Search
English | Español | Deutsch | Русский
 
 Nosotros
Panorámica
Personal
 
Contenido
Transmisiones
Artículos
Documentos
Libros
 
Enlaces
Prensa
Organizaciones
 

 

 
 

Alienación inducida y rectificación posible

Emilio Adolfo Rivero
Marzo 9, 2003

Tal parece que cuando de la situación de Cuba se trata, se pierden  coordenadas y rumbo, no se sabe donde se está ni adonde se va. Esa  situación, vigente desde hace años, no es espontánea. Partes  interesadas han logrado, en proceso de décadas, desviar el  entendimiento y  conducta de los más. El resultado muestra una  definición clásica de la alienación -una transformación de la  conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de  ella. Debe insistirse en que se ha llegado a tal extremo en forma  inducida. El daño que ese extravío de razón y acción ha causado a  Cuba,  América Latina y Estados Unidos ha sido, por enorme, difícil de  cuantificar.

Se mantiene distraída la atención pública con el fuego fatuo de la  “transición pacífica”, mientras represión, atropellos y  empobrecimiento siguen su curso en Cuba, y el Castrato continúa  aumentando su influencia en América del Sur.  Se especula y avanzan  tesis sobre una Cuba futura a la vez que la oposición, interna y  expatriada,  mantiene lo que llama “presiones” –desarrollo de grupos  cívicos en el país, quejas, denuncias, conferencias, paneles,  congresos, y visitas a presidentes y parlamentos. Nunca se menciona  intención o posibilidad de derrocar a Castro -mensaje implícito de que  lo creen intocable, inconmovible. Y al mismo tiempo aceptan como  inevitables las consecuencias visibles, ominosas, de su intervención  en Colombia y Venezuela - destrucción estructural, caos económico,  narcotráfico, terrorismo, secuestros y  y muertes.

O sea, cualquiera que en maldad obsesiva hubiera tratado de imaginar  la más sanguinaria y cruel de las políticas para Cuba y América  Latina, no hubiera ocasionado tantos sufrimientos, destrucción y  sangre, como los que, en desviada buena fe e ignorantes de los  intereses que sirven, han formado coro para repetir, como frase  mágica, la consigna “transición pacífica” que, en la mente de los  impulsores ocultos de ese despropósito, quiere decir: nada contra  Castro..

Se pudiera pensar que los reconocimientos y distinciones que se  otorgan en distintos países a opositores del Castrato reflejan  hostilidad hacia su tiranía. Nada más lejos de la verdad.  Elogian a  sus enemigos  para tener relaciones con un nuevo gobierno, si es que  colapsara la  tiranía gobernante. Ganan oro y quieren seguir  ganándolo. Esos mismos países que se manifiestan adversos a Castro lo  mantienen en el poder mediante las inversiones que realizan en Cuba y  con los cientos de miles de turistas que allá van  todos los años y  que permiten allegar medios para pagar las fuerzas represivas del  régimen. Parte de ese turismo promueve la prostitución de menores,  niñas y niños, convirtiendo el país en una meca de aberraciones  sexuales.

La tesis de la “transición pacífica” encierra además una trampa –quita  protagonismo al pueblo cubano al momento de decidir su destino. Al  confiarse demasiado en el favor y respaldo de extraños, es obvio que  serán éstos los que recomendarán leyes y nombrarán gobiernos. Nunca  faltarán testaferros nativos que les sirvan,  como nos enseñan siglos  de historia europea y latinoamericana.

Permitir la tesis de la “transición pacífica” ha tenido además el  efecto negativo de que desde Estados Unidos se está comerciando con el  Castrato, y aumenta constantemente el número de norteamericanos que  viajan a Cuba. Ese ha sido el sueño de los inversionistas extranjeros  durante muchos años –querían involucrar a los Estados Unidos en el  comercio con la Cuba de Castro para sentir la protección solidaria  de  la bandera de las barras y las estrellas. Para el pueblo cubano, que  ha sufrido y sufre una hecatombe nunca igualada en América Latina,  esta actitud de muchos norteamericanos ha sido, en cuarenta y cuatro  años, una de sus peores decepciones y una de sus más grandes derrotas.  Aquí en Estados Unidos, donde el pueblo cubano tiene tantos amigos,  hay muchos “hombres de garra y colmillo”. A su codicia unen la  hipocresía –comercian con Castro “para llevar la democracia a Cuba”..

Sobran medios para derrocar al Castrato. Durante décadas se han  recibido donaciones y apoyo, de propios y extraños, relacionados con  la situación cubana. Todo se ha disipado en objetivos ajenos al  propósito de derrocar la tiranía. Nunca han faltado, no faltan,  cubanos acaudalados dispuestos a proporcionar medios para liberar a  Cuba y hombres y mujeres dispuestos a todos los riesgos.Y, ante un  propósito serio, vendrá el aporte individual, en recursos y trabajo,  de otros países. Cuba sigue teniendo la magia que demostró en el siglo  XIX cuando la opinión latinoamericana, norteamericana, y mucha de  Europa, sintió pasión solidaria por la lucha mambisa contra una  metrópolis soberbia, explotadora, implacable y corrupta..

El autor es abogado y periodista, radicado en el área metropolitana de  Washington, D. C.


 
   

.
New Cuba Coalition
P. O. Box 14077
Washington, D. C. 20044-4077
Dr. Emilio-Adolfo Rivero — President
Ernesto Díaz-Rodríguez — Vice President
e-mail: cuba@idt.net