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NO DESCARGUEMOS TODA LA CULPA EN NIXON

 

Por: Enrique Ros

 


      

Días atrás la prensa describió conversaciones del entonces presidente Richard Nixon con el mandatario brasileño Emilio Garrastazu Medici en diciembre de 1971 sobre la posibilidad de que militares chilenos pudieran derribar al electo presidente Salvador Allende. Para darle dramaticidad ofrecían como fuente de lo que consideraban siniestras conversaciones partes oficiales de la Casa Blanca desclasificados esa semana.

 

Pretendía el extenso reportaje cablegráfico, ampliado días después en las páginas del diario matutino, singularizar al Presidente Nixon –permanente objeto de negativas reseñas, siempre maltratado por prejuiciados historiadores- en planes  por él creados para derrocar a mandatarios extranjeros que no coincidían con su política. Ni el Presidente Nixon había ideado aquellos planes ni era la primera vez que éstos trataban de ponerse en ejecución.

 

Omiten, intencionalmente, que no sólo conversaciones, sino planes oficiales, para realizar estos y otros actos para eliminar hostiles mandatarios foráneos, habían sido trazados y aprobados por administraciones anteriores.

 

Aquellos anteriores planes conducían a acciones más siniestras que la simple deposición de un mandatario. Este negro capítulo de la historia, tiene como principal alentador e impulsor a una figura admirada por la prensa liberal, sobre quien estos nuevos historiadores mantienen un reprochable silencio.

 

Apenas se ha escrito –si es que algo ha aparecido en la prensa escrita- sobre la decisión que, temprano en 1961, bajo la presidencia de John F. Kennedy se le asigna a William Harvey, jefe del personal adscrito a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la responsabilidad de crear, dentro de la agencia, la capacidad necesaria para liquidar agentes extranjeros, incluyendo asesinatos como “último recurso”. A esa estructura kennedyana se le denominó “Acción Ejecutiva” y fue conocida en los medios oficiales como ZR-RIFLE.

 

¿Conocía Kennedy de la creación de esta “Acción Ejetutiva”?. Si Richard se vió obligado a admitirlo ante el Comité Selecto del Senado, el 20 de noviembre de 1975 que se había convocado para conocer los distintos planes de eliminar físicamente a distintos mandatarios.

 

Se ha pretendido, en estos últimos reportajes noticiosos a que hacemos referencia, presentar como un “siniestro” plan las conversaciones con el presidente brasilero para intentar deponer al Presidente Allende. Pero, por supuesto, no se preocupan esos trasnochados descubridores de siquiera mencionar que trece años antes de estas conversaciones entre Nixon y Garrastazu se habían elaborado en la Casa Blanca planes mucho más graves que la elaboración de proyectos para, simplemente, deponer a un jefe de estado.

 

Richard Bissell, se había visto obligado a informar ante aquel Comité del Senado que le había comunicado a William Harvey, Jefe de Personal de Inteligencia de la Agencia, que, en dos ocasiones distintas la Casa Blanca le había urgido la creación de esa “capacidad ejecutiva”.

 

No eran sólo Harvey y Bissell los que hacían mención a esta expeditiva “Acción Ejecutiva”; otras altas figuras de la administración del Presidente Kennedy se vieron obligadas a testificar.

 

McGeorge Bundy –asesor legal del presidente- informaba de conversaciones con Bissell, “en los primeros meses de 1961”, recién tomada posesión en enero de aquel año la nueva administración.

 

“La Acción Ejecutiva” era un eufemismo que cubría un amplio campo de acciones para “eliminar la efectividad de dirigentes extranjeros” (Bissell, julio 22, 1975). Los planes –censurables, o no se habían ejecutado con algunas acciones: Patricio Lumumba, (enero 1961), Rafael Trujillo (mayo 30, 1961) y el Presidente survietnamina Ngo Ding Dien, (noviembre de 1963),  con resultado para las víctimas mucho más severos que las conversaciones de Nixon y Garrastazu para deponer –no para asesinar- al Presidente Allende.

 

Es necesario separar la conversación de Nixon con funcionarios y mandatarios extranjeros como Garrastazu, para impedir la elección o toma de la presidencia de Allende, con los planes, muy posteriores, de su liquidación física en la que intervinieron, entre otros, agentes castristas que formaban parte del grupo protector de Allende conocido como GAP, o Grupo de Apoyo al Presidente.

 

Se acerca el 36 aniversario de la muerte de Salvador Allende a manos de los integrantes del GAP. Valdría la pena volver a escribir sobre este dramático episodio.


 

 

 
   

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