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PRÓLOGO
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Aquel
joven alto, de ojos grises que parecían en indagación continua, atraía la
atención. Estaba en una residencia
del reparto Miramar, aledaño a La Habana, donde el régimen castrista tenía
hacinados a 70 mujeres y 150 hombres, en centro improvisado de detención.
A la caída de la tarde, que casi siempre coincidía con la de los ánimos,
dirigía el rezo del rosario. De él
emanaba un excedente de energía que llegaba a otros.
Trasmitía bríos para una jornada más a quienes, quizás por vez
primera, se veían privados de libertad. Ocurría
ésto en la última semana de Abril de 1961.
Salvador E. Subirá comenzaba así su largo tránsito por las prisiones
de Cuba cautiva.
Sentenciado
a 20 años de reclusión por un tribunal revolucionario, es trasladado al
presidio de Isla de Pinos, donde sus dotes de orador se hacen notorias en la
celebración de un acto de recuerdo a compañeros que perecieron en la lucha. Organiza y trabaja en grupos de alfabetización que dan
clases a campesinos iletrados. Obtiene
de muchos que recibían paquetes de alimentos que cedan una parte a los presos más
menesterosos. Es de los primeros en
dirigir actividades religiosas, en las que no ceja ni aún en las épocas más
represivas de la prisión.
Ya
hacia 1963 algunos de sus compañeros empiezan a conocer de su producción
literaria, que con intensidad variable, y en paso por distintas prisiones, no
interrumpe. Su cuento "Prolegómeno",
sobre el hombre primitivo, obtiene premio en concurso literario celebrado en el
presidio de Guanajay. En su trato
diario con hombres de todos los rincones del país, y con sus familias cuando
había visitas, perfecciona su comprensión de lo característico en el ser
cubano. Su propósito de escribir
sobre Cuba se origina en estos años y va ganando en ambición hasta concebir
narrar, en forma poética, la aparición, desarrollo y concretización del ámbito
cubano, en su forma más amplia y total.
Intentar
empresa tal es de sí audaz. Realizarla
con la calidad lograda en "Don Sinsonte de la Palma", donde el cubano
siente y reconoce a su tierra y a sí mismo, implica para Salvador E. Subirá la
conquista de un lugar en las letras cubanas, que crecerá en el tiempo y cada
vez que se recuerde a los que lucharon por redimir a Cuba de la servidumbre a
una potencia y una ideología extrañas al continente americano.
Sobre el totalitarismo soviético
impuesto por Castro, catástrofe republicana, como sobre otros aspectos
negativos de nuestra historia, que tiene más de uno, no hay referencia en esta
obra pues, por supuesto, no son tema de poesía ni sería útil al propósito
que se persigue. Pero se menciona
en este prólogo porque el Presidio Político, donde se inmoló el tiempo de
tantas vidas, fue motivación importante en esta suma poética.
Desde
el surgir de la isla como tal, en el éxtasis de sus verdes,"guerra de
esmeraldas"-, con su fauna noble, cólera de ciclones, aparición de los
primeros hombres, empresa española de conquista, llegada de los negros y los
vocablos netamente cubanos, hasta la insurgencia mambisa y música, Subirá
pretende y logra definir, es decir, diferenciar, a Cuba y a los cubanos,
"tendrás tesoros en tus entrañas, pero ninguno como el pueblo que te
more", y damos, en mensaje a otros pueblos.
Deja así, para deleite de contemporáneos y para la historia, un canto
de amor a Cuba y a los cubanos, donde está implícita la esperanza de una
reconquista, para todos, de la idea y realidad de una patria que se ama y añora.
Hasta
donde este libro puede ser partícipe de la lucha y culminar una intención
revolucionaria, como desea su autor, es cuestión especulativa.
Sería útil hacerlo reproducir en Cuba en forma clandestina. Quizá un medio inicial adecuado sería transmitirlo por
Radio Martí. Es necesario que el
pueblo cautivo se sienta identificado con el millón de cubanos que, desgarrados
en lo más hondo, abandonaron la isla en busca de la libertad que se les negaba
y se establecieron en las más distintas tierras.
Es imprescindible a su vez que los que emigraron comprendan la realidad
de un cautiverio tan siniestro como el que se padece en Cuba, y las peripecias y
mimetismos a que se ve forzado un pueblo que vive el hoy sólo por la esperanza
de un mañana distinto, en progreso y libertad.
Este libro, moviendo a todos hacia el amor a Cuba, y por ende al de los
cubanos entre sí, será un aporte en tales empeños
Ya
libre y a punto de comenzar en Miami su carrera de arquitecto, Salvador E. Subirá
mantiene la cualidad de sus años mozos de ser alguien que atrae la atención. Y como en aquellos tiempos, su mensaje es de amor y de
solidaridad humana. Usando sus
palabras, en contexto distinto, decimos que "sobre ese puente cruzamos
confiados los abismos".
EMILIO ADOLFO RIVERO CARO
Washington, D.C
14 de Julio
de
1986
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