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Ética y Moral en una Cuba Democrática

Este esbozo de trabajo se realizó (ca. 2000) a petición de José Antonio Font, para el Programa de Formación Democratica de la Alianza Democrática, con sede en Washington, D.C.


   

Posibilidad de un diálogo que pudiera ser fecundo

Adentrarse en la cuestión de los valores en Cuba, en tiempos en que se ha cuestionado hasta su misma existencia, requiere información extensa sobre la vida de los cubanos, en el territorio cubano y en la diáspora, análisis sobre la misma, intercambio de ideas, atención a los criterios que se expongan, y deseos de ser útil. Lo que aquí mencionaremos, consideración de algunos de sus aspectos, quizá sugiera implícitamente la conveniencia de propiciar un diálogo sobre ese tema, cuya importancia demanda ponderación de los que quieren servir a su patria y pueblo. Es oportuno tratar sobre ética y moral cuando nos preparamos para una transición a la democracia, pues Cuba tiene antecedentes históricos suficientes tanto como para confiar en los cubanos como para recomendarles una vigilancia sin tregua, sobre sí y todos los que puedan influír en su presente y futuro.

 

Ética y Moral en una Cuba Democrática

Supuestos básicos

                                                                                                                    a)  Hay términos de significado variable, determinado por el arbitrio de quien los usa. En lo que aquí tratamos,entiéndase que al mencionar ética y moral lo hacemos acercándonos a su sentido etimológico, es decir, caracter y costumbre. Son temas que han merecido amplio estudio a través de los tiempos, y que requieren atención repetida, pues se originan en realidades cambiantes. Es desde el medio que las forma que debemos iniciar su comprensión.

b) Sobre ética, advertimos que cada persona, en el proceso que conduce a la adultez, y durante la misma, desarrolla una comprensión de los matices y jerarquías de la vida social, que crea una escala de valores y actitudes que, al hacerse perceptible, llamamos caracter. La moral, a su vez, en sentido lato, es considerada como normas que guían la relación que los componentes de una sociedad tienen entre sí, reflejando la forma en que entienden el bien y el mal. Las costumbres de esa sociedad y el caracter de los que la forman se influyen recíprocamente en acción, omisión y reacción, y no se conciben unas sin el otro.

c) Las sociedades separadas en circunstancias y tiempo generan vaores éticos y morales disimiles, adecuados a favorecer en cada caso la supervivencia del individuo y del grupo social. Suele suceder que, a veces, al estudiarlos, se les considera incomprensibles, o absurdos. Esto se debe a que el observador pertenece a a escenarios totalmente distintos, que han generado ética y moral propias. Se evidencia entonces el error de juzgar valores separándolos del contexto que los creo. Todos deben ser entendidos como productos de experiencias sociales concretas, que originan ëtica y moral adecuadas a una realidad e inaplicables en otra.

 

d) La persona en su totalidad es, a la vez que individuo, eslabón de la especie, y se reafirma como.uno y otro en tanto y cuanto defiende el bien común. Una falta de participación en situaciones individuales o sociales, cuando puede y debe ofrecerse, es una mengua en nuestra esencia humana. Defender intereses personales y sociales con empeño equivalente, adecuado al caso respectivo, es realizarnos como persona. Es simbiósis de ética y moral.

 

e) Suele ocurrir confrontación entre el caracter, que es personal, y las costumbres, que son sociales. Los instintos de conservación, individual y de la especie, son telón de fondo a ese enfrentamiento entre ética y moral, La superación del conflicto, el equilibrio entre esas fuerzas que pueden contraponerse, resulta piedra de toque y meta final del caracter y las costumbres.

 

f) Son variadas las experiencias sociales, tienen un amplio espectro de estructuras y fluctuaciones y han aparecido con duración y ritmos distintos en el decursar histórico. De ahí que haya concepciones diversas de moral y caracter. Sucede además que, repetidamente las sociedades han hecho tabla rasa, en corto tiempo, de valores vigentes por décadas o aun siglos, al ser inoperantes en una nueva situación. Tal es el caso que se presenta, entre otros, en conquistas a través de guerras, o vuelcos internos en procesos revolucionarios. En el siglo XX, regímenes socialistas totalitarios han sucedido a monarquías, y a su vez han sido desplazados por sistemas multipartidistas. Las resultantes conmociones políticas, sociales y económicas originaron crisis de valores que, inevitablemente, fueron obstáculo de mayor o menor momento a la colaboración social y sus posibles logros.

