Search
English | Español | Deutsch | Русский
 
 Nosotros
Panorámica
Personal
 
Contenido
Transmisiones
Artículos
Documentos
Libros
 
Enlaces
Prensa
Organizaciones
 

 

 
 

A la espera del tiempo real

Por Vicente Echerri 


      

 

Para un cubano, la fecha de hoy --que marca el suceso que parte en dos nuestra historia como nación independiente-- es imposible de evadir, especialmente si se trata, como es el caso, de una conmemoración tan significativa como el cincuentenario. Cincuenta años han pasado desde que la renuncia y partida de Fulgencio Batista trajera consigo --aunque muchos no lo vieran entonces así-- el colapso de la república, el fin o la degeneración de nuestras instituciones y lo que, en mi opinión, es una de las secuelas más pavorosas del castrismo, la congelación del tiempo real.

Podría decirse --si quisiéramos explicar lo que ocurrió a manera de relato fantástico o parábola-- que la desaparición del viejo orden fue, más que el derrocamiento de una dictadura, la substracción de unos ingredientes vitales de ese compuesto que definía substancialmente lo cubano; en ausencia de los cuales, los elementos restantes fueron incapaces de recobrar la identidad para convertirse en una enfática fantasmagoría que podría ilustrarse como un Sísifo rodeado de espejos, donde toda una nación no sólo reitera un esfuerzo inútil sino que ve reflejada ad infinitum su propia imagen en el acto de la inutilidad.

Así como una guerra termina formalmente cuando los jefes de Estado firman un armisticio, aunque los soldados puedan seguir combatiendo en el frente durante cierto tiempo; la intemporalidad descendió sobre los cubanos aquel 1 de enero de hace medio siglo, aunque ese efecto viniera a constatarse año y medio o dos años después cuando se impuso formalmente el modelo totalitario. Al igual que en el mito de la Bella Durmiente, todos los cubanos nos quedamos hechizados aquel día, con el agravante de que, a diferencia de lo ocurrido en el cuento de hadas, envejecemos.

Aunque los cubanos nacidos después de aquel aciago 1 de enero no se libran del hechizo que trajo esta parálisis del tiempo; muchos de los que recordamos, aunque sea desde la memoria de la niñez, el país que el castrismo sustrajo de la realidad, tenemos que agregar la nostalgia por ''el tiempo perdido'' (nunca mejor dicho) y una profunda --y engañosa-- sensación de provisionalidad, que nos hace percibir esta larga tiranía como una extravagancia transitoria en nuestra historia nacional, como una enfermedad siniestra de la que tendremos alguna vez que reponernos para reingresar, colectiva e individualmente, en el tiempo real. Que ese reingreso se haya demorado --hasta ahora, medio siglo-- acentúa ciertamente la frustración, pero no logra disipar la transitoriedad. El castrismo no es igual a la realidad permanente de Cuba, aunque dure otro medio siglo.

Por mucho tiempo creí que esa renuencia a aceptar el orbe que la revolución impuso (hábitos y leyes, ideología y discurso, psicología y maneras) era una excentricidad particular, algo que sólo me pasaba a mí y que explicaba mi total inadaptación en los veinte años que padecí el castrismo: yo esperaba día a día la reposición de la antigua república, es decir, el sistema multipartidista y bicameral, las libertades de prensa y opinión, la prosperidad inherente a la libre empresa y el respeto por las tradiciones consagradas. En su lugar, la revolución en el poder se revelaba como una perpetua transgresión: borraba linderos físicos y sociales, satanizaba el pasado, exaltaba los ademanes de la canalla, imprimía en personas y cosas un timbre de fealdad. ¿Cómo podría tal desastre no ser más que una enfermedad pasajera?

Tendrían que pasar muchos años para llegar a descubrir que mi sensación de irrealidad y de parálisis era compartida por muchos otros cubanos, sobre todo de mi generación. Una amiga querida sabría definirlo muy bien cuando ya el castrismo tenía más de 40 años en el poder: ''sigo a la espera de que toda esta basura pase para volver en septiembre al colegio de las monjas con mis doce años de entonces''. En una frase me revelaba como suya mi raigal inconformidad con la subversión de valores que se nos impuso y nuestra incapacidad de aceptarla como definitiva.

Ala espera de que nos sea devuelto el mundo que nos arrebataron, muchos cubanos hemos visto transcurrir la vida y acercarnos a las puertas de la vejez. Muchos incluso han muerto en esa espera. A cincuenta años exactos de la llegada de la revolución que tantos celebraron, el inmenso desastre que ha sido el castrismo sirve para reafirmar nuestra incapacidad de aceptarlo como un acontecimiento auténtico o permanente. No importa cuánto pueda durar el hechizo, alguna vez Cuba habrá de volver al tiempo real.

 

©Echerri 2008

 

El Nuevo Herald 

Publicado el jueves 01 de enero del 2009

 

 

 
   

.
New Cuba Coalition
P. O. Box 14077
Washington, D. C. 20044-4077
Dr. Emilio-Adolfo Rivero — President
Ernesto Díaz-Rodríguez — Vice President
e-mail:
Cuba@newcubacoalition.org