EL MILAGRO
POR
el trillo iba el ímpetu
de una esperanza nueva.
Y tanto varón que buscaba
se fue encontrando por las encrucijadas.
Reuniéndose en grupos
que se sentían crecer.
Convergiendo, sin saberlo,
en una maniobra gigantesca.
Estrategia instintiva
para la reunión oportuna.
A la noche rumorosa,
era el acampar apiñados
en torno a la flor del fuego
y el calor de hermanos.
Rejuvenecerse de amores
entre tonadas del tres,
alentar de corazones para
galopar el deber de un nuevo día.
Luego las cercanías
fueron sumando los trotes
en una sola galopada,
y todos comenzaron
a entreverse en multitud
húmedos, orgullosos,
felices de haber crecido hasta el milagro
desde el humilde querer de cada hombre.
Y ya, desde los palmares
desembocan juntos al lugar de la esperanza.
El clarín que reclamó en lo moral
sacó sus bruñidos al sol
para desdoblarse en arenga de victoria.
Y por la sabana ya galopa un redoble de cascos,
como un canto glorioso
para coronar el poema de la felicidad.
En el filo de cada machete alzado al viento
rebrilla el sol en estrellas solitarias.