Música A pura garganta...
Olga Guillot "En Cuba silenciaron mis boleros,
quemaron mis programs
de radio y televisión, como si no hubiera existido nunca"
Armando López, Nueva York /
27/06/2008
Olga Guillot, la Reina del
Bolero, amenaza con publicar su autobiografía, emotiva, intensa,
como su estilo de hembra en celo, escuela para muchos
intérpretes de la canción.
La voz de Tú me acostumbraste, La noche de anoche,
Bravo, Adoro, y casi todo Manzanero; la primera
que dio un concierto en español en el Carnegie Hall, de Nueva
York, sigue siendo culto de admiración tras seis décadas…
'Después del cielo, Cuba, después de Cuba, Olga Guillot',
escribió Agustín Lara. Hoy, México le rinde homenaje a su hija
adoptiva, en sus 63 años de carrera. Pero en Cuba, donde nació,
tres generaciones de cubanos no la han escuchado nunca. 'Duele
mucho', me dijo, insinuó una lágrima, y comenzamos la entrevista.
¿Habría surgido la Guillot en otro escenario que no fuera La
Habana de los años cuarenta?
No lo creo. Comencé mi carrera de jazzista cantando en inglés,
pero no pasó mucho. No fue hasta que me sumergí en las noches
habaneras, que me reencontré con mis raíces, con el cubanísimo
bolero, que logré conformar mi estilo, y mi carrera se expandió
nacional e internacionalmente. Todo lo que soy se lo debo a
Cuba.
¿Cuándo te vuelves una cantante disquera?
Por los años cuarenta, y fíjate que en Cuba las mujeres no
grababan boleros. Venían de México: María Luisa Landín, Toña La
Negra, Chela Campos. Tuve la suerte de grabar en español
Stormy Weather (1946), y fue una novedad. La Asociación de
Críticos me seleccionó 'la cancionera más destacada de Cuba'.
Cuando grabo Miénteme, en 1954, en Radio Progreso, con la
Orquesta de los Hermanos Castro, fue un éxito tan grande que,
sólo en Cuba, se vendió medio millón de copias. En México pasó
semanas en los primeros lugares. Y de ahí a toda Latinoamérica,
fue un contagio.
En La Habana, los boleros de maridos engañados sonaban en
bares y cantinas, entre cervezas y cubiletes; pero los
tuyos se escuchaban desde los bodegones del puerto a los salones
exclusivos…
Nunca grabé canciones con letras vulgares. Los autores a los que
les canté eran poetas. Ni las letras que interpreté, ni mis
orquestaciones, hicieron nunca concesiones a lo chabacano. Y no
olvides que antes de que yo grabara Miénteme, ya era una
figura del espectáculo. Debuté como solista en 1945, en el
exclusivo Zombie Club de La Habana, hice temporadas en Sans
Souci, en Montmartre y en Tropicana.
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Cuando Nat King Cole se presentó en el salón Bajo las Estrellas,
de Tropicana, y declaró que había practicado para cantar en
español con los discos de Olga Guillot, nadie se sorprendió. La
santiaguera no sólo había encabezado muchas veces las carteleras
del cabaré insignia habanero, sino que el coreógrafo Rodney
había creado para ella su producción Miénteme.
Ya el programa de televisión El Show de Olga Guillot
acaparaba audiencias nacionales; no había vitrola de San Antonio
a Maisí que no tuviera sus últimos éxitos; en los clubes gay (entonces
no les llamaban así) su interpretación de Tú me acostumbraste,
de Frank Domínguez, se había convertido en himno de batalla. Y
en Santiago de Cuba, una jovencita (nacida no muy lejos de donde
nacieron las Hermanitas Guillot) ganaba un concurso en la radio
por caracterizar a la Reina del Bolero. Se llamaba Lupe Victoria
Yoli Raymond. Le decían La Lupe.
Olga había trascendido el bolero mismo, creado un estilo a
medias entre la canción italianizante y el jazz. Ahogaba sus
graves en el llanto, desgarraba o suavizaba a media voz los
agudos. En escena, expresaba con los ojos, con las manos; abría
los brazos queriendo atrapar al público, hacerlo cómplice del
desborde de sus sentimientos: un público que compraba sus
discos, que la seguía a todas sus presentaciones.
