Tu nombre se inaugura.
En un reflejo vespertino sobre el agua,
ramas arriba, desde el lago,
tuvo un bautismo de árboles.
Fijo en el agua,
no lo alteran los círculos concéntricos
de las hojas que caen;
fijo en el árbol,
no lo borra la noche con su enemiga sombra.
Como estrenada música,
canta en los litorales:
ya es melodía;
milagro resurrecto de naufragios,
que encontraron
pescadores que lanzan sus redes hacia el cielo.
Alas de incienso, vuela tu nombre
y reclama un espacio en el tiempo.
Ahora es la copla repetida
que está constantemente improvisándose
en mis tonadas interiores.
Para cantarla
acudo a una guitarra de estrellas
y pulso, cuerda a cuerda,
las letras de tu nombre.