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EXONERACIÓN TELEVISIVA DE FIDEL CASTRO

                          POR: ENRIQUE ROS                            

 


En uno de los programas de mayor teleaudiencia en nuestra comunidad, se están presentando vistas, que sin duda captan el interés del televidente, del juicio celebrado años atrás al General José Abrantes, jefe del MININT, o Ministerio del Interior.

Los dos personajes centrales de estos videos son el Fiscal Teniente Coronel Felipe Alemán y el Jefe de la Seguridad del Estado, el General de División, José Abrantes. No se han presentado en estos programas, hoy, en Mayo del 2007, con la excepción del esfuerzo de exculpar a Castro, ni un solo dato que no hubiera sido ya expuesto, con los mismos detalles, en una obra publicada en Enero de 1999 por la Librería Universal.

La diferencia, la gran diferencia, es que en la obra publicada hace ocho años, se mostraban las claras evidencias de la participación en el tráfico de drogas, del Comandante en Jefe, de su hermano el Ministro de las Fuerzas Armadas y de la dirección del Partido Comunista de que ambos eran, respectivamente, Secretario General y Segundo Secretario General. Y en esta telenovela, los hermanos Castro y el Partido quedan exonerados. Nada sabían.

El Teniente Coronel Alemán, una y otra vez conduce su interrogatorio a mostrar el desconocimiento de los grandes culpables, sobre este tráfico. Con dramáticas y extensas alegaciones obliga al antes poderoso y temible Jefe de la Seguridad del Estado a afirmar que ni el Comandante en Jefe ni el Ministro de las Fuerzas Armadas ni el Partido conocen del narcotráfico porque “esta información está “compartimentada”; y, por tanto, no podían saberlo.

Lo que no muestra la cinta, que con tantos detalles se está exhibiendo en las pantallas de la televisión, es que el proceso, destitución y juicio de Abrantes representaba la culminación de una vieja pugna entre el MINFAR (a cargo de Raúl Castro, Jefe de las Fuerzas Armadas) y el MININT que controlaba todos los órganos de seguridad del estado y le daba a Abrantes un poder que el ministro de las Fuerzas Armadas resentía. Y temía.

Tres meses antes de este proceso, el 26 de marzo, al conmemorarse el trigésimo aniversario de la creación de los órganos de la seguridad del estado, Raúl Castro le hacía llegar una carta de felicitación al General de División José Abrantes Fernández, destacada en la primera plana del periódico Granma.

Los elogios no sólo los prodigaba Raúl. También los dispensaba con largueza Fidel Castro: “Cuando se le rinde homenaje a la seguridad del estado, se le está rindiendo homenaje a todo el pueblo”. En el homenaje, junto a los grandes líderes, se encontraban los miembros del Buró Político, del Secretariado y del Comité Central, del Partido, El 6 de junio recibe Abrantes más honores. En un acto presidido por el Jefe de las Fuerzas Armadas para celebrar el aniversario 28  de la constitución del MININT correspondió al General de División, José Abrantes el discurso central.

Abrantes quería ser útil a los que serían sus verdugos. Por eso el domingo 18 de junio, a los pocos días de haberse difundido la noticia del arresto del General Arnaldo Ochoa, el diligente Ministro del Interior viajó secretamente a Panamá para trasladar a La Habana a 6 diplomáticos cubanos acusados de estar vinculados al tráfico de drogas.

Abrantes regresó a Cuba llevando a los 6 diplomáticos que pertenecían al aparato cubano de inteligencia, junto a otros 12 funcionarios cubanos de la zona de Colón. La noticia la transmitió -¡hace 18 años!- la cadena norteamericana de televisión CNN. De nada le valió a Abrantes este postrer servicio. En menos de tres semanas pasó de la cima de poder al más profundo abismo. Lo vimos, titubeando, alegando total amnesia para exculpar a sus verdugos. Sólo está seguro de no haver informado a Fidel ni a Raúl ni al Partido, porque los “rumores” de tráfico de drogas están “compartamentalizados”. Todo esto había “confesado” en el proceso que se inició antes de llevarlo al teatral juicio.

