Ven hasta aquí tranquila, en tu idioma total de transparencia:
palabra por palabra, sorbo a sorbo,
el discurso del agua corre abierto.
Por columnas neutrales,
empinándome desde el polvo a la estrella, acudo a ti;
pregunto a elementales huellas, a algún perfil de niebla,
a las crines del tiempo que transcurre
en vértigo de opio y amapolas;
a la chispa inicial que de la sombra deslizó la aurora
hasta la disciplina solar;
al heraldo que pronunció la vida,
cuando a la incandescencia de la roca
dio la primera nube la maravilla de la lluvia.
Desde allá es el secreto,
la pregunta y su respuesta en la parábola:
lo que fecunda la tierra y en el diluvio la devasta,
aún siendo el mar y siendo el lago, el torrente y el charco...
en la pequeña gota de rocío resume
todo el misterio diáfano del agua.
Despeñada en cristales agresivos, instrumento del viento,
arrastrada por el aliento ronco de cavernas celestes
a empujones de odio,
de la invisible furia mensajera,
vienes enloquecida, cuchilladas abajo,
guadaña asociada a algún genio maléfico,
a dentelladas agresivas sobre las flores y los árboles;
invasor de techumbres y ventanas,
vienes con mil toros coléricos embistiendo
o como peces trasplantados, con escamas eléctricas,
que no dispersan algas sino muerte...
Pasa la tempestad
y tú te quedas resbalando por calles y por surcos,
como si hubieras sido poseída por otra voluntad,
y te acercas ahora arrepentida
pidiéndole disculpas a la devastación de la cosecha.
Agua fresca en la fuente, como los labios de las ninfas.
¿De dónde sales con esa desnudez primitiva?
Vas arrastrando antiguos animales
que discurrieron por el tiempo.
En tu fondo reflejas las Eras apagadas
que tú bañaste con la misma delicadeza
con la que hoy se te acercan los insectos más bellos,
las aves más simbólicas:
agua de mariposas,
agua de golondrinas transitorias
que en ti recogen los altos recados de las nubes.
Fotográfica agua, pasas por las grutas y las cañadas
fijando en instantáneas móviles las rocas y las flores,
los puentes y las torres de las lejanas catedrales.
Así de paz y amiga eres a veces,
para apagar la sed y refrescar las almas.
¡Con qué corona transparente reinas en las mañanas!
Eres amor de los marineros y temor de las naves.
En las noches ¿qué diálogos murmuras con las estrellas inefa-
[bles?
El caminante que se detiene en tus márgenes cansado,
que calma en ti la sed de los caminos
y se ve en ti duplicado contra un cielo boca abajo,
te intuye en el discurso de elocuencia con que hablas.
Hecha de diminutos pedacitos,
llovizna que el sol seca de un soplo,
en multitudes congregada eres el mar de rostro planetario,
el poderoso mar donde la vida nace.
Lo pequeño y lo grande en ti se unen:
tus límites desbordas por el tiempo insondable.
Oráculo y parábola,
dios sin imagen, inescrutable y simple,
basta una gota tuya para explicar la vida.