 

g) Dada la reiteración de esos cataclismos sociales-y Cuba es un ejemplo- surge la pregunta:¿como aminorar sus consecuencias dañinas o, más aún, obtener de ellos beneficios? ¿Cuáles valores deben primar para que una sociedad sobreviva y progrese, en esos períodos en que las estructuras existentes se colapsan y los rumbos se pierden? Dar respuesta tentativa a esas preguntas es consideración de muchos. Se busca así la forma de lograr para Cuba un tránsito a la libertad, cuyo éxito esté determinado por sus incentivos. Las experiencias de otros pueblos y períodos históricos permiten esperar que en ese proceso se desarrolle una moral en que los cubanos puedan percibir la validez de su esfuerzo personal, y las recompensas que acarrea.

Es útil insistir en que no se pretende crear valores éticos y morales a fin de lograr el éxito de la sociedad democrática. El camino es el opuesto: se quiere crear una sociead democrática cuyo triunfo sea posible y que conduzca paulatinamente a la formación de valores, hasta que se hagan permanentes. La labor, de largo aliento, requerirá señalamiento de objetivos y voluntad de rectificar curso cuando sea necesario para alcanzarlos.

Si bien es cierto que, según experiencia creciente, la recuperación de países que tuvieron.regímenes totalitarios, seriamente endeudados, de baja competitividad, se ha logrado siguiendo más de un modelo, es igualmente comprobable que hay uno de ellos, el control estatal de la economía, cuyo fracaso está universalmente comprobado. Como lo está igualmente el de cambios económicos paulatinos de sistema totalitario a régimen de mercado. Las experiencias triunfantes, logradas a un alto costo social, han sido aquellas en que se ha usado la llamada terapia de choque, que en el caso cubano deberá ser menos traumática, debido a la influencia positiva que tendrá lo población cubana expatriada, vuelva o nó al territorio nacional. El gran reto, en el que los cubanos pudieran ser innovadores, es el de crear la preocupante malla de seguridad, en que la población de menos recursos económicos vea atendida sus necesidades básicas, i.e., alimentación, vivienda, salud y educación. La experiencia social irá creando las normas éticas y morales que acompañarán el empeño total.

h) Mientras se reconstruye el país, se consolidan los valores sobrevivientes, y se van creando otros nuevos, ¿pueden estimularse, a distintos niveles, tipos de conducta y y convivencia? Si queremos señalar pautas caracterológicas y morales, debemos tener en cuenta no sólo lo necesario y deseable sino también su contrapartida, lo que hay que evitar por antisocial y proscrito. Esto requiere un esfuerzo colectivo prolongado, justificable por el fin que se persigue.

De aceptarse inicialmente como válidos los anteriores supuestos ¿cuáles son las actitudes personales y sociales a estimular, ¿como debemos hacerlo, y quienes estarán a cargo de orientar ese esfuerzo masivo? Para contestar a esas preguntas es conveniente tener ideas, aunque sean someras, de lo que fue, es, y podrá ser ser la realidad cubana en cuanto a valores vigentes

Situaciones Actual y Futura

1. Probabilidad de un cambio.  Discurrir sobre un cambio de gobierno en Cuba, o la forma en que puede acaecer y desarrollarse, es asunto necesariamente conjetural. Tratarlo no implica formular profecías, es más bien considerar situaciones que pudieran presentarse. Sin embargo, puede decirse desde ahora que ese momento histórico requerirá cohesión social, que se logrará o nó según los valores vigentes durante su desarrollo. De ahí que será útil considerar cuáles serán la ética y la moral que nos encontraremos al momento de iniciar la transición, como pudieran evolucionar, y forma de influir para que aporten beneficios óptimos.

Es más que posible, probable, que el cambio de gobierno en Cuba implique una transición a la democracia y que, para atraer inversionistas y negociar financiamientos, se trate de lograr rapidez en el proceso. Ese giro hacia la democracia será viable y permanente en cuanto vaya acompañado de participación popular. Fórmulas ideadas y ejecutadas "desde arriba" posiblemente no atiendan conflictos latentes, haciendo ilusoria la estabilidad política. Y sin ésta, no habrá recuperación economica. Y sin ambas, proseguirá la crisis de valores, lo que a su vez hará dificil afrontar los problemas del país. Es círculo vicioso que debe ser trascendido por el esfuerzo de muchos.