Como el Comandante en Jefe, Raúl y el Partido “nada saben” se le procesa a Abrantes en la Causa No. 2 de 1989 del Tribunal Militar Especial. Junto a él serán juzgados los coroneles Pascual Martínez Gil, Roberto Gonzalo Caso y Héctor Carbonell Mendes, todos del MININT, y los tenientes-coroneles Oscar Carreño Gomes, Manuel Gil Castellanos y Rolando Castañeda Izquierdo.

El Tribunal Militar Especial lo preside Ulises Rosales del Toro y lo integran, como jueces, el General Jesús Bermúdez Cutiño y el Contralmirante Pedro Pérez Betancourt. Actúa de Fiscal -y en la televisión aparecerá en más de la mitad de la “cinta probatoria de la inocencia de los dos Castro”-,  el Teniente Coronel Felipe Alemán Cruz.

Porque hay que cumplir con todas las apariencias legales se les asignan abogados defensores. Por supuesto en la cinta, por débiles que fueran sus exposiciones, no resultaba conveniente mostrarlos. Los defensores, tímidos y deficientes, son los hombres invisibles de la telenovela.

Sólo dos meses antes, el 14 de junio, para sorpresa de toda la comunidad cubana e internacional, había sido arrestado el General Arnaldo Ochoa, “Héroe de la República de Cuba”, que regresaba, cubierto de gloria, de sus grandes “victorias” en Angola, Etiopía y Somalia. No lo arrestan por tráfico de drogas, sino por su “desenfrenado populismo”, repartiendo regalos y objetos de valor a oficiales, por encima de todas las formas establecidas”. Pronto, ese era el prpósito, los cargos cambiarán radicalmente. Junto a Ochoa son arrestados, por tráfico de droga, el General Patricio de la Guardia, que había sido jefe del Estado Mayor Central del Ministerio del Interior y, posteriormente Jefe de la Misión Militar en Angola; el Coronel Antonio (Tony) de la Guardia, que está al frente del Departamento de Moneda Convertible (DMC), -siglas que en el argot popular significaban “Drogas, Marihuana, Cocaína- y otros oficiales más.

¿Qué origina este espectacular proceso, que conducirá a José Abrantes al posterior juicio? La información que el 11 de junio, la prensa americana (Associated Press) dio a conocer de la preocupación del Presidente Bush sobre el reciente aumento del tráfico de drogas con la participación directa de las autoridades cubanas. Tráfico que había quedado en evidencia años atrás por las pruebas presentadas ante un Gran Jurado Federal, precisamente aquí, en Miami, que involucraban, entre otros, nada menos que al Vicealmirante de la Marina Cubana, Aldo Santamaría Cuadrado. Para vergüenza del sistema judicial cubano el Vicealmirante Santamaría, ascendido a Jefe de la Marina, será uno de los jueces en el Tribunal de Honor que juzgará a Arnaldo Ochoa por tráfico de drogas.

En el juicio se expresó por su principal ayudante, el Capitán Jorge Martínez, que Ochoa le había informado que la operación del tráfico de drogas “lo había discutido al más alto nivel”. La clara vinculación de los hermanos Castro había que destruirla.

De esto se ocuparía la cúpula gobernante en el juicio a que serían sometidos, días después, el General de División, José Abrantes, Ministro del Interior, Jefe de la Seguridad del Estado, que ahora nos están presentando en las pantallas de televisión. Los malos, los delincuentes, los traficantes, son otros. Fidel Castro, Raúl Castro y el Partido Comunista son inocentes. Ellos, nada sabían. Les habían “compartimizado” toda la información.

El mejor regalo para el Comandante en Jefe, Primer Ministro y Secretario General del Partido Comunista, en este Primero de Mayo.

En el comercio lo que importa es el “cash”. En televisión, lo importante es el “rating”. La verdad histórica es un estorbo.

 

 

 
   

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