se justifica su nulidad. Pero no podemos ignorar que durante veinte años se estuvo aplicando pacíficamente, con el asentimiento del aparato institucional que la aplicaba y que no hubo movimientos de resistencia. El partido que hoy está en el gobierno, sin ningún tipo de coacción, votó en su congreso no derogar la ley. Este no es un dato menor en el momento de interpretar el fenómeno desde el punto de vista jurídico. ¿Qué pasa si mañana cambian las mayorías otra vez? Hace falta un pacto constituyente; sin eso vamos a seguir trabados cada cinco años a ver quién tiene la mayoría para darle el golpe en la cabeza al otro; estamos esperando tener el poder para manejar las instituciones como queremos. Las instituciones no son de nadie, son un capital cultural del país, y si no las compartimos se vuelven armas de guerra, pasan a ser artefactos agresivos entre las partes que componen el país.

—¿El actual gobierno no pudo seguir otro camino para dejar sin efecto la ley, sin promover su anulación?

—Sí. Había una forma muy sencilla de arreglar el tema: era decir, ante la primera consulta de un juez acerca de si un caso estaba incluido o no en la ley de caducidad: “Este gobierno se niega a ejercer facultades inconstitucionales, decida usted si el asunto está comprendido o no en la ley de caducidad”, y dejar el problema en manos de la justicia.

El solo hecho de responder diciendo que un asunto no está comprendido ya implica aceptar la validez de la ley. Es cierto que el actual Ejecutivo siempre habilitó a los jueces para investigar y luego resolver, pero me parece que usar la ley, aun cuando haya sido de una manera virtuosa, implica validarla. Por eso creo que hubiera sido preferible hacer como que el artículo que condiciona la actuación judicial a la opinión del Ejecutivo no existe, porque es inconstitucional. Bastaba decir que, conforme la Constitución, el Ejecutivo no puede interferir con la justicia, de modo que los jueces iban a tener que actuar igual. De paso, no se violaba el compromiso asumido en el Congreso del fa y en su programa.
La intervención del Ejecutivo es el aspecto más cuestionable de la ley porque implica haberle dado al gobierno de Sanguinetti y a los que vinieron después el poder jurisdiccional. Hemos convivido veinte años con esa aberración que hoy todavía sigue vigente. Por eso hay que anular la ley y sacarla de nuestro sistema. Las formas eran muchas: la inconstitucionalidad se perdió, la derogación plebiscitaria no se consiguió, la anulación es una vía –debería completarse con otro tipo de reaseguros para el futuro, que no los veo–, y esta otra, la vía política, que habría sido la más satisfactoria y la más clara, no se utilizó. .

19.              BRECHA PAG. 5

Tarea pendiente.

Ruben Svirsky


En la página 5 damos cuenta de la constitución de la Comisión Nacional por la Nulidad de la Ley de Caducidad. El colectivo de BRECHA ha adherido a la convocatoria, integra la comisión y apoya la anulación de la ley.
Sin embargo, esa tarea no debe hacernos olvidar otra no menos importante: la investigación y el castigo de aquellos hechos que ni siquiera esa ley, que consideramos nula, protegía.

Durante veinte años, la complicidad de cuatro gobiernos sucesivos impidió juzgar a quienes estaban expresamente excluidos de ella:
• los civiles;
• los mandos militares;
• quienes hubieran cometido ilícitos económicos en provecho propio.

Es una obligación ética y política del gobierno llevar a cabo, sin desmayos ni renuncias, esa tarea pendiente. .

20.              BRECHA PAG. 11

Los archivos invisibles de la Cancillería. Cajas que no aparecen.

En 1991 desaparecieron de la Dirección de Derechos Humanos de la cancillería 32 cajas con documentos del Departamento Exterior del Esmaco. Así lo informó la entonces directora de Derechos Humanos Silvia Izquierdo al canciller Opertti en 1999, cuando dos legisladores del Frente Amplio solicitaron sin éxito documentación relacionada con la represión. Ni antes ni entonces ni hoy se investigó dónde fueron a parar esas cajas.


Carolina Porley


Durante la dictadura militar los documentos que el Departamento Exterior del Estado Mayor Conjunto (Esmaco) enviaba a las misiones diplomáticas, así como los que recibía de éstas, pasaban por la oficina de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores. La documentación se fue acumulando y en 1985 llenaba ocho archivadores con cuatro cajones cada uno ubicados en esa oficina. Cada cajón tenía a su vez unas 20 carpetas con documentos de órdenes o pedidos de información enviados por el Esmaco a las misiones en el exterior o télex y cartas recibidos por este órgano ejecutivo de la dictadura tanto desde las sedes diplomáticas como de organizaciones internacionales o embajadas extranjeras que denunciaban las detenciones y desapariciones de perseguidos políticos. Entre los documentos se encontraba el memorándum secreto sobre el caso de Elena Quinteros.

Estos archivos desaparecieron de la oficina de Derechos Humanos de la cancillería. La encargada de esa dependencia desde 1985 hasta 2005, Silvia Izquierdo, dijo a BRECHA que en 1991 salió en misión a El Salvador y cuando regresó en 1994 la documentación, que ocupaba la tercera parte de la oficina, ya no estaba. En esos años la suplantó en la oficina Marcelo Cantón, un abogado que no era funcionario del ministerio y que actualmente trabaja en el Banco Central.