1.1  Punto de partida.    Es comprobable que después del triunfo revolucionario de 1959, y durante años, un gran sector del pueblo mantuvo su preferencia por valores tradicionales, aun al precio de grandes sacrificios. Quizá un ejemplo dramático fue el de los miles de familias que enviaron sus hijos menores al extranjero, pues no querían verlos educados en la moral dictada por el Estado, que les era totalmente ajena. Pruebas adicionales fueron los miles de fusilados por oponerse al sistema gobernante, las decenas de miles de presos politicos, una emigración de más del diez por ciento del pueblo, y entre cincuenta y setenta mil muertos tratando de escapar de Cuba por el Estrecho de la Florida entre 1959 y 1994. Aquella rebeldía, que se mantiene y extiende, es debida en parte a la permanencia de algunos valores tradicionales , inclusive en aquellos que no los advierten.

En la Cuba actual, el individuo desarrolla un caracter orientado a la supervivencia diaria, propia y de la familia que de él depende, limitando su compromiso social, entendido como un todo, a lo indispensable para sobrevivir. Tiene una ciudadanía que ejerce a niveles mínimos. Influye en la formación de su futuro personal sólo en forma parcial y aleatoria. Su vida no encuentra lugar en la realidad descrita por el gobierno, que es virtual, inexistente. Es esa la situación de las grandes mayorías, alienadas del curso del país y del rumbo que pueda tomar. Parecen vivir en un país derrotado, bajo un ejercito de ocupación. Se sienten ajenos al Estado dentro de cuyas estructuras viven, y que está sostenido por una minoría armada, al servicio y provecho del grupo gobernante. En un medio tal, se reducen al mínimo las metas comunes. La ausencia casi total de visiones de futuro desalienta la realización de esfuerzos colectivos.

Aun en esas condiciones, quedan minorías con escala de valores en que tiene sentido la relación de ética y moral. Ese es el caso de grupos de oposición y organizaciones fraternales, que suscriben deudas importantes de solidaridad humana y social. Súmenseles las denominaciones religiosas que, siguiendo dogmas propios, jerarquizan valolres y desarrollan estrategias y tácticas que les abren espacio dentro de un sistema totalitario. Las circunstancias han exigido concesiones por parte de todas esas minorías. Ha sido una labor difícil y compleja, que ha temperado ideas políticas o dogmas con la realidad de un gobierno hostil. Limitados hoy, han sacrificado objetivos inmediatos para llegar al mañana que esperan. Al hacerlo, han contribuído a la permanencia, más o menos precaria, de ética y moral esenciales. La labor de todos ellos permite afirmar que quedan valores en Cuba, al igual que en la diáspora. Son estímulos a la supervivencia de todos y bases sobre las que se arquitectará el futuro.

La situación existente explica la afirmación, que se ha ido generalizando desde hace cuarenta años, de que en Cuba hay crisis de valores. Y es que bajo el sistema totalitario el caracter no se desarrolla para existir en armonía con los códigos morales de la sociedad, sino para sobrevivir frente a un esquema oficial que ignora o se contrapone a la experiencia social. Las normas vigentes responden a una realidad imaginaria, que es la que propugna el Gobierno desde las estructruras de poder. Todo parece indicar que ese estado de cosas y la crisis que genera, se mantendrán hasta el momento en que comience la transición. Será necesario superarlos para posibilitar un renacer nacional. La labor será compleja y deberá realizarse en distintos niveles.

1.2   Objetivo. Queremos folmentar valores éticos y morales que sean óptimos en facilitar la reconstrucción del país y en mantener su prosperidad una vez lograda. Y hemos recordado que los valores se forman a partir de experiencias sociales concretas. De lo cual se infiere que en la medida que influyamos sobre éstas contribuíremos a la formación de aquellos. También nos referimos al conflicto normal entre el caracter y las costumbres, y al hecho de que los instintos de conservación del individuo y de la especie son telón de fondo a ese enfrentamiento. Buscamos pues la armonización entre los intereses sociales y los personales. Al lograr que el individuo perciba beneficios para su supervivencia y la de su familia, como resultado constante de sus esfuerzos, obtendremos por añadidura, al paso del tiempo, la formación de escala de valores.

Dado que el cambio que se producirá en el momento de la transición afectará hábitos y estructuras vigentes durante más de cuarenta años, es de esperar que se produzcan desfases iniciales entre lo que se pretende hacer, los medios para lograrlo y las personas que lo harán. Además, el alivio ante el fin de la represión estatal irá acompañado por el desconcierto de los que se acostumbraron a una vida guiada en casi todos sus detalles, y que necesitan adecuarse a tener iniciativa propia. Se encontrarán en el caso de haber perdido la escala de valores impuesta por el Estado, sin haber formado aún la que produce la experiencia social. Es inestabilidad psicológica que debemos comprender.

