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Anne Applebaum - Columnist

Planificar para la próxima vez

Por Anne Applebaum


Pregúntele a cualquier experto en huracanes, a cualquier planificador para desastres. O pregúntele a cualquiera que conozca sobre evacuaciones y le dirá: Siempre hay gente que queda atrás.

Durante el huracán Helena en 1985, un diez por ciento de los habitantes de las islas de la barrera costera rehusó irse, a pesar de repetidas advertencias y su relativa riqueza. Ellos se quedaron porque habían pasado anteriormente por huracanes; porque creían, incorrectamente, que sus hogares eran impermeables; y porque -sorprende la frecuencia- estaban preocupados por sus animales domésticos. 

Unos cuantos también se quedaron porque “no oyeron” las advertencias de que se fueran. Jay Baker, de la Universidad Estatal de Florida encontró, después del huracán Charles del año pasado, que por lo menos la mitad de los que se quedaron no estaban al tanto de que supuestamente debían partir, a pesar de la cobertura de los medios de información y una orden obligatoria de evacuación.

Otro investigador, Carnot Nelson de la Universidad Sureña de la Florida encontró, después del huracán Helena en 1985, que era mucho más probable que la gente partiera si habían oído la orden de evacuación de alguna persona específica que caminaba a través de su barrio o que le tocaba a la puerta. Aun otro, Mike Lindell de la A&M de Tejas, piensa que las mejores medidas son aun más dramáticas. Él cuenta, con lo que está de acuerdo, la historia de un funcionario local que fue a través de los barrios que probablemente serían alcanzados por el huracán y, a los que rehusaban partir, les pedía que llenaran una etiqueta para los dedos de los pies, para así poder identificar mejor sus cadáveres después de la tormenta.

En Nueva Orleans, como ahora sabemos, el número de los que no evacuaron se multiplicó dramáticamente por la desacostumbrada inmovilidad de la ciudad. Unos 57,000 hogares de la Parroquia de Orleans no poseían carro. Un estudio de la Universidad de Nueva Orleans, publicado en Julio, señaló que sólo el 48 por ciento de los habitantes de la Parroquia de Orleans tenían un plan de evacuación definido. Susan Howell, uno de los autores del estudio, dice que los administradores de emergencias conocían de esa población inmóvil y lo habían conversado, sin llegar a conclusiones.

“No había un plan general completo para sacarlos”.La ciudad no adoptó medidas ni para los que no se irían ni para los que no podrían hacerlo. El día antes de la tormenta, la “evacuación obligatoria” fue anunciada por radio, pero no había funcionarios entregando personalmente los mensajes y mucho menos distribuyendo etiquetas para los dedos de los pies. Las carreteras interestatales de Nueva Orleans se convirtieron en vías de una sola direccion -pero no había ómnibus, trenes o barcos para los que no podían manejar. La ciudad inicialmente ganó elogios por evacuar como un 80 por ciento del millón cuatrocientas mil residentes del área, pero no no se tomaron medidas -en cuanto a raciones, botellas de agua, seguridad- para las 25,000 personas que se preesentaron, predeciblemente, en el Superdome, desiognado por la ciudad como “albergue de último recurso”.

Es útil recordar y contar el fracaso, no sólo para entender mejor lo que pasó la semana pasada sino porque también va al corazón de lo que hay de equivocado en todos nuestros ejercicios de “preparación”

La planificación de emergencias, tanto como la economía de academia, supone demasiado frecuentemente que los humanos se comportaran de manera racional, que hacen lo que se les ha dicho, y que son más o menos clase media. Vaya al sitio en la red del Departamento de Seguridad Doméstica
http://www.ready.gov, y encontrará montones de anuncios útiles (“Si tiene carro, mantenga siempre medio tanque de combustible”), dedicados casi exclusivamente a gente que de todas formas abandonarán la ciudad. El lugar en la red de la Agencia de Administración de Emergencias, del Distrito de Columbia le dice que, entre otras cosas, “tome fotos o videos de sus pertenencias”, y aconseja que “al menos un teléfono de su hogar debe ser de tono táctil corriente” No le dice que hacer si usted no tiene teléfono -aunque, de todas formas, en ese caso tampoco estará leyendo nada en la red. Si algo hemos aprendido de la experiencia de Katrina es que todos estos consejos deben ahora reescribirse, y la información debe ser reorientada a los inmóviles, los renuentes y los desconfiados.

Esto significa no sólo repensar los sitios de Preparación en la red, sino también el tema completo de planificación para desastres. Después de todo, los 125,000 que no abandonaron Nueva Orleans son los mismos que no se vacunarán ante una epidemia masiva, que no se quedarán bajo techo en caso de un ataque químico, y que no harán lo que se les diga después que una “bomba sucia” sea detonada en las afueras de la Casa Blanca. Son los mismos 125,000 que siempre requerirán alimentos, agua y, sobre todo, seguridad cuando todos los demás se hayan ido.

Dudo que muchos planificadores de desastres hayan pensado bastante sobre esta población. Hasta el viernes, un vocero de la Agencia de Administración de Emergencias no podía decir cuantos hogares del Distrito no poseían carro. De ahora en adelante, éste es un número que debe ser conocido por toda persona que trabaje en ese departamento, y por todos los planificadores de emergencia a través del país. Ése es el mínimo número de los que siempre quedarán atrás, y que siempre serán la responsabilidad pública. Es tiemop de moverlos de la periferia de la planificación de emergencias, y hacia el centro.

 
applebaumanne@yahoo.com

The Washington Post
Miércoles septiembre 7, 2005; Página A25
 

 

 
   

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