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LA IRRENUNCIABLE ESPERANZA DE UNA CUBA SIN REJAS
Por Ernesto Díaz Rodríguez Secretario General de Alpha 66
Ya estamos en las puertas del año 2009. Detrás han quedado ilusiones de una Cuba libre, renovadas durante cinco décadas y que en este nuevo calendario, por donde comenzaremos a transitar el 1ro de enero, para la inmensa mayoría de los cubanos será el anhelo más importante y la esperanza irrenunciable de cada día. Ojalá sea este el año donde podamos romper las cadenas que ha impuesto al pueblo de Cuba la tiranía de los Castro. Sabemos que llegará el instante de ese acontecimiento histórico y feliz. A pesar de las adversidades que irónicamente suele imponer el destino a los que luchan por un bienestar común, las causas justas al final siempre triunfan. Es la recompensa al sacrificio, a la entrega desinteresada a un ideal de amor y de justicia como el nuestro, que hemos defendido con honestidad y decencia, con coraje y valor. No importa el tiempo ni los sacrificios adicionales que aún nos tenga reservado el destino. Luchar por la libertad, rebelarse sin contemplaciones contra un régimen de fuerza, de oprobio y maldad es satisfacción para el espíritu y es recompensa en sí, exalta y fortifica la conciencia humana. Alpha 66 se siente, hoy más que nunca, unida en sus intenciones de libertad al pueblo de Cuba. Se siente como parte inseparable del dolor y las agonías de ese pueblo infeliz a causa del enajenante experimento de un sistema político impuesto a punta de pistola y sostenido en la abominable práctica del terror (terrorismo de Estado, más vergonzoso aún que todas las otras fórmulas de extorsión, chantaje y crimenes). TERRORISMO, que debemos escribir con mayúsculas, practicado sistemáticamente por un grupo de incondicionales al tirano. Ya estamos en las puertas del año 2009 y en nuestra memoria está el sufrimiento de las madres que han perdido a sus hijos en los paredones de fusilamiento. De los luchadores que languidecen entre rejas por su amor a la libertad, por su vocación democrática, por decir lo que piensan, como les enseñó Martí, Cuba, sin temores ni hipocresía. Está en la sombras del fondo del océano, donde miles de injustificables tumbas simbolizan la desesperación de un pueblo por alcanzar la libertad, un pueblo en fuga lamentable, e ininterrumpida, a través del Estrecho de la Florida; un pueblo acosado y perseguido, en fuga de ese infierno inundado de sangre, fiel al pensamiento martiano; pueblo romántico y soñador al que Castro convocó en su lucha insurreccional bajo el lema de "Cambio" y la falsa promesa de "elecciones libres" y "democracia representativa". Porque para todo hombre de fe cada ocasión es buena para reiterar el compromiso con su propia conciencia, su decisión de seguir adelante por el filo del viento, o con los piés descalzos sobre los braseros de la patria y los arrecifes de la ingratitud de quienes nos censuran, sin otra razón que su conformidad con arrastrar las cadenas de la tiranía, vale la pena que hoy repita una vez más: nuestra lucha no ha terminado. Seguiremos adelante, golpeando con el puño de la conciencia nacional, de la razón, cualquiera que sea el precio a pagar, aceptando como única meta a nuestro destino la erradicación del poder de los Castro, de su anciana y ruinosa "revolución".
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