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 ¿CONCIERTO POR LA PAZ? 

                                      Por Ernesto Díaz Rodríguez 
                                    Secretario General de Alpha 66 
                                  Vice-presidente de Unidad Cubana 
 

      

                                    
Faltan muy pocos días para que se celebre en La Habana el concierto que Juanes organizó, con la aprobación de Hillary Clinton, para cantarle a “La Paz”, según él, en la Plaza de la Revolución. A simple vista, y para muchos aparentemente desentendidos de lo que significa la palabra paz, esta iniciativa ha sido un gesto positivo, una actitud humanitaria, de buena intención. Desde luego, no son dolientes de la realidad cubana. Contemplan el espectáculo a distancia, lejos de las astas del toro, como si lo que importara al pueblo de Cuba fuera la guitarra mágica de Juanes y no el disfrute de la libertad y el respeto a sus derechos conculcados por la tiranía comunista. No hay entre estos “humanistas musicales” familiares que hayan sido asesinados en los paredones de fusilamiento de los hermanos Castro. Ni padres, esposas o hijos devorados por los tiburones cuando en desesperado intento lo arriesgaban todo navegando sobre rústicas balsas o en frágiles embarcaciones a través de las borrascosas aguas del Estrecho de la Florida.    Y murieron en su afán por alcanzar la libertad. 
 
Se equivocan los que creen que se trata de un concierto apolítico, porque no hay nada apolítico en las intenciones de quienes ofrecen unir sus voces a las de Amaury Pérez y Silvio Rodríguez, dos figuras que han puesto su música de rodillas para cantarles en vil complicidad a los esclavizadores del pueblo de Cuba, y lo que es más grave aún, han avalado con sus firmas el fusilamiento en nuestro país de jóvenes inocentes. No, no hay nada apolítico ni de ingenuidad en la actitud de Juanes, que se va a Cuba no sólo para merecer que la empresa gubernamental Havana Club continúe patrocinándole conciertos en España y otros países, sino para hacer feliz a la dictadura y a la galopante izquierda de América Latina, aunque trate de hacerlo con mucha sutileza. 
 
¿No se trata del mismo Juanes -debemos preguntarnos-, consecuente con las mismas motivaciones que lo llevaron a ofrecer en noviembre del pasado año, en Santiago de Chile, un concierto similar en homenaje póstumo al ex presidente socialista Salvador Allende? ¿Fue apolítica la decisión de cancelar ese otro concierto “Por la Paz” que debió celebrarse en Tegucigalpa, Honduras, el pasado 26 de julio y que Juanes decidió no llevar a cabo motivado por la destitución de Manuel Zelaya, otro presidente de oscura filosofía, enmarcada en el radicalismo de la extrema izquierda socialista? 
 
Se equivocan los que opinan con ingenua indulgencia sobre la supuesta neutralidad política del concierto que Juanes llevará a cabo en La Habana el próximo 20 de septiembre. Se equivocan porque no es posible cantarle a la paz donde todo es manipulado por el régimen opresor, en función de su conveniencia y de sus mezquinos intereses. No es posible 
cantarle a la paz ni a la reconciliación, porque no hay paz ni posibilidades de armonía donde no hay libertad. Donde se vive una vida miserable, anudados tus pasos y tus sueños en una telaraña de herrumbrosas cadenas. 
 
No, no es posible cantarle a la paz donde los opresores patrocinan y controlan esa anunciada actividad que Juanes ofrecerá con timidez, no para compartir su música con el pueblo infeliz, como asegura él, sino para legitimar en vergonzosa sumisión a los aniquiladores de la paz de la familia cubana, allí en la propia Plaza de la Revolución, la infame madriguera del verdugo. 
 
Ojalá Juanes y Olga Tañón, y el cant ante español Miguel Bosé, quien lo acompañara también en anteriores conciertos por “La Paz”, y que cuando el terrible atentado con tra las Torres Gemelas declarara cínicamente que Estados Unidos merecía ese atentado, sean capaces de reflexionar. Ojalá tengan la iniciativa de depositar en alguna ocasión, en gesto de desagravio y de verdadera paz, un humilde ramo de flores en esa inmensa tumba del Estrecho de la Florida, donde yacen decenas de miles de náufragos cubanos. Sólo entonces, se me ocurre pensar, merecerán el respeto y la admiración de muchos cubanos.

 

 

 
   

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