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Oposición y Desplazamiento
Emilio Adolfo Rivero Al comenzar hace quince años el desplome de la Unión Soviética, Fidel Castro se vio ante la pérdida de subsidios que habían llegado hasta cinco mil millones de dólares anuales y que, acumulados, totalizaban cien mil millones. Desapareció también el apoyo político y propagandístico que le daba aquel sistema totalitario. Tal debilitamiento súbito abría oportunidades para la oposición, que no las usó. Es útil señalar que aún existen, que hay otras nuevas, y que la correlación de fuerzas permite usarlas. Ante aquellos cambios, los opositores siguieron desplegando talento y esfuerzos. Constantes artículos y transmisiones por profesionales mediáticos se acompañaban de declaraciones y pronunciamientos de activistas y de visitas regulares a países democráticos. Esos viajes lograron exhortaciones de respeto a los derechos humanos de los opositores y alientos a formar la sociedad civil, fuera de la opresión gubernamental. Todo lo cual es conocido y meritorio. Al denunciar al Castrato, raramente se hablaba de derrocarlo y, a juzgar por el silencio al respecto, parece que esa idea no ha tenido presencia permanente en la mente activista. Se enfatizaba el tema de la “transición pacífica”, equivalente a un desarme unilateral, pues se ha persistido en esa tesis a pesar de que Castro, inepto y despótico, hoy como ayer endeuda y arruina el país, persigue, golpea, encarcela y mata. Es notorio que el tema de la transición pacífica se ha mantenido por gobernantes de países que, a tiempo que reciben y elogian a los opositores, negocian con el régimen gobernante, dándole recursos para mantener la represión que ellos mismos denuncian. En fuerza numérica, la oposición al Castrato ha tenido, desde hace más de veinte años, supremacía abrumadora sobre los que lo apoyan. Se ha estimado que, al menos en apariencia, apoyan al gobierno unos doscientos cincuenta mil cubanos, incluidos miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, partido comunista, brigadas de represión y comités de defensa. A la vez, téngase en cuenta que los acontecimientos han demostrado, y es importante señalarlo, que pertenecer a esas organizaciones no garantiza que se sea partidario de Fidel Castro. En los sistemas totalitarios la supervivencia requiere máscaras. Para que no sea débil y plañidera, o lo parezca, la denuncia contra Castro debe insistir en que se le quiere derrocar. Es un incendio, ante el cual se es solidario con los que sufren pérdidas materiales, lesiones o muerte. Y se les socorre. Pero lo racional inmediato es apagar el fuego, para evitar que se expanda y cause más víctimas. Pero, pregúntese, ¿ha procedido racionalmente la oposición al Castrato? Y de no ser así, ¿que irracionalidad ha hecho ineficaces sus esfuerzos? Es oportuno mencionar una conducta llamada “desplazamiento”. Los etólogos, que estudian el comportamiento animal, incluyendo al hombre, aplican ese término de desplazamiento (displacement) a una reacción ante el peligro en que, dada la alternativa de fuga o combate, se elige una tercera vía que, a la vez que libera la tensión y hostilidad acumuladas, evita el riesgo de morir. Al tratar del tema, mencionan los gallos que, furiosos y frente a frente, escarban frenéticos la tierra en vez de pelear; y las gaviotas que, protegiendo su territorio, baten con fuerzas sus alas y, en lugar de atacarse, empiezan a arrancar cuanto yerbajo tienen a la vista; y los corzos, celosos de hembra y territorio, que en lugar de embestirse destrozan la corteza de los árboles. Y suelen citarse más ejemplos. El desplazamiento, rasgo presente en el bruto bípedo, antecesor inmediato, persiste en la vida diaria del hombre actual. Siendo inconsciente, irracional, desorienta al activista y lo aparta de su objetivo. Su presencia ha menguado el esfuerzo de la oposición al Castrato. Tomar consciencia del mismo es el primer paso a superarlo. Durante años la opinión pública ha sido movilizada en protestas o adhesiones, desde campañas publicitarias hasta desfiles masivos y generosa donación de fondos. A veces el tema ha sido importante, como el reciente referendo revocatorio en Venezuela, otras ha sido relativamente trivial en cuanto a no tener impacto alguno en el poder de Castro. Y es que, olvidando atacar el objetivo verdadero, que demanda riesgo y sacrificio, se deriva la lucha hacia lo irrelevante y accesorio, que requiere esfuerzo y trabajo, pero no exhorta a la guerra necesaria, que implica riesgo y muerte. Una nueva y gran oportunidad, cuya magnitud debe apreciarse, se abre ante todos. El Comité Internacional para la Democracia en Cuba (CIDC), acaba de sesionar en Praga, dando a la publicidad un documento en que se exhorta a acelerar los cambios políticos que conduzcan a la democratización de Cuba. Sus participantes influyen en la opinión pública mundial. Pero, por supuesto, el actor principal tiene que ser el pueblo cubano. Mucho ayudaría que se mantuviera presente, en la mente de todos, que el objetivo es derrocar a Castro. Lo demás podrá tratarse, y discutirse, después de la liberación. Cese ya el desplazamiento. El autor, abogado y periodista, está radicado en el área metropolitana de Washington, D.C. |
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