Pero llegó la revolución, su urgencia por imponer la felicidad
por decreto: la represión. Y eso de tener una vitrola en cada
esquina, sonando boleros que cantaban al desengaño ('por eso
estoy así tan triste, por eso estoy así con ganas de morirme',
cantaba la Guillot), era intolerable, un vicio del pasado
que había que erradicar.
En 1961, Olga era 'la cortina' (estrella invitada) de la
producción Serenata Mulata, del Cabaré Capri, de La
Habana. Pudo haberse plegado a la revolución, pero su lengua
protestona no podía quedarse callada. Atrevidos, sus admiradores
extendieron frente al cabaré, de acera a acera, una tela en que
se leía: 'Despedida de Olga Guillot'. Olga marchó al exilio y
dejó un vacío en el Capri que nadie pudo llenar: ni la Reina del
Guaguancó, Celeste Mendoza, porque la Reina del Bolero era
insustituible.
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¿Fue difícil volver a empezar?
Volé a Venezuela, pero pronto pasé a México a filmar una
película (desde mediados de los cuarenta había filmado varias).
Televisa me contrató para hacer allí El Show de Olga Guillot,
que se mantuvo por años. En mi programa nacieron muchos que
serían ídolos de la canción, como José José. Fui su madrina
artística, no de bautizo, ni de santo (ríe con ganas), sino para
que le diera suerte en su carrera, como se la di, porque yo
tengo un aura muy bonita.
¿Cuántas canciones has interpretado?
Nunca me puse a contarlas. Canté miles, grabé cientos. De
Agustín Lara, con sus violines, estrené a dúo con Pedro Vargas,
en el Teatro Solís, su canción María Bonita. Canté mucho
del Flaco de Oro: Aventurera, Noche de Ronda, ¡uhhh,
qué sé yo cuántas! Canté de casi todos los autores mexicanos, de
María Greever, de Luis Demetrio, de Roberto Cantoral, y de los
cubanos Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Mario Fernández
Porta, Julio Gutiérrez, Tania Castellanos.
De la puertorriqueña Mirtha Silva grabé ese tema maravilloso (canta):
'Tú no sabes nada de la vida, tú no sabes nada del amor'; del
argentino Homero Expósito, su joya Vete de mí; canté de
españoles, de peruanos, de venezolanos, en fin, de medio mundo.
En España arrasé con Adoro, de Manzanero. Hasta me tienen
en el Museo del Disco de Madrid. He vendido más de 10 millones
de discos. Y no fue fácil, porque en aquella época el artista
cantaba a pura garganta y a pura interpretación.
¿Cómo hacías para pegar cuanto tema grababas?
Tuve muy buenos directores y productores. En Cuba, Jesús Goris,
el creador de los discos Puchito, tuvo la visión de que
Miénteme iba a ser el éxito más grande de mi carrera. Y en
México fue Memo Acosta el culpable de mis triunfos. Me produjo
17 años para los discos Mussart, y uno tras otro fueron hits.
Entonces, ¿es falsa la leyenda de que la Guillot sabía escoger
sus canciones?
Bueno, yo escogí Tú me acostumbraste. Se la escuche a
Bola de Nieve. Me gustó y por él me la aprendí. La grabé y
resultó un éxito mundial. Hoy voy por la calle y un chiquillo de
20 años me canta: 'Tú me acostumbraste a todas esas cosas y tú
me enseñaste que son maravillosas…', y yo le digo: ¡Niño, cómo
tú te sabes eso', y me dice con picardía: 'Por mi mamá y mi papá'.
¡Qué lindo!
José Antonio Méndez en La gloria eres tú escribió 'desmiento
a Dios', pero tú lo grabaste con 'bendito Dios'…
La estrené en la XCW de México tal como José Antonio la había
escrito, pero los productores me advirtieron: 'Acuérdate de que
México es muy católico', y me curé en salud, cambié la letra por
'bendito Dios'. Pero no creas que corregía las letras de todos
mis autores, los respetaba. Sólo lo hice con Chamaco Domínguez
en Miénteme. El maestro escribió 'tu amor fingido' y yo
dije 'mentido'. Es la única vez que equivoqué la letra de una
canción, porque te confieso que me equivoqué, y claro, como
salió en la grabación, todo el mundo se la aprendió así.
