Y, entretanto,
tu gran silencio de verdad
en la noche,
y de verdad quitada de tu espacio.
Ya no es posible
tu voz traída a articulado sueño,
tu piel imprescindible,
tu olor pedido a todas las estrellas.
Adelgazado fin,
pisada sombra,
orilla,
nada...
Y, entretanto,
morir apenas de humo sobre el vaso.