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El Dr. Diego Medina Hernández es una de las
figuras recordadas con más
respeto y admiración en el exilio cubano. Por sus valores
democráticos
y su pasión por hacer el bien supo ganarse un lugar de honor en
nuestros corazones. Fue, como Andrés Nazario Sagén, un líder
irremplazable. Ambos compartieron por muchos años la dirección
de Alpha 66. Ambos nos enseñaron el camino que conduce a la
libertad y la forma de transitarlo humildemente, pero con
inteligencia y con coraje para enfrentarnos a las inevitables
adversidades de una lucha desigual y prolongada en exceso.
Enfrentarlas y vencerlas con espíritu fuerte. Y lo que es más
importante aun, con intransigencia.
Nueve años han transcurrido desde aquel día amargo cuando el Dr.
Diego
Medina perdió su batalla más importante; la batalla por vencer
una
dolencia física que ni siquiera por su condición de médico
experimentado quiso atender adecuadamente, porque el tiempo para
dedicarle a la libertad de Cuba siempre le parecía poco,
insuficiente.
Cuba era su amor y su pasión. Justo es que recordemos a Diego. Justo es que le
recordemos en este día y siempre por su patriotismo. Pero su
trayectoria en el campo de la medicina nos obliga a recordarlo
en su
condición de médico virtuoso también. Porque fue un profesional
de la
salud con verdadera vocación humanitaria, que jamás antepuso a
las
necesidades y limitaciones monetarias de sus pacientes, ni sus
intereses financieros ni ningún otro beneficio personal.
Por eso hoy no nos parece que nos falta su calor, su compañía.
No está
físicamente entre nosotros, pero sentimos su presencia.
Descansa en paz entrañable amigo. Descansa en paz entre los
buenos hijos de la Patria.
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