1.3   Comienzos en la formación de valores.  La forma en que se inicie la transición, y quienes la dirijan, pueden determinar variantes difíciles de predecir, dada su complejidad y los niveles diversos en que ha de efectuarse. Aun así, puede preverse que las primeras medidas que adopte el nuevo gobierno establecerán un ordenamiento constitucional, leyes y reglamentos, un poder judicial que los haga efectivos, fuerzas armadas que garanticen el órden público, una hacienda que provea ingresos estatales, y ordenamientos de los sistemas educacionales y de salud pública. O sea, producir sensación de seguridad en el hoy y confianza en el mañana. Es útil recordar que la percepción inicial que tenga el pueblo sobre la transición, de ser positiva, ayudará mucho en la paulatina creación ética y moral, durante ese proceso y para el futuro estable que le debe seguir. Esto elimina, o aminora notablemente, l.os daños resultantes al quebrarse la escala de valores en una sociedad.

Disipar temores e incertidumbres, normales en un cambio de régimen, es quizás una de las tareas más importantes en la transición. Los financiamientos, préstamos e inversiones que se realicen, heraldos de prosperidad, tardan tiempo desde su concepción hasta ser aprobados y puestos en ejecución. Ese lapso puede ser de varios meses o más de un año. Mientras tanto, hay que estimular y mantener la confianza pública. Proveer fuentes de empleo, asegurar pagos de pensiones, transportes , abastecimientos y comunicaciones, son medidas prioritarias del gobierno. El ciudadano vuelve así a sentirse parte del Estado, se restaura correspondencia entre el individuo y la sociedad en que vive, entre ética y moral. Surge entonces un estado de opinión que alienta la iniciativa privada y propicia que se vea recompensada. Se facilita así la formación de rasgos de caracter tales como el amor al trabajo y responsabilidad familiar. A su vez, ese triunfo posible de cada individuo en la economía de mercado, por los beneficios que ofrece la libertad, influye en el proceso de formación de la moral.

2.  La Tarea.  ¿Y cómo se dará impulso a esa gran fuerza de iniciativa privada que debe reconstruir el país? ¿Se fomentará así la confirmación o creación cuando se requiera, de la escala de valores que requiere una democracia? ¿Cúales deben ser los valores principales en la situación cubana?

Es opinión de muchos que la reconstrucción económica de Cuba puede desarrollarse a paso acelerado.  Esa noción parece tener fundamento:

2.1  En Cuba.  Con la existencia de afán empresarial y avidez de desarrollar la iniciativa privada fuera de las estructuras estatales. Prueba abundante se encuentra en los éxitos logrados por los cuentapropistas y campesinos independientes. Cada vez que el régimen, presionado por sus propios fracasos, permite actividad al márgen de los mecanismos estatales, tanto la producción agricola como la de bienes y servicios en los centros urbanos muestran un crecimiento rápido, con notable éxito económico. Pero esa prosperidad se transforma inevitablemente en influencia política, y esto amenaza a Castro. Es por eso que las aperturas son sólo temporales, y a ellas se pone fin ya sea con retiros de licencias, con impuestos e inspecciones, con limitaciones a los campesinos o con otras disposiciones del aparato estatal. La voluntad de trabajo, la creatividad, el poder de la iniciativa individual, con sus valores morales implícitos, están presentes en el pueblo cubano, sólo necesitan oportunidad de manifestarse. Las agrupaciones profesionales independientes, numerosas, entre las que se encuentran, entre otras, las de periodistas, abogados agramontistas, economistas libres, y pedagogos, han hecho labor de proselitismo entre los intelectuales y su voz ya ha tenido impacto en el extranjero.

2.1.1. En la diáspora, y en extranjeros simpatizantes con la libertad:

2.2.1.1     Con los trabajos realizados durante años por la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE, de su acrónimo en inglés) y los patrocinados por el bufete Shaw, Pittman, Potts and Trowbridge, coordinados por el abogado Matías F. Travieso Díaz. El paso de la economía estatal a la de mercado ha sido contemplado en conjunto y detalle. Lo realizado, que demuestra profesionalidad y conocimiento de los temas tratados, y que requerirá ajustes según la realidad en el momento del cambio, evidencia deseo de participar en la reconstrucción de Cuba, y capacidad para hacerlo.

