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La sutil estrategia de la tolerancia
Por Ernesto Díaz Rodríguez Secretario General de Alpha 66
La Unión Europea (UE) ha extendido por un año más su actitud de tolerancia con el régimen de La Habana. En votación unánime los 14 ministros que integran el Consejo de Asuntos Generales y Relaciones Exteriores (CAGRE) decidieron el pasado 13 de junio otorgar un nuevo “período de gracia” al dictador Fidel Castro. Confían, al parecer, en su buena voluntad, en su refinada vocación de sensibilidad humana. Consideran, todo parece indicar, que al recibir el toque de la varita mágica del perdón, responderá descorriendo los cerrojos para que el resto del Grupo de los 75, así como “los otros presos políticos aún en detención” puedan, sin condiciones, reconquistar su libertad. Aunque el Consejo constató, para no aparentar haberse cruzado totalmente de brazos, que “no hay progresos satisfactorios en lo relativo a los derechos humanos en Cuba”.
Sabido es que en toda esta orquestación el gobierno del ilustre José Luis Rodríguez Zapatero ha estado llevando la voz cantante, a pesar de la resistencia de la República Checa y otras pocas naciones de la comunidad europea, que preferían una más fuerte estrategia. Aunque el gobernante de España representa una democracia y fue elegido en elecciones pluripartidistas y libres con la participación de su pueblo, probablemente sus sentimientos de superioridad no estén muy distantes de los de su camarada Fidel Castro. Así como tampoco lo ha de estar su ideología: la extrema izquierda, trasnochada y trasquiladora, que nada tiene que ver con los sentimientos y valores de los pueblos de España y de Cuba. Considero que para ambos son múltiples los intereses que se anteponen al bienestar y al destino de sus pueblos. Por eso no podemos esperar muchos gestos de solidaridad gubernamental con las ansias de libertad de los cubanos mientras dure el mandato del Sr. Zapatero. Ni tampoco de su ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, quien al final de la reunión convocada para trazar la nueva estrategia de la UE con relación al régimen de Castro, se mostró optimista en su expectativa de que el gobierno cubano responda a la decisión de la UE con una proposición de diálogo que incluya la cuestión de los derechos humanos.
Desde mi punto de vista, tanto esa nueva resolución como el optimismo del Sr. Moratinos me parecen alternativas que no conducen a ninguna parte. Se me antoja que en el caso de Cuba la UE ha perdido el rumbo. Los ministros del CAGRE, con asombrosa unanimidad se han metido en una balsa para intentar cruzar el Atlántico a merced de la contracorriente y los contravientos que soplan desde La Habana, en espera de que se produzca un milagro. A más de 46 años de tiranía, desconocer que a Castro no se le puede disciplinar asumiendo posiciones de complacencia , que equivale a danzar al compás de la música del tirano, no ayudará en nada a acortar el camino de la democratización de Cuba. No ayudará siquiera a resolver la dramática situación de los presos políticos, porque el dictador se sabrá a salvo de reducciones en su economía y a un mismo tiempo se sentirá estimulado en su arrogancia.
Ojalá lleguemos a la conclusión de que nuestra lucha sólo podrá triunfar cuando nos despojemos totalmente de todas esas ilusiones de solidaridad internacional, porque el tiempo y las realidades nos han demostrado que, salvo muy pocas excepciones, no hay solidaridad si ésta no significa un beneficio para los intereses de los que están fuera de la hoguera donde hace más de 46 años arden, con todos sus destinos y añoranzas de paz y de libertad, los mejores hijos de la nación cubana. Ojalá se nos ponga fuerte el corazón, como a los que gritaron “Viva Cristo Rey” ante el paredón de fusilamiento, o los que cayeron en combate defendiendo la dignidad y el derecho a ser libre de todos los cubanos, y nos decidamos a pagar el precio de la libertad, sin esperar por soluciones externas ni pedir permiso a nadie. Durante muchos años he vivido con la absoluta convicción de que el régimen comunista de Cuba tiene cimientos de papel y la fragilidad de un espantapájaros.
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