Este deseo de ser el bien
y perdurar por eso como semilla única,
abierta a la sonrisa del pan;
como bendecir un puñado de tierra
y ese simple gesto sea la vida toda
perfectamente comprensible
como el secreto diáfano del agua.
De todas las cosechas, ésa sola;
de todos los orgullos, sólo ése
de dar un poco de la mies entre los poros de la vida.
Dador calladamente en mí surgiendo.
Toda la fuerza, todo el canto, todo.
Y ser el bien sobre tus senos
y en tu trasluz recóndito, mujer.
En ti quedarme repartido, sin más solemnidad,
como en la tierra, como en el pan, como en el agua.
Únicamente así.