Consultado por BRECHA, Cantón se negó a dar cualquier información sobre su trabajo en aquella dependencia. En una segunda comunicación, dijo que su pasaje por la oficina fue muy corto y que no se acordaba la fecha, pero que en todo caso fueron “algunos meses”. También aclaró que en esos años fue asesor de Héctor Gros Espiell en temas de derecho humanitario. BRECHA intentó localizar al ex canciller Sergio Abreu, al frente de la cancillería en la época, pero se encontraba en el exterior.

Izquierdo no denunció a su regreso al país en 1994 la desaparición de los documentos.

Tampoco averiguó. La funcionaria explicó a BRECHA que no comunicó ni pidió informes porque “no sabía si hubo una orden para sacarlos o no”. Recién informó sobre el hecho cuando, a pedido de los legisladores frenteamplistas Enrique Rubio y José Bayardi, el entonces canciller Didier Opertti la consultó sobre la existencia de documentos sobre violaciones a los derechos humanos durante la dictadura en el ministerio. Izquierdo le comunicó a Opertti que el archivo existía pero que luego fue sacado de la oficina de Derechos Humanos. “Opertti me preguntó y yo le dije que los archivos existían pero que no estaban. Le conté que hasta 1991 había documentación en la oficina, pero que luego desaparecieron. Eran documentos oficiales del Esmaco que estaban allí porque esa oficina hacía la triangulación de la información. Los documentos son de todo tipo: pedidos de informes de las sedes diplomáticas al Esmaco y de éste a las misiones. Informes de la Cruz Roja sobre las visitas a los presos. Pedidos de las embajadas europeas de listas de detenidos o aduciendo la condición de doble nacionalidad para pedir la liberación. Era un material de dimensiones importantes que ocupaba la tercera parte de la oficina donde lo único que entraba era una silla, el escritorio y una máquina de escribir”, dijo Izquierdo a BRECHA.*
La revelación surge a raíz de una carta enviada por el ex canciller al periodista Emiliano Cotelo, de radio El Espectador, el lunes 20, en la que hace puntualizaciones sobre declaraciones formuladas por el historiador Óscar Destouet en esa radio. Tres días antes Destouet había afirmado que Opertti ocultó información sobre los archivos relacionados con las violaciones a los derechos humanos.

En agosto de 1999 Rubio y Bayardi se reunieron con Opertti y le solicitaron que divulgara los archivos de la represión en poder de la cancillería. Aseguraron que tenían en su poder la copia de un documento oficial del ministerio que efectivamente muestra el tráfico de información entre la cancillería, el sid y otras dependencias estatales sobre uruguayos perseguidos por la dictadura.

Rubio recordó a BRECHA que ante la demora en la contestación decidieron realizar una conferencia de prensa denunciando el ocultamiento y demandando una respuesta.

Opertti terminó informando a los legisladores que una investigación interna arrojó que no existían documentos y que si los hubiera no los entregaría por razones de Estado. La investigación realizada por Destouet a partir de fines de 2004 dejó demostrado que documentación como la demandada por los legisladores existía en la cancillería, y en abundancia, lo que, según el historiador, permite afirmar que Opertti mintió.

La movida de Opertti. La revelación de la desaparición de los documentos del Esmaco surge a raíz de la carta aclaratoria de Opertti, porque en ella el ex canciller responsabiliza a Izquierdo (a la que ubica como la actual directora general de Asuntos Técnico-Administrativos del Ministerio de Relaciones Exteriores) de la afirmación acerca de la inexistencia de los archivos. Las “puntualizaciones” contenidas en esa carta fueron las que llevaron a su vez a Izquierdo a hacer sus propias puntualizaciones a BRECHA, informando así sobre el robo de los archivos, hecho desconocido –y ocultado– en los últimos 15 años.

La movida de Opertti con su misiva tiene imprecisiones que merecen sus propias puntualizaciones. El ex canciller explicó que entre 1999 y 2004 “en cada oportunidad que se le solicitara al Ministerio de Relaciones Exteriores información al respecto, ésta fue proveída”, y menciona solicitudes, por ejemplo, de la Comisión para la Paz. “Se manejó entonces toda la información disponible, habiendo instruido por mi parte a la doctora Silvia Izquierdo, entonces al frente de la Dirección de Derechos Humanos, que facilitara la totalidad de la documentación atinente al asunto en poder de la cancillería”.

Y agrega: “Dicha funcionaria así procedió, informándome asimismo que no existía otra documentación disponible que la que se remitiera a los órganos solicitantes”.

Opertti omitió informar que cuando en 1999 preguntó a Izquierdo sobre la documentación ésta le informó sobre la desaparición de los archivos de la oficina de Derechos Humanos. De hecho, el ex canciller nunca informó al respecto al Parlamento ni al Poder Judicial ni hizo una indagación interna.

Tampoco fue Izquierdo la única persona a la que consultó sobre los documentos. Los funcionarios de los archivos histórico y administrativo del ministerio comunicaron a Opertti entonces que sí existían documentos relacionados a derechos humanos pero que los mismos no se encontraban ordenados ni sistematizados.
Juan Ortiz, del Archivo Administrativo de la cancillería, recordó a BRECHA que él mismo entregó a Opertti –en un encuentro en el que también estuvo Rodolfo Talice– un listado sobre el material existente: “Nunca dijimos que no hubiera documentos sobre el tema de los derechos humanos. Archivos había, y antes de 1999 recibimos varios pedidos y las respuestas siempre fueron positivas. Recuerdo uno de Nelson Rovira. Los documentos de Elena Quinteros y de Gutiérrez Ruiz se conocían entonces”.

Ortiz dijo que en esas oportunidades se hicieron informes, se entregaron copias y se aclaró que entre los miles y miles de papeles guardados en los archivos podía existir más documentación pertinente. En 1999, ante la nueva solicitud, se hizo un relevamiento y se explicó que “hasta ese momento no se había hecho una búsqueda exhaustiva de la documentación. Dejamos claro que material había pero que estaba disperso”.

Otros funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores dijeron a Brecha que en aquella época se eligió darle una respuesta vaga a Opertti sobre el arsenal documental referido a derechos humanos por miedo a lo que le pudiera ocurrir a esos archivos y que se esperaron “mejores tiempos” para facilitar su divulgación.
Con respecto a la documentación que existía en la oficina de Derechos Humanos, Ortiz indicó que Izquierdo la había “custodiado”, pero que “cuando ella se fue desapareció”.

“Hubo en su momento una remisión de una caja grande con un formulario sobre ese material, algo tenemos”.

No se sabe si los archivos originales del Esmaco fueron destruidos o si hoy están guardados en el Ministerio de Defensa, aunque posiblemente existan copias que hayan quedado en el exterior o en otras dependencias, ya que durante la dictadura la mayoría de los documentos circulaban con copias a otras oficinas.

En 2005 la cancillería inició una tarea de sistematización de la documentación relacionada a la represión, que incluyó el pedido a las misiones en el exterior para que enviaran todo material guardado sobre el particular. La respuesta fue muy positiva, a juicio de los funcionarios del archivo. Hoy el caudal de información es mucho mayor y se encuentra clasificado. Ese esfuerzo ha permitido, entre otras cosas, contribuir con la justicia con pruebas que fueron clave para el procesamiento del jefe del Servicio Exterior durante la primera época de la represión, Juan Carlos Blanco.


* La oficina de Derechos Humanos estuvo integrada por años por una sola funcionaria y sólo recientemente fue elevada de rango en la cancillería, transformándose en dirección. Tres funcionarios de carrera trabajan hoy en ella. .

21.              LA REPUBLICA PAG. 6

Procesaron a un ex represor de Orletti por 65 secuestros, entre ellos el del hijo de Juan Gelman.

El juez penal federal Julián Ercolini procesó ayer a Eduardo Ruffo, ex represor de Automotores Orletti, acusado de 65 casos de privación ilegítima de libertad y tormentos, entre ellos el del hijo del poeta Juan Gelman, Marcelo Ariel.


Bajo el alias de "Capitán" o "Zapato", Ruffo se encontraba prófugo de la Justicia y estaba vinculado al fallecido represor Aníbal Gordon, ya que aparentemente habría sido el lugarteniente del también ex agente de la SIDE y miembro de los grupos de tareas de la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina que perseguía y asesinaba a militantes.


Ercolini, quien reemplaza al juez federal Daniel Rafecas en la causa por delitos cometidos en la órbita del Cuerpo I del Ejército durante el período comprendido entre marzo de 1976 y diciembre de 1983, consideró probado que Ruffo ­junto a otros ya procesados por esos hechos­, sometió a los detenidos a "condiciones infrahumanas".


El centro clandestino de detención de Floresta sirvió como centro clandestino de detención de ciudadanos uruguayos ya que, de acuerdo con la pesquisa, la mitad de las víctimas serían de esa nacionalidad. A principios de la década del setenta las dictaduras que gobernaban en América del Sur habrían pactado el denominado "Plan Cóndor" para perseguir a opositores políticos más allá de las propias fronteras. .

22.              LA REPUBLICA PAG. 2

Demora la decisión.

Una decisión judicial sobre un segundo proceso a Juan M. Bordaberry “demorará unos días más” mientras se realizan evaluaciones, informó el jueves la jueza penal Graciela Gatti. Bordaberry está en prisión preventiva desde hace seis días y su ex canciller Juan C. Blanco, hace siete días, por orden del juez Roberto Timbal, quien los procesa por el asesinato de los legisladores Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz y de los militantes tupamaros, Rosario Barredo y William Whitelaw.

Bordaberry también es acusado de atentado a la Constitución, homicidios y desapariciones forzadas, causa que está en manos de la jueza Gatti, quien informó que “por ahora no tengo resolución, se están haciendo más evaluaciones y de pruebas y demorará unos día más”.


Este caso que involucra a Bordaberry data de 2002 y el expediente ha tenido un controversial desarrollo donde actuaron previamente otros dos jueces y hasta la Corte Suprema de Justicia que determinó proseguir la causa, luego que antecesores en 1985 la habían archivado por no haber un juicio político a Bordaberry. .

23.              LA REPUBLICA PAG. 4

Blanco reiteró que en mayo de 1976 no podía expedir ni renovar los pasaportes. Defensa sostiene que auto de procesamiento contiene “incongruencias, contradicciones e inexactitudes”.

El abogado de Juan Carlos Blanco, el doctor Carlos Curbelo Tammaro, presentó ayer ante el juez Penal de 11er. Turno, Roberto Timbal, el recurso de reposición y apelación contra el procesamiento que recae sobre su defendido y sobre el ex dictador Juan María Bordaberry por la responsabilidad de ambos en los asesinatos de Michelini, Gutiérrez Ruiz y del matrimonio Barredo-Whitelaw.


Exactamente una semana después del auto de procesamiento dispuesto por el juez Timbal, y un día antes del vencimiento del plazo máximo para la presentación del recurso, el abogado Curbelo Tammaro presentó ayer en el despacho del magistrado la apelación mediante la cual, pretende modificar el fallo del juez.


En su escrito, de 18 carillas, la defensa sostiene como principal argumento la "falta de pruebas" contra Bordaberry y Blanco a quienes el juez procesó con prisión como "coautores responsables de cuatro delitos de homicidio muy especialmente agravados".


Fuentes judiciales consultadas ayer por LA REPUBLICA, explicaron que una vez presentados ambos escritos, el juez franqueará el expediente al Tribunal de Apelaciones de 2º Turno, integrando por los ministros Alfredo Gómez Tedeschi, William Corujo y José Balcaldi, aunque previamente deberá dar intervención a la fiscal de la causa, la doctora María del Huerto Martínez, quien dispondrá de 6 días hábiles para formular sus comentarios.

Según los plazos judiciales, cada ministro del tribunal tendrá un mes para analizar el expediente, y luego se dispone de 20 días más para redactar el pronunciamiento, que reafirmará o revocará la decisión del juez, por lo cual, es de prever que no haya novedades hasta abril o mayo de 2007.


"Esta defensa reitera lo que manifestó en la audiencia de ratificación celebrada el 17 de junio de 2005 en la misma causa, en cuanto a su absoluta convicción de la inocencia de su defendido", establece textualmente la apelación, y agrega que el cúmulo probatorio reunido es "absolutamente insuficiente para dar cima a cualquier imputación y menos a una de tan enorme gravedad".


Además, la defensa del ex canciller hace referencia a "las inocultables connotaciones políticas del caso, las pasiones desatadas, el antagonismo social que exhibe nuestra realidad actual, es demostrativa de que las heridas no se han cerrado, y que la pacificación intentada por anteriores gobiernos no se acepta por determinados sectores de la población". Y añade: "Entre la pacificación y la venganza, optan por la venganza que reclaman a gritos y en todos los ámbitos".

En lo que se refiere formalmente al procesamiento, la defensa de Blanco entiende que "surge con palmaria claridad la más absoluta falta de prueba de cargo" para formular las imputaciones.


En ese sentido, se entiende que solamente existe "prueba indiciaria", ya que la prueba documentada agregada "no guarda el menor respeto a la normativa vigente nacional e internacional exigible para su válida consideración en juicio", por lo tanto "esos vicios formales impiden su consideración como prueba hábil y si esto se le impone inflexiblemente a los defensores, no puede admitirse otro criterio para los señores fiscales". El abogado considera además que la única prueba existente "consiste en elementos indiciarios presuncionales de orden tangencial o tan remotos como lo son meros comentarios, versiones periodísticas o testigos de oídas".


Posteriormente, el texto de la apelación hace referencia a una serie de situaciones concretas que involucran a Blanco, entre ellas, su participación en el Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), órgano que -según la declaración del ex canciller del 17 de junio de 2005- cumplía con el rol de "asesor" y sin poderes de decisión, y aclara que a los civiles que participaban del gobierno "no se les daba la menor intervención en la lucha antisubversiva".

En referencia a la reunión mantenida con el canciller argentino de la época, el almirante César Guzzetti, el escrito indica, también en base a la declaración del propio implicado, que en esa conversación no hubo ninguna referencia a ninguna de las cuatro víctimas.


Respecto a la intervención de Blanco en la cancelación de los pasaportes de Michelini y Gutiérrez Ruiz, se sostiene que esa participación no fue posible porque desde el 19 de setiembre de 1973 la competencia sobre la expedición y renovación de pasaportes pasó al Ministerio del Interior, donde se mantiene hasta la actualidad, y agrega que por el contrario, la última renovación de ese documento fue aprobada por Blanco.


También se cuestiona que los "deshilvanados" datos sobre los que se pretende "vertebrar" la prueba indiciaria "padecen además de incongruencias, contradicciones a inexactitudes de tal envergadura, que convierten en irracional y arbitraria la pretensión de fundar en ellos la convicción que exige el procesamiento".


Abogados de Bordaberry apelan hoy
Los abogados de Juan María Bordaberry, los doctores Gastón Chaves Hontou y Diego Viana Martorell presentarán la apelación sobre el procesamiento de su defendido esta tarde, en el horario de oficina del juzgado, es decir, entre las 13.00 y las 18.00 horas.


Según trascendió en los últimos días, los abogados del ex dictador basarán el recurso -al igual que Curbelo Tammaro - en la falta de argumentos para dictar el auto de procesamiento.

Chaves Hontou, en diálogo anoche con LA REPUBLICA cuestionó la "falta de pruebas" existentes en la causa, y dijo además que "no se puede probar algo sobre lo cual no se tienen suficientes elementos.


Por otra parte, el abogado señaló que todavía se continúa analizando el pedido de prisión domiciliaria para el ex dictador, sobre lo cual, por el momento no hay nada definido, aunque "es obvio que a una persona enferma de casi 80 años no le hacen bien estar presa".

24.              LA REPUBLICA PAG. 4

“Los execrables y atroces crímenes” de Zelmar y El Toba.

"Los execrables y atroces crímenes de Michelini y Gutiérrez Ruiz más visibles por la notoriedad política de las víctimas, demuestran con dolorosa elocuencia las crueldades cometidas en la guerra desatada y merecen el mismo reproche que los perpetrados por la implacable y sanguinaria guerrilla tupamara", dice el escrito de apelación de la defensa de Blanco.


Respecto a los móviles de los asesinatos de ambos legisladores, aspecto que incluso motivó la declaración de secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, se indica que sin descartar la motivación política, "puede decirse que no fue exclusivamente un asesinato político, pues influyeron otras motivaciones propias de gente de la peor calaña, que rapiñaron todo lo que estuvo a su alcance".

Finalmente, en las dos últimas hojas del escrito, se adjunta una lista de crímenes cometidos por integrantes del MLN-Tupamaros contra policías y militares.


"Mientras que los tupamaros pagaron sus culpas con prisión y torturas -dicen los frenteamplistas- los crímenes de la dictadura habían quedado impunes y por ello el juicio a Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco, y a los militares actualmente detenidos, es justo. Esto es otra enorme falacia más del “progresismo”, señala la defensa del ex canciller. .

25.              LA REPUBLICA PAG. 5

La Jefatura admitió movimiento interno por audiencia ante Bernal.

A raíz de los hechos de notoriedad por el traslado de los reclusos José Sande Lima y Ricardo Medina desde Cárcel Central hasta el despacho del jefe de Policía de Montevideo, insp. ppal. Ricardo Bernal, la Jefatura capitalina emitió un comunicado de prensa que expresa textualmente:


"Ante rumores difundidos a través de medios de comunicación, sobre la presunta salida sin la autorización Judicial correspondiente, de Policías y Militares retirados que se encuentran procesados y alojados en la Cárcel Central, a efectuar transacciones bancarias de índole personal, esta Jefatura de Policía rechaza enfáticamente dicha información. En esta Unidad Policial se cumple con rigurosidad lo que disponen los Señores Jueces, aplicando por igual el régimen carcelario a todas las personas que allí se encuentran recluidas. El único movimiento interno de los reclusos mencionados en la Jefatura de Policía, fue el 31 del mes próximo pasado, ante una audiencia que solicitaron dos de ellos para hablar con el Comando.


En lo que respecta a las salidas de otro interno, las mismas se concretaron los días 25 de octubre y 17 de los corrientes, a una Clínica Médica, con la anuencia del Señor Juez Penal que entiende en la causa. Las tareas que realizan los reclusos, son las propias de todo Establecimiento Carcelario, y no implica el manejo de registro ni información policial. El Profesionalismo con el cual esta Policía ha procedido en los hechos de notoriedad, de procesamiento de personas, es la mejor garantía para los ciudadanos; siendo de destacar, además, que no se ha registrado ninguna evasión en los últimos años. Del rumor que se menciona, se ha enterado a la Sede Judicial correspondiente".

26.              LA REPUBLICA PAG. 5

Sande Lima y Medina salieron de Cárcel Central: juez fue ignorado. Fueron custodiados por el director de Cárceles; se entrevistaron con el jefe de Policía, Bernal.

Una delicada situación enfrentan las autoridades de Cárcel Central al confirmarse el traslado, por fuera del edificio y sin autorización judicial, de dos reclusos: José Sande Lima y Ricardo Medina, quienes habían solicitado entrevistarse con el jefe de Policía.

Si bien el Ministerio del Interior informó ayer que efectivamente los ex policías procesados José Sande Lima y Ricardo "Conejo" Medina salieron de Cárcel Central, con custodia policial y sólo para ser llevados al despacho del jefe de Policía de Montevideo, con quien habían solicitado una entrevista, fuentes judiciales informaron a LA REPUBLICA que ningún preso puede siquiera "poner un pie en la calle" sin darle cuenta y sin autorización del juez que entiende su causa, en este caso el magistrado Luis Charles, quien no fue informado de dicho traslado.


Vale señalar que el despacho del inspector principal Ricardo Bernal, principal autoridad policial de Montevideo, se encuentra en el mismo edificio que la Cárcel Central, pero según señaló el subsecretario del Ministerio del Interior, doctor Juan Faroppa, debieron salir por la calle San José, doblar la esquina y entrar por la puerta principal de la Jefatura por la calle Yi, pues debido a unas reformas de seguridad en la cárcel no podían hacerlo por dentro de la edificación.


La versión de la salida sin autorización judicial de estos reclusos hace ya varios días que circula en distintos medios de comunicación (LA REPUBLICA lo informó el pasado martes), aunque primero se mencionaba que habrían salido para concurrir a una entidad bancaria.


Desde un principio las autoridades policiales desmintieron categóricamente cualquier tipo de salida. No obstante, ayer ­en un informe entregado al Ministerio del Interior­ se reconocía que el pasado 31 de octubre a las 17.30 horas, Sande Lima y Medina habían salido a la calle, pero no para ir a un banco, sino con custodia policial y acompañados por el propio jefe de la cárcel, el inspector Joaquín Brítez, para ser conducidos al despacho del jefe de Policía de Montevideo, inspector Bernal, a quien le habían solicitado una entrevista que fue concedida. Poco rato más tarde los presos volvieron a su lugar de origen por el mismo camino.


Si bien no se informó cuál fue el motivo por el que se solicitó dicha entrevista, indagatorias periodísticas permitieron establecer que Sande Lima y Medina solicitaron al inspector Bernal que hiciera gestiones para que no los trasladaran con los ex militares procesados junto con ellos al ex Batallón de Ingenieros Nº 7, ubicado en la calle Domingo Arena. Este lugar está siendo acondicionado para alojar a los militares procesados por delitos contra los Derechos Humanos. Al parecer los ex policías pretenden quedarse en Cárcel Central. Vale recordar que Sande Lima y el "Conejo" Medina fueron encarcelados junto con José "Nino" Gavazzo, Gilberto Vázquez, Luis Maurente, Jorge "Pajarito" Silveira, Ricardo "Turco" Arab y Ernesto Ramas, por el caso de la desaparición del militante del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) Adalberto Soba en octubre de 1976.


Desde el momento en que las informaciones de la salida sin autorización judicial cobraron estado público, llovieron las consultas al juez que procesó a los ex policías, el doctor Luis Charles, que tiene a su cargo el Juzgado Penal de 19º Turno. El magistrado aclaró desde un principio que a él nadie le había solicitado permiso para la salida de ninguno de los citados reclusos y que no existe ninguna autorización. Agregó que únicamente había autorizado en una oportunidad a Gavazzo para concurrir el Hospital Militar para hacerse unos controles médicos y otra vez a Arab para ir a una sociedad médica, claro está que lo hicieron con custodia policial y que todo quedó debidamente registrado.


Las informaciones daban cuenta de que el 31 de octubre pasado Sande Lima y Medina había sido vistos fuera de Cárcel Central junto con el director del establecimiento, el inspector Brítez. En un primer momento surgió la versión de que habían ido a una sucursal bancaria para realizar unos trámites, aunque no se específico qué tipo de trámites.


Tal como lo informara LA REPUBLICA en su pasada edición, los informes periodísticos cobraron tal magnitud que el juez Charles solicitó un informe a la Jefatura de Policía de Montevideo, el cual le fue enviado en las últimas horas. En dicho informe se deja constancia por escrito de que los reclusos no salieron del establecimiento carcelario, pero el profesión continuaba analizándolo hasta anoche y no descartaba pedir un nuevo informe.

Fuentes judiciales señalaron que existe malestar del magistrado por no haber sido informado y consultado en su momento acerca del citado traslado por más corto que fuera. Agregaron que ningún recluso, sin excepción, "puede pisar la calle sin autorización del juez".

Ayer el subsecretario del Ministerio del Interior, Juan Faroppa, informó a los distintos medios de comunicación el contenido del informe que fuera presentado por las autoridades de la Jefatura de Policía de Montevideo.

Faroppa señaló: "Se trató de una salida de la cárcel de la puerta sobre calle San José a los efectos de trasladar a Sande Lima y Medina, con la custodia correspondiente, al despacho del jefe de Policía de Montevideo, para lo cual tienen que entrar por la calle Yi". Agregó que lo hicieron acompañados por el propio Brítez y que todo se debía a que le habían pedido una reunión a Bernal y que éste aceptó.


Además remarcó: "La explicación que dio la Jefatura de Policía de Montevideo es que, teniendo en cuenta las normas de seguridad que se han tomado en la cárcel, trasladar a los reclusos desde la cárcel hasta el despacho del jefe de Policía de Montevideo, es sumamente complejo o prácticamente imposible circular desde la cárcel hasta el despacho del jefe por adentro".

Cuando se le consultó si dicha salida había quedado registrada en algún tipo de documento de control de la cárcel, el subsecretario dijo: "Los reclusos no salieron de la cárcel, hicieron un traslado por la parte exterior del establecimiento para reunirse con el jefe". También dijo: "La primera versión fue que habían salido para hacer un trámite bancario, eso se desmintió; la segunda es que salieron un poquito pero salieron. No se trata de ninguna irregularidad".


Al referirse a las tareas que Medina y el "Turco" Arab cumplen en Cárcel Central, Faroppa dijo que efectivamente Medina cumple funciones de "fajina" (tareas que las autoridades distribuyen entre los reclusos) en la oficina de Reclusión. Aclaró que no maneja ningún tipo de documentación referente a los reclusos, en tanto que sobre Arab no hizo comentarios. .

27.              CARTA POPULAR PAG. 3

Avanzando en Verdad y Justicia. Editorial.

Dos trascendentes acontecimientos relacionados con los derechos humanos han dominado la escena nacional en los últimos días.
En efecto, el procesamiento y detención del dictador fascista Juan María Bordaberry y de su canciller, Juan Carlos Blanco, así como la instalación de la Coordinadora Nacional para anular la Ley de Caducidad son hechos que deben ser valorados en toda su dimensión histórica en esta etapa de la vida nacional.
Comienza el procesamiento de los responsables políticos de los crímenes de lesa humanidad, de los ideólogos del terrorismo de Estado. Ellos asesinaron desde el aparato organizado de poder. Y lo hicieron no sólo para intentar perpetuar un sistema político de excepción, la dictadura cívico-militar fascista, sino para eternizar un régimen económico-social que favorecía -como nunca antes en la historia nacional- al capital financiero transnacional imperialista y a sus asociados locales.
No fueron casualidad ni hechos aislados la siembra de dictaduras fascistas en el Cono Sur del continente ni las represiones sangrientas del movimiento popular que le siguieron como la sombra al cuerpo. Ellas respondieron a la necesidad de frenar el creciente empuje de masas - organizadas y movilizadas - por cambios en la estructura económico-social de nuestras sociedades en crisis y, a la vez, a la búsqueda de las mejores condiciones para continuar con el saqueo de nuestras riquezas por las oligarquías nativas, hermanadas con el Departamento de Estado y la CIA en sus operativos de exterminio. Operativos que, como sabemos, no fueron sólo nacionales, sino que abarcaron varios países en esa verdadera asociación criminal conocida como Plan Cóndor.

A Bordaberry, como uno de los principales responsables políticos de los crímenes de lesa humanidad y del mayor operativo de exterminio que se recuerde en la vida nacional sobre un partido político, el PCU, todavía le esperan varios pronunciamientos de la Justicia vinculados con sus delitos en Uruguay.

Recordemos que enfrenta las acusaciones de "atentado a la Constitución" por el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, por el fusilamiento de los ocho camaradas de la Veinte, por los asesinatos de Fernando Miranda y Ubagesner Chaves Sosa y por las desapariciones de Arpino Vega, Montes de Oca, Correa Rodríguez, Arévalo, Brieba, Bleier y González González. Igualmente, por el asesinato de Hugo de los Santos y los fusilamientos de Soca.

Pero nada ha sido fácil. El camino de la justicia estuvo siempre empedrado por obstáculos del más diverso tipo. Recordemos el papel central en estos episodios judiciales de la fiscal Mirtha Guianze, que aplicó por primera vez en Uruguay la doctrina internacional de los derechos humanos y que, por eso mismo, debió sufrir y rebatir surtidos reveses y chicanas a nivel jurídico. Esa aplicación de dicha doctrina es un hecho clave que hoy explica buena parte de las oposiciones a su designación como Fiscal de Corte. Asimismo, en este tránsito tan dificultoso debemos señalar los intentos recientes de desviar la atención y rebajar los móviles de la lucha de los compatriotas asesinados en Buenos Aires por la recuperación democrática en nuestro país.
Tampoco ha sido fácil el camino para los movimientos organizados en defensa de los derechos humanos. Silenciados, ignorados, despreciados, supieron perseverar desde un primer momento en su valerosa lucha por memoria, verdad y justicia. La movilización de todos los 20 de mayo o la reciente del PIT-CNT en todo el país por la anulación demuestra esa constancia. Y hoy podemos señalar logros muy importantes. Con un gobierno como el del FA, sensible a los reclamos y dispuesto a avanzar todo lo posible en el actual esquema jurídico uruguayo, se ha entrado a los cuarteles, se han descubierto los restos de Chaves Sosa y Fernando Miranda, se han concedido extradiciones y se ha interpretado correctamente el artículo 4º de la Ley de Caducidad.

Sin embargo, hoy hace falta dar un paso más para lograr la vigencia plena de la Justicia, anulando uno de sus principales obstáculos. Y ese paso lo encarna la constitución de la Coordinadora Nacional por la Nulidad de la ley de Caducidad. Integrada en su comienzo por un conjunto de organizaciones vinculadas a los derechos humanos, por el PIT-CNT, FUCVAM, etc., así como por personalidades del ámbito político y social. Está abierta a la ciudadanía y a los actores políticos y organizaciones sociales que coincidan con la propuesta de declarar la nulidad de la ley de Caducidad, con lo cual se logrará extinguir todos sus efectos como si nunca se hubiera aprobado.
Tal como expresa la convocatoria, "las generaciones actuales reclaman remover los lastres de las amenazas militares del pasado [y] construir un modelo de convivencia social con plena vigencia de los derechos humanos, sin miedos, sin impunidad, y sin obstáculos para juzgar a quienes, amparados en el poder de la dictadura, cometieron las más crueles violaciones de los derechos humanos […]
Declarar la nulidad de la ley de caducidad hace a la esencia misma de la preservación y profundización de la democracia, ya que no es ni será posible consolidar un Estado de Derecho democrático y pleno sin asumir que la Justicia es un elemento innegociable del modelo cultural inherente a la democracia, cuando se trata de dar respuesta a situaciones que califican como 'crímenes de lesa humanidad' […]

Declarar la nulidad de la ley de caducidad es un imperativo histórico, moral y jurídico, que debe estar por encima de coyunturas políticas [...]"
En nuestro caso concreto, como PCU, no existe contradicción entre integrar esta coordinadora y el apego a las resoluciones de nuestro FA en sus instancias congresuales. Al respecto, han transcurrido veinte de años, el país no es el mismo en relación a aquel que sufrió fuertes amenazas militares y civiles para aprobar la ley de caducidad. La realidad cambió y, entonces, también -desde nuestro punto de vista- debe hacerlo nuestro programa sobre el tema de la ley de caducidad. Por ello, entendemos que el FA necesita encarar una discusión orgánica sobre el tema y resolver la actitud a adoptar en el futuro a la luz de las nuevas circunstancias históricas (cuerpos que aparecen, documentos desclasificados, nuevos testimonios, etc.), profundizando la adecuación de nuestra normativa interna a las normas internacionales sobre los derechos humanos, tal como establece el programa del FA. .

28.              CARTA POPULAR PAG. 10

El “Goyo” Alvarez en la mira.

Cuando el 15 de junio de este año el general (R) Gregorio Alvarez ingresó a la sede de la calle Misiones par declarar ante el juez Luis Charles, en la causa de la desaparición de Washington Barrios en 1974, demostró su cinismo al mirar sonriente y desafiante a los periodistas que estaban detrás del vallado amarillo.
En los años de plomo había demostrado cosas indignas de la condición humana, como los llamados "excesos" en los plantones, la picana eléctrica, el submarino y, si cuadraba la ocasión, algún balazo que otro.

Ante el magistrado Luis Charles, el ex dictador negó haber tenido conocimiento de los operativos del Organismo Coordinador de Operaciones Antisubersivas (OCOA) y del Servicio de Inteligencia de Defensa (SID).

Esto se sabía aún fuera de fronteras, pero Gregorio Alvarez declaró ante el juez que él recién se enteró en 1981 al asumir como presidente de facto. Con lo cual pretendió lavarse las manos por los crímenes cometidos en los años previos.

Ahora Hebe Martínez Burlé, Walter De León y Pablo Chargoñi -abogados de organizaciones de derechos humanos- vienen diseñando sus estrategias jurídicas en torno a los casos que involucran a este personaje emblemático de la dictadura.

Según los abogados querellantes hay ya una serie de causas abiertas que incriminan al ex jefe del Estado Mayor Conjunto (ESMACO) Gregorio Alvarez.

Como el asesinato en 1973 del estudiante de agronomía de 21 años Hugo de los Santos, la desaparición en 1974 de Washington Barrios y el crimen de Horacio Ramos en 1981.

Cuando mataron a Hugo de los Santos, el titular del ESMACO era el "Goyo" Alvarez. La víctima fue detenida por integrantes de las fuerzas Conjuntas, trasladado al Batallón de Infantería N° 1 torturado y su cadáver fue entregado a sus familiares de Rocha. Luego se comprobaría que el certificado de su autopsia - realizada por un médico militar - era falso.

Se propondrá -además- que el ex dictador sea indagado por el "segundo vuelo" desde Orletti a Montevideo en tanto que era mando militar.


Quemá esas cartas

Lo que se firma y se hace público con el tiempo puede volverse en contra. Como la carta que el 18 de mayo de este año hicieran pública los 10 ex comandantes -naturalmente que entre ellos Gregorio Alvarez- donde asumen la responsabilidad del accionar de sus subalternos.
O la circular interna N° 7777 del Comando General del Ejército -que fuera firmada por Gregorio Alvarez en julio de 1978 como Comandante en Jefe del Ejército- en la que se expresa que "este Comandante no permitirá fijar forma de revisionismo de lo actuado por sus integrantes durante la guerra contra la subversión, y si alguna actividad reñida con los Derechos Humanos se le adjudica, el suscrito se responsabiliza de haber dado la primera orden en ese sentido, por su condición de jefe del Estado de Mayor Conjunto en la época de referencia".

Impagable. Ese "no permitirá" era antes: ahora mandan el presidente Tabaré Vázquez y la ministra Azucena Berrutti. Durante la dictadura no hubo ninguna guerra, los únicos subversivos eran sus integrantes a los que el pueblo enfrentó sin más armas que sus ideas.

Gregorio Alvarez, en esa circular interna, se responsabiliza por "alguna actividad reñida con los Derechos Humanos". Cuando concurra nuevamente al juzgado de la Ciudad Vieja, sus abogados andarán bastante flojos de argumentos por su defensa. Sus querellantes apuntan al ex dictador y no se descarta que su nuevo domicilio sea la Cárcel Central. Mejor dicho, es bastante probable. .

29.              EL PAIS PAG. 11

Defensa de Blanco reclama que se juzgue a tupamaros. Apelaciones. Hoy será el turno de Juan María Bordaberry.

Al apelar el procesamiento de Juan Carlos Blanco, la defensa cuestionó cada una de las pruebas manejadas por el juez y presentó una lista de 24 tupamaros que -aseguró- no fueron juzgados y no están comprendidos en la ley de Amnistía de 1985.


El abogado Carlos Curbelo Tammaro apeló ayer de tarde el procesamiento de Blanco. Hoy lo hará la defensa de Juan María Bordaberry y definirá si pide la prisión domiciliaria.


Curbelo objetó las pruebas manejadas por el juez y dijo que "no se concretan cuáles han sido las acciones capaces de inducir a otro, o a cooperar en forma decisiva". Dijo que "únicamente existe prueba indiciaria" porque la prueba documental "no guarda el menor respeto a la normativa exigible para su válida consideración en juicio". Agregó que a Blanco "se le juzga y condena, solamente por estar en el cargo de ministro" y eso es "aplicar el inconstitucional principio de responsabilidad objetiva", dijo.

En el recurso el abogado adjuntó una lista de 24 "subversivos autores de gravísimos delitos que nunca fueron sometidos a juicio", para los cuales agregó que no rige la ley de amnistía ni ha operado la prescripción.


"¿Habrá justicia para todos como requieren los frenteamplistas?", pregunta Curbelo en la nómina que incluye a participantes de la toma de Pando y el homicidio del coronel Artigas Alvarez (hermano del presidente de facto Gregorio Alvarez), entre otros hechos.


Además cuestionó todos los puntos que fueron para Timbal prueba "inequívoca" de la intervención del gobierno uruguayo en la muerte de los ex legisladores. En relación a la participación de Blanco en el Consejo de Seguridad Nacional (Cosena), sostuvo que ese órgano de gobierno era "meramente asesor" y "sin poderes de decisión", según declaró Blanco en la causa.


Negó la responsabilidad del ex canciller en la cancelación de los pasaportes porque desde 1973 "la competencia sobre la expedición y renovación de pasaportes pasó al Ministerio del Interior".


El defensor cuestionó además las versiones de "testigos de oídas", de personas "comprendidas en las tachas que quitan fe a sus deposiciones como los casos de Juan Raúl Ferreira o del vicecanciller (argentino) Jorge Vázquez, conocido montonero", así como contradicciones e inexactitudes de los testigos.

Para el defensor "las inocultables connotaciones políticas del caso" y "las pasiones desatadas" demuestran que "las heridas no se han cerrado y la pacificación intentada por anteriores gobiernos no se acepta por determinados sectores de la población". .

 

 

 
   

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