1
Estoy tomando tu mano que se fuga,
inmóvil,
pero se va... quedándose.
¡Ah, paradoja blanca
Amor caído como relente,
frágil,
casi de humo;
me va envolviendo, y sube,
y sube más...
hasta quedarse arriba, como en un cielo
en donde intenta ser estrella.
2
¿Qué línea está indicando
que el amor es un árbol de sorpresa
erguido en tu camino?
¿En dónde está marcado
el asunto importante
deparado a tu vida?
¿Qué sitio,
qué intercepción de líneas,
tiene el signo que indica tu destino?
Déjame asomarme al misterio,
para quedarme allí.
3
Tus manos vienen de la ausencia
haciendo números,
ecuaciones,
cálculos,
que van restando tiempo al tiempo
sobre el abismo.
Tus manos algebraicas,
a despejar incógnitas.
Trazan signos
en las borradas fechas,
añadiendo cifras
a estados de cuenta incompletos.
Dedos, uñas,
asuntos de la seda,
piel de fruta en abril,
almendra abierta
actualizando cantidades...
Manos restauradoras
que el amor ha enviado
con el encargo de pagarme una deuda.
4
Como un roce del viento
tocó tu mano mi mejilla.
Viento,
arribo celeste,
velo arrastrado por un soplo ausente
que se hace tacto
y sustancia tangible
y huella.
Como un contacto de agua,
la visita menuda de tu mano.
Agua escurrida,
riachuelo que resbala,
delta que me acaricia
con el beso fluvial de cinco labios.
Alas de polvo,
mariposa que, de su escala en flores,
vino posarse aquí,
donde ha dejado polen de magia
que devuelve la vida:
tu mano engendradora.
Como un golpe de escarcha
que da en la cara al caminante,
llegó en escarcha cálida
a inventar una fiesta de estrellas
en el rostro:
tu mano proveedora.
Ajena tú a tu mano,
tu mano ajena y tuya,
una en el tiempo:
la mano aquella que perdió el anillo.