2.2.1.2   Con esfuerzos como el de Armando Lago, ex-presidente de la ASCE, quien ha estado enviando a Cuba, tanto a funcionarios del régimen castrista como a bibliotecas, volúmenes que recopilan los trabajos de esa organización. O sea, una iniciativa en que los mismos funcionarios del régimen pueden percibir sus errores y como se concibe en la diáspora la reconstrucción de Cuba. Es de señalar que existen testimonios de que esos volúmenes se encuentran en los despachos de altos funcionarios del régimenc castrista.  

2.2.1.3   Con labores como la del periodista Adolfo Rivero Caro, quien ha estado enviando a intelectuales cubanos las mejores obras del pensamiento actual norteamericano sobre la economía de mercado, el desarrollo de una sociedad abierta y los obstáculos que afrontan.

2.2.1.4   Con la intensa actividad de los sindicatos independientes fuera de Cuba, que han realizado una actividad intensa coordinados con sindicatos correspondientes en el territorio nacional. El grado de organización logrado parece anunciarlos como futuros dirigentes de la clase obrera cubana. En este sector ha dejado impronta la labor del escritor y poeta, ex-preso político, activista laboral, Ernesto Díaz Rodríguez.

2.2.1.5 Con la coordinación que preparen los empresarios de la diáspora para desarrollar la pequeña y mediana empresa en Cuba. El principal motor de la reconstrucción económica de Cuba ha de ser la clase empresarial. En tanto y cuanto conozcan y aprecien la labor de los cuentapropistas en Cuba, mas preparados estarán para en su eventualidad conocerlos, estimularlos y asociarse con ellos. Además, considerar que en los Estados Unidos hay miles de compañías, algunas muy poderosas, que han prosperado con la política de hacer partícipes en las ganancias a sus obreros y empleados. Es una avenida promisoria que se debe explorar y quizá eventualmente recorrer.

Las actividades señaladas, dentro de Cuba y en la diáspora, tienen y tendrán, como resultado.marginal, la confirmación y creación de valores éticos y morales, pues a tiempo que requieren actitudes personales impactan la sociedad, creando costumbres, es decir, moral.

De lo señalado anteriormente se infiere la existencia de distintos niveles de trabajo para contribuir a la vigencia de valores deseables. Tal como confirma la existencia histórica, estos valores se irán creando como producto de la experiencia social, y los frutos aparecerán a largo plazo. La labor que realicen los intelectuales en universidades, foros, colegios profesionales, bibliiotecas, darán la tónica de lo que debe hacerse en organizaciones empresariales, industriales, comerciales, sindicales, campesinas y comunitarias. La labor de todas debe estar respaldada por los hechos concretos del desarrollo económico y pujanza de la empresa privada. Valores éticos como la honestidad, amor al trabajo, apego a la familia, responsabilidad por la accion personal, tendrán correspondencia social en costumbres de preocupación por el bienestar ajeno, condenas al latrocinio, vagancia, adición al alcohol o drogas, descuido de los hijos y otras acciones socialmente reprobables. Pero todos esos valores alcanzarán vigencia y primacía no porque los prediquemos sino porque la experiencia personal y social exaltarán sus conveniencias.

3. Lo inadmisible.

Todos tenemos información del grado de corrupción existente en Cuba. Una gran parte del pueblo encuentra imposible la supervivencia diaria sin transgredir, en alguna forma, la legislación vigente. Debemos entender, en última instancia, que el gobierno cubano carece de legitimidad. El poder en Cuba no se ostenta, se detenta. En muchos sectores se entiende la corrupción como una forma de resistencia al órden establecido, de procedencia ilegítima. Añádase que la corrupción, la venalidad, la incompetencia en los niveles superiores del régimen, no alienta honestidad en la población.

Pero ese tipo de conducta no tiene justificación entre los cubanos que viven en Estados Unidos. Junto al triunfo loable de gran cantidad de empresarios que han desarrollado un apreciable poder económico, han abundado los casos de corrupción política en funcionarios públicos de origen cubano. Es decir, que existe esa tendencia en sectores del pueblo cubano. Pensar que se puede redimir con la prédica es admisible, se han dado casos. Pero quizá debemos prepararnos a otro tipo de enfoque, la penalización implacable de este tipo de conducta. Y no basta con señalar el castigo en los códigos penales. En su caso, es necesario aplicar la pena con máximo rigor. Esto lo señalamos sabiendo que es tema que requiere extensa investigación. Sergio Díaz-Briquet, intelectual cubano, actual presidente de la ASCE, ha realizado estudios sobre el mismo. Fuera prudente utilizarlos cuando se considere con la profundidad que requiere.

 

 

 
   

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