Cuando miro los lagos, te recuerdo.
Resbala el agua por los mapas
que ayer fueron la geografía donde estabas,
inesperada y fija como el tiempo,
animando la tarde y el verano.
Supe entonces que eras el continuo fluir de esos círculos
donde se repite el asomo de la vida y la aurora.
Tú, que el poniente de aquella tarde
se apoyaba en tu rostro,
y en tus labios, cercanos e imposibles,
dejaba el sol un beso de humo y de incendio en fuga.
Ahora agrego el sonoro perfil de tu sorpresa
ante mi amor confeso y sin reclamos.
Tu abrazo agradecido
me acercó la belleza de tu cuerpo,
como ilusión palpable bajo el viento.
Todo ha quedado fijo aquí en el agua.
No está tu nombre escrito, pero siempre
se asoma cuando paso junto al lago.