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Alienación inducida y rectificación posible Emilio Adolfo Rivero Tal parece que cuando de la situación de Cuba se trata, se pierden coordenadas y rumbo, no se sabe donde se está ni adonde se va. Esa situación, vigente desde hace años, no es espontánea. Partes interesadas han logrado, en proceso de décadas, desviar el entendimiento y conducta de los más. El resultado muestra una definición clásica de la alienación -una transformación de la conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de ella. Debe insistirse en que se ha llegado a tal extremo en forma inducida. El daño que ese extravío de razón y acción ha causado a Cuba, América Latina y Estados Unidos ha sido, por enorme, difícil de cuantificar. Se mantiene distraída la atención pública con el fuego fatuo de la “transición pacífica”, mientras represión, atropellos y empobrecimiento siguen su curso en Cuba, y el Castrato continúa aumentando su influencia en América del Sur. Se especula y avanzan tesis sobre una Cuba futura a la vez que la oposición, interna y expatriada, mantiene lo que llama “presiones” –desarrollo de grupos cívicos en el país, quejas, denuncias, conferencias, paneles, congresos, y visitas a presidentes y parlamentos. Nunca se menciona intención o posibilidad de derrocar a Castro -mensaje implícito de que lo creen intocable, inconmovible. Y al mismo tiempo aceptan como inevitables las consecuencias visibles, ominosas, de su intervención en Colombia y Venezuela - destrucción estructural, caos económico, narcotráfico, terrorismo, secuestros y y muertes. O sea, cualquiera que en maldad obsesiva hubiera tratado de imaginar la más sanguinaria y cruel de las políticas para Cuba y América Latina, no hubiera ocasionado tantos sufrimientos, destrucción y sangre, como los que, en desviada buena fe e ignorantes de los intereses que sirven, han formado coro para repetir, como frase mágica, la consigna “transición pacífica” que, en la mente de los impulsores ocultos de ese despropósito, quiere decir: nada contra Castro.. Se pudiera pensar que los reconocimientos y distinciones que se otorgan en distintos países a opositores del Castrato reflejan hostilidad hacia su tiranía. Nada más lejos de la verdad. Elogian a sus enemigos para tener relaciones con un nuevo gobierno, si es que colapsara la tiranía gobernante. Ganan oro y quieren seguir ganándolo. Esos mismos países que se manifiestan adversos a Castro lo mantienen en el poder mediante las inversiones que realizan en Cuba y con los cientos de miles de turistas que allá van todos los años y que permiten allegar medios para pagar las fuerzas represivas del régimen. Parte de ese turismo promueve la prostitución de menores, niñas y niños, convirtiendo el país en una meca de aberraciones sexuales. La tesis de la “transición pacífica” encierra además una trampa –quita protagonismo al pueblo cubano al momento de decidir su destino. Al confiarse demasiado en el favor y respaldo de extraños, es obvio que serán éstos los que recomendarán leyes y nombrarán gobiernos. Nunca faltarán testaferros nativos que les sirvan, como nos enseñan siglos de historia europea y latinoamericana. Permitir la tesis de la “transición pacífica” ha tenido además el efecto negativo de que desde Estados Unidos se está comerciando con el Castrato, y aumenta constantemente el número de norteamericanos que viajan a Cuba. Ese ha sido el sueño de los inversionistas extranjeros durante muchos años –querían involucrar a los Estados Unidos en el comercio con la Cuba de Castro para sentir la protección solidaria de la bandera de las barras y las estrellas. Para el pueblo cubano, que ha sufrido y sufre una hecatombe nunca igualada en América Latina, esta actitud de muchos norteamericanos ha sido, en cuarenta y cuatro años, una de sus peores decepciones y una de sus más grandes derrotas. Aquí en Estados Unidos, donde el pueblo cubano tiene tantos amigos, hay muchos “hombres de garra y colmillo”. A su codicia unen la hipocresía –comercian con Castro “para llevar la democracia a Cuba”.. Sobran medios para derrocar al Castrato. Durante décadas se han recibido donaciones y apoyo, de propios y extraños, relacionados con la situación cubana. Todo se ha disipado en objetivos ajenos al propósito de derrocar la tiranía. Nunca han faltado, no faltan, cubanos acaudalados dispuestos a proporcionar medios para liberar a Cuba y hombres y mujeres dispuestos a todos los riesgos.Y, ante un propósito serio, vendrá el aporte individual, en recursos y trabajo, de otros países. Cuba sigue teniendo la magia que demostró en el siglo XIX cuando la opinión latinoamericana, norteamericana, y mucha de Europa, sintió pasión solidaria por la lucha mambisa contra una metrópolis soberbia, explotadora, implacable y corrupta.. El autor es abogado y periodista, radicado en el área metropolitana de Washington, D. C. |
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