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                          Juanes, la oportunidad y el juego

Por Jorge A. Sanguinetty


 

En las investigaciones científicas que los economistas vienen realizando conjuntamente con sicólogos se ha ido comprendiendo cada vez más cómo se interrelacionan el pensamiento emocional y el pensamiento racional en la toma de decisiones. El lector curioso puede querer asomarse a este segmento de la frontera actual del conocimiento en las ciencias sociales y consultar el magnífico artículo de Stefano DellaVigna titulado Psychology and Economics: Evidence from the Field (Sicología y Economía: Evidencia que Surge de la Práctica), acabado de publicar por la benemérita revista académica Journal of Economic Literature en su número de Junio del 2009. Una de las vertientes más importantes del estudio de la economía tradicional se ha enfocado en el proceso de toma de decisiones basado en el comportamiento racional de las personas. Aunque la economía desde su fundación como ciencia siempre tuvo una estrecha vinculación con la sicología, no fue hasta hace un cuarto de siglo que dicha relación se ha ido desarrollando con gran fuerza en lo que hoy es el programa de investigación conocido por Economía del Comportamiento (Behavioral Economics), que considera tanto los procesos decisorios racionales como los guiados por otros factores. Incluso hay investigaciones conjuntas donde mediante la aplicación de tomografías del cerebro humano se estudian las interacciones entre lo que se identifica como el centro del pensamiento emocional y el centro del pensamiento racional. Aunque resulte extraño a partir del título de este artículo, todo esto sirve para fundamentar el razonamiento que sigue.

Prácticamente cualquier cosa que hablemos, pensemos o hagamos sobre Cuba está siempre muy cargada emocionalmente y es lógico. No tengo que repetir aquí cuánto dolor y sufrimiento se ha acumulado en los cubanos durante estos últimos 50 años. Aunque no podamos medirla o ponderarla, la pena es profunda. Unas veces se lleva en silencio, otras se expresa de manera notable, pero siempre está latente y lista para saltar ante el menor de los estímulos. Si la expresión emocional de los cubanos a veces parece nublar el razonamiento es porque la pena pesa más cuando se lleva con un sentido de impotencia y frustración, con la impresión de que no hay mucho que hacer con relación a las causas del dolor, o sea, la permanencia de la maldición castrista sobre el país dónde nacimos.

Y de pronto se aparece el famoso Juanes y vuelven a hervir las emociones. Surgen la intifada de opiniones, la avalancha de analistas, el diluvio de artículos, los que apoyan y los que están en contra y todo produciendo la materia prima de la que se nutre nuestra industria del entretenimiento. Unos dicen que es bueno que Juanes vaya a Cuba para beneficio de los cubanos. Otros dicen que no, porque el gobierno castrista lo politiza todo y va a sacar provecho del evento. En fin, el inventario es enorme, pero lo que no abunda es el análisis frío y calculador de la situación creada por tal iniciativa, para ver si bajo su superficie existe alguna oportunidad favorable a la libertad de los cubanos.

Con relación al castrismo lo que guía siempre (o casi siempre, creo) mi pensamiento y mis acciones es la manera de hacer algo que sirva para acelerar su desaparición y que ayude a los cubanos a ganar espacios en esa sociedad. Nuestro pensamiento central debiera estar guiado por el hecho de que estamos frente a un juego de estrategia, rigurosamente hablando; algo parecido a un juego de guerra. Cuando nos enfrentamos a un adversario y queremos derrotarlo, nuestra primera prioridad es encontrar la estrategia ganadora. La parte emocional la tenemos que dejar para la victoria o para la derrota, nunca en medio del juego. El enemigo también juega su estrategia para ganar, lo cual hace que al comenzar cada batalla generalmente no sabemos si ganaremos o no. Pero para ganar hay que entrar en el juego y para ganar hay que saber jugar. El que entra sin saber no sólo pierde sino que puede perder mucho.

En el “juego” contra el castrismo y a favor de la libertad debemos tener en cuenta que hay muchos cubanos en la isla que llevan una lucha incesante contra sus opresores. Ignorar esa lucha es ofenderlos a todos ellos y ofender la memoria de todos los que han caído combatiendo la tiranía. Gústenos o no nos guste la manera en que se presenta, la iniciativa de Juanes es una rara oportunidad para que los cubanos de allá puedan mostrar conjuntamente su repudio al gobierno. Poco tiene que ver si es un concierto “por la paz” o si los testaferros de los Castro estén tratando de politizar el evento. El hecho es que la inmensa mayoría de los cubanos que vayan a ver a Juanes cantar y brincar con otros payasos están hartos del castrismo. Si creemos que los cubanos deben ser libres, dejemos que ellos manifiesten libremente sus preferencias sobre si asisten o no al concierto. Confiemos en que ellos sabrán qué hacer con su libertad, condición esencial de la democracia.

En este tipo de juego, es importante que dejemos jugar a los que saben o pueden jugar. No creo que sea justo que alguien que no sabe cómo jugar se oponga al juego de los que creen que pueden ganar. Ningún juego es seguro. Nadie sabe como acabará. Pero si no dejamos jugar a los cubanos y los sometemos al inmovilismo castrista, los estamos condenando a perder, lo que no es justo ni inteligente.

 

Diario Las Americas
Publicado el 08-29-2009

 

 

 
   

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