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                                   OTRA VEZ EL RIDÍCULO

                                 

                                       Por Ernesto Díaz Rodríguez
                                     Secretario General de Alpha 66
                                   Vicepresidente de Unidad Cubana
 

 
Existe un sabio refrán que dice: “de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”. Con el simbólico juicio contra Luís Posada Carriles, celebrado en La Habana durante los días 14 y 15 de mayo, el régimen comunista de Cuba acaba de reafirmarlo. Para darle forma al grotesco espectáculo los manipuladores de la élite castrista, liderados por Julio Martínez, primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, reunieron a la crema y nata del estercolero cubano. Por supuesto, de acuerdo a los despachos de Granma, tampoco faltaron  “figuras” internacionales. Me llamó la atención la aparente ausencia del canadiense Jean Guy Allard, papagayo oficial del Ministerio del Interior, en sus proyecciones un poco parecido a la merluza, a quien alguien definió alguna vez con las especiales características de que “no ve ni oye ni piensa”.
 
Para sorpresa de muchos el rey de los bufones, representado en la figura del comediante Hugo Chávez tampoco estuvo presente, lo cual probablemente restó colorido al espectáculo. Algunos piensan que Chávez, a pesar de poseer una masa encefálica similar a la del cangrejo, tiene tanta influencia como  el fósil barbudo en los mandos superiores de La Habana.  Milagros del petróleo venezolano, nadie puede dudarlo, obsequiado irresponsablemente como si los yacimientos fuesen propiedad particular del “Sr. Presidente” y no un bien común de la hermana nación sudamericana, la patria de Bolívar y de todos los venezolanos.  ¿Socialismo del siglo XXI a punta de pistola? Socialismo o muerte. Pobre Venezuela. ¡Vaya tragedia nacional!
 
Como era de esperarse, en el juicio político ante el llamado tribunal antiterrorista el patriota Luís Posada Carriles fue hallado culpable. Seguramente el próximo paso será ejecutarlo simbólicamente, con balas de odio e impotencia, simbólicas, por supuesto, también. O tal vez decidan crucificarlo, como hicieron los romanos con Jesucristo, en un intento salvaje de profanación. Y me pregunto ahora: ¿Cuál hubiese sido el destino del más grande y misericordioso hombre del universo de haber nacido en la isla caribeña bajo la dictadura de Castro?
 
Varias son las versiones sobre el derribo del avión de Barbados. Nadie ha podido probar la supuesta participación, ni directa ni  indirectamente, de Posada Carriles. Los dos juicios celebrados en Caracas, Venezuela, el primero por la justicia civil y el segundo -caso sin precedentes luego de haberse decretado una absolución-, por un tribunal militar, lo desvinculan de ese trágico acontecimiento ocurrido en 1976. Estos son hechos concretos, quiéranlo o no aceptarlo los que a coro repiten las consignas castristas cargadas de infamia y de vilezas contra un hombre cuyo único delito ha sido amar a Cuba y servirla, entregándole lo mejor de su vida a la causa de su libertad. Varias son las versiones incluyendo la de un accidente motivado por materiales explosivos de experimento traídos por oficiales que regresaban a la Isla desde la zona de combate en el cono sur africano. Y hasta existe la creencia de que fue el propio Castro quien ordenó el derribo de la nave aérea y por esas razones se negó obstinadamente a que los restos del avión derribado, junto a las infortunadas víctimas fuesen extraídos del fondo del mar. Teniendo en cuenta la carencia de escrúpulos del anciano moribundo, estas revelaciones provenientes de desertores muy allegados al tirano nos obligan a meditar muy seriamente sobre esta posibilidad. ¿No envió al aventurero Che Guevara a Bolivia, para luego dejarlo abandonado a su suerte en franca traición? ¿No ordenó el fusilamiento del General Arnaldo Ochoa, uno de sus más importantes colaboradores a quien por sus servicios prestados a la tiranía había distinguido  con la orden de Héroe Nacional? ¿No eliminó físicamente a su propio Ministro del Interior, General de División José Abrantes, considerado uno de sus más íntimos amigos, luego de haberlo condenado a prisión en un juicio preñado de trampas e irregularidades judiciales?
 
Por que no confiesan los del alto mando castrista que el odio visceral, el miserable desenfreno contra Posada Carriles tiene su verdadero origen  en los demoledores golpes que les ha propiciado, en su eficiente trabajo para desbaratarle sus planes de crear focos de terrorismo y de maldad en Venezuela, cuando el patriota cubano estaba al frente de la DISIP. Por qué no acaban de reconocer que les inspira miedo, que les quita el sueño su condición de hombre libre, su valor personal, su extraordinaria disposición para el combate, en vez de de estar celebrando simbólicos actos de enjuiciamiento público, simplemente para consumo de los tontos y de los mal intencionados.
 
Nada. Una vez más es bueno recordarles: “de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”.
 
 
   

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