¿Y tu amistad con Juan Bruno Tarraza?
Me acompañó al piano cuando yo tenía 7 años, el tenía 14. Y
llegamos a viejos juntos. Estuve 30 años con Juan Bruno viajando
el mundo, mi director querido, mi amado pianista y mi
compositor, porque yo le grabé muchos de sus temas. ¿Recuerdas
Alma libre? (canta) 'Igual que un mago de oriente, por
temor y ciencia rara…'.
En Bravo, te vuelves agresiva, cantas a punto de matar o
morir decapitada, hasta te acusan de kitsch…
No, yo no soy ninguna agresiva, ni kitsch, soy intérprete. Si
Luis Demetrio escribe 'bravo, permíteme aplaudir, por la forma
de herir mi sentimiento', lo canto con fuerza, porque yo soy una
actriz que canta. ¿Se te olvidó mi interpretación de 'voy a
mojarme los labios con agua bendita?'. La canto como si
estuviera discutiendo.
Por la época en que cantas Me muero, me muero, de
Lolita de la Colina, se habla del arte nervioso, te ponían de
ejemplo a ti y a Lola Flores…
¿Por qué metes a otros artistas en mi entrevista? Por suerte me
preguntas por Lola, mi gran amiga. Nos admirábamos. Teníamos un
estilo parecido. Ella en gitano y yo en bolero, y la gente nos
concebía como lo que fuimos, hermanas. Nunca trabajé con Lola.
La única temporada que hice con otra artista fue con Sarita
Montiel, en Madrid, se llamó 'Nostalgia'. Seis meses a teatro
lleno con la señora Celia Gámez.
¿Tuviste amistad con José Alfredo Jiménez?
¡Niño, yo soy Olga Guillot! Todas las figuras artísticas nos
conocemos. Tú no sabes que los artistas somos como un partido
político. Además, yo no soy ranchera. Le canté varias rancheras
bolereadas a Lico, pero en mi estilo. ¿Cómo es aquella que dice:
'Amanecí otra vez entre tus brazos y desperté llorando de
alegría…?'. Y déjate de mortificarme, estás como uno que recién
vino de Cuba, que me preguntó que si yo conocía a Benny Moré.
¿Te aplaudes cada vez que te miras al espejo?
Un día, una señora me dijo: 'tú no me gustas', y yo le respondí:
'yo no tengo la culpa, yo canto para que todo el mundo sea feliz,
y si no te gusto, no compres mis discos, cambia de canal cuando
aparezca en televisión, apaga la radio, pero no me lo digas en
mi cara, que yo no me meto contigo'. ¿Te respondí? Y sin
modestia, yo siempre luché para triunfar y que me aplaudieran,
no para quedarme en mi casa a mirar las paredes.
¿Qué le dirías a los artistas jóvenes?
Que defiendan la calidad de la música, que no se dejen arrastrar
por lo comercial, por el dinero fácil. Deben respetar al público
que compra sus discos, que les da todo lo que tienen, hacer de
su carrera un sacerdocio.
Cuando recibiste en Las Vegas el Premio a la Excelencia Musical
de la Academia Latina de la Grabación, dijiste que 'la música
fue el apostolado de tu vida'…
Y sigue siéndolo. He antepuesto muchas cosas por el arte.
'Total, si no tengo tus besos, no me muero por eso, ya yo estoy
cansada de tanto besar…'. Como ves, he vivido en carne propia
algunos de mis boleros.
Has tenido cinco maridos. ¿No te soportaron?
No digas maridos, por favor, suena muy feo. Me casé cinco veces,
tuve cinco esposos, muy preparados e inteligentes, intelectuales,
pero los señores no aguantaron. Ningún hombre acepta que su
mujer esté por encima de él. Cuando veían que no podían competir
conmigo, porque ganaba tres veces más que ellos y era mil veces
más famosa, empezaba el desastre. Por eso, mi carrera ha sido mi
esposo y mi amante.
