Es ya el recuerdo.
Un agua vaga, un trazo apenas,
el espacio donde el humo es la forma,
el polvo definido,
el ala inútil.
Nada aquí continúa:
se han detenido todos los ejércitos.
El vuelco, el ímpetu, el asalto
donde tú resurgías tempestuosa en la ausencia,
donde tú eras un nervio de ebriedad,
donde el espacio no te contenía
porque tú estabas fuera conteniéndolo...
todo lo que ahora muere a mis espaldas
tuvo su hora de ser,
su recodo en el tiempo.
Ahora qué importa que alce una bandera,
que precise una espada,
que acometa los días,
que descuelgue una gota de mi sueño,
que llame con un cuerno de azucena.
Aquí el humo es la forma,
aquