Por todo esto, son muchos los colombianos que se disponen a enmendar nuevamente la Constitución para que él pueda ser presidente por un tercer período consecutivo: cinco millones de firmas respaldan esta propuesta que el Senado y la Cámara de Colombia aún tendrían que conciliar; y frente a la cual el propio presidente aún no ha querido pronunciarse. Según confesión de algunos enterados, entre ellos el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, Uribe tiene aún muchas dudas.
Yo creo que hace bien en tenerlas y, pese a todo el prontuario de sus méritos y la mayoría de sus simpatizantes, este plebiscito con el que se quiere legitimar su permanencia en el gobierno por otros cuatro años no es bueno para Colombia ni para el presidente: podría abrir la puerta del abuso y servir para apañar, al amparo del tiempo, los medros indebidos que siempre fomenta una larga estadía en el poder, aunque el mandatario sea de los más honrados.
En América Latina las reelecciones han sido calamitosas, sobre todo cuando para lograrlas se ha recurrido a violentar o a enmendar una carta constitucional que ya, de suyo, era endeble. En países que nacieron a la independencia de la mano de próceres autoritarios, engendrados en el seno de sociedades habituadas al ''ordeno y mando'' de los soberbios virreyes y gobernadores españoles; el sistema presidencialista --copia errada de Estados Unidos, donde la democracia surgió en otras condiciones-- se prestó para perpetuar los abusos coloniales bajo el signo nefasto de los llamados ''hombres providenciales'' que, exaltados al poder por sus pueblos y mantenidos en él, en muchas ocasiones, a partir de una legítima popularidad, terminaron por convertirse en tiranos. No hay nada más peligroso que la popularidad. Para un político puede ser un ingrediente altamente tóxico.
Presidente Uribe, usted lo ha hecho muy bien. No se deje convencer por los que le dicen que es imprescindible al frente de los destinos de Colombia y que el país se hundirá si usted no se mantiene al timón. Las naciones son más grandes que los hombres que las dirigen y las sociedades democráticas siempre serán más sanas cuando cambian los rostros de sus líderes. No caiga en la tentación de seguir el camino de algunos dirigentes sudamericanos. No ingrese en ese desprestigiado club donde ahora se encuentran Chávez, Morales y Correa. No permita que los gestos de esa gentuza lo contaminen.
Algunos de sus amigos, que temen perder las provechosas conexiones que inevitablemente tienen los funcionarios públicos, intentarán hacerle ver que la gloria coronará este último esfuerzo suyo, que otro cuatrenio le permitirá liquidar definitivamente a la guerrilla, terminar de limpiar la imagen del país, asentarlo sobre bases aún más sólidas, sobrevivir a sus enemigos internos y externos, ganarse incluso el premio Nobel. Son peligrosos cantos de sirena, presidente Uribe, no los escuche.
Llegado el fin de su mandato en 2010, será mucho más hermoso y más digno verlo partir hacia algún nuevo destino en medio del amor de los suyos, reconocido por propios y ajenos como alguien que hizo mucho a favor de su pueblo y que logró mucho, sobre todo en robustecer la democracia y hacerla viable frente a todos los que laboraban por su destrucción. No dude que hay otros colombianos dignos de este legado y dispuestos a seguir llevando adelante su programa. Ante ese futuro, de respeto y de honra, se alza ahora insidioso, como una verdadera tentación satánica, este plebiscito que le permitiría ser electo por otros cuatro años. ¡Ojalá tenga usted la grandeza y el coraje de rechazarlo!
© Echerri 2009
