Lejos. Se hace pequeño poco a poco el ayer.
La vida se ha quedado doblada; tal parece
un pañuelo lejano partido en dos.
No sé si es el crepúsculo o es el amanecer,
que en la distancia inusitado crece.
No sé si es bienvenida o es adiós.
Me pesa más de un lado la existencia
y, aunque no marcho triste, va inclinado
mi paso vertical.
No puedo esquivar la presencia
de todo lo vivido y lo soñado
y andar vagamente neutral.
Empezar otra vez, Amor lejano,
dolorido y doliente, fijo, inerte,
como el coágulo absorto del jamás
(inútil el intento de la mano),
en una interminable muerte
muriéndome detrás.
Y sacar fuerzas para diseñar el olvido.
Inventar una aurora en la tarde extinguida,
andando de algo indefinido en pos.
En la luz trazo el gesto de un pañuelo partido,
no sé si en bienvenida
o en adiós.