¿El compositor René Touzet fue el gran amor de tu vida?
También tuve un montón de aventuras, porque no dejé escapar a
ninguno. Con Touzet no me casé. Fui madre soltera.
¿Algún bolero relacionado con tus amores?
No de mi parte, pero sí de parte de ellos. El papá de mi hija me
escribió La Noche de anoche, que después de mí la cantó
medio mundo.
También te escribió: 'Me contaron anoche de tu vida y
hundieron mi vida en la desolación…'. ¿La anécdota que canta el
bolero es cierta?
No abuses, no creas que te lo voy a contar todo, para que luego
no pueda vender mi libro.
Ahora que estás retirada del escenario, ¿no te aburres?
¡Un momento! Estoy semiretirada. Escríbelo así, mi'jo. Las
noches de glamour de los teatros y cabarés de mi juventud las
tuve que terminar. Hay cierta edad en que ya una tiene que parar,
decir: 'hasta aquí'. Ya no puedo hacer largas temporadas en
teatros ni viajar el mundo como antes. Sólo doy algunos
conciertos para que el mundo no me olvide.
En Cuba, antes de la revolución, se podía caminar la Isla oyendo
tus boleros, pero hoy, generaciones de cubanos no te han
escuchado…
¡Pobrecitos! No tienen la culpa. No me conocen porque el sistema
comunista me borró. No sólo a mí, sino a muchos de los artistas
que tomamos el camino del exilio, como también apagó a otros que
se quedaron en la Isla. Y es muy triste, tú escuchas en la radio
de Buenos Aires a Carlos Gardel y a Libertad Lamarque, ves sus
discos en las vidrieras, hasta los más jovencitos cantan sus
tangos. Pero en Cuba silenciaron mis boleros, quemaron mis
programas de radio y televisión, mis recortes de prensa. Como si
Olga Guillot no hubiera existido nunca.
¿Cuándo fue la primera vez que oíste hablar de revolución?
En Santa Clara, en 1957. Yo inauguraba el cabaré Venecia, con
Fernando Albuerne, y nos sonaron una bomba que apagó la ciudad,
y tuve que cantar con velas en las mesas. Yo no sabía que
existía la Sierra Maestra, hasta esa noche.
Desde el inicio, el gobierno revolucionario acusó al bolero de
pesimista…
Si lo sabré yo. Retiraron mis discos de las vitrolas por
apestados. Pero ahora los están pasando en los hoteles a donde
van los turistas. Los mexicanos que vienen de Cuba me dicen que
oyeron mis boleros allá. ¡Es una burla!
¿Dónde resides actualmente?
Seis meses en México y seis en Miami. Soy agradecida, y México
me ha dado mucho. Pero el que no quiere a su tierra, no quiere a
nadie, y como no tengo mi isla, tengo que venir a cada rato a
Miami a comer arroz congrí y empaparme del sabor de los cubanos.
En tu casa, ¿qué música escuchas?
Lírica. Soy una cantante operática frustrada. No pude cantar
ópera, porque en el grupo donde empecé a dar clases de canto,
con la soprano Hortensia Coalla, yo era la más mala. Pero hoy,
entre Carmen y Traviata, ¡no te rías!, me encanta
escuchar a Olguita Guillot.
Creaste un estilo, te imitan…
No he enseñado a nadie, mi estilo caminó y los artistas jóvenes
aprendieron algo. Todos aprendemos de todos. Yo siempre quise
ser Rita Montaner, la más grande que ha dado Cuba. Cada uno
busca sus ídolos.
¿Qué es lo mejor que te ha sucedido?
Estar viva todavía.
¿Crees que tus boleros te sobrevivirán?
Como dice Manzanero: 'aprendí que puedo irme mañana mismo de
este mundo…'. Tendría que acabarse el amor para que mis boleros
desparezcan. Un nuevo arreglo, una nueva orquestación, y estarán
listos para acompañar las caricias (o provocarlas). ¿Y cómo
vamos a terminar esta entrevista? Ya sé, déjame a mí… espero que
me recuerden como la mujer que le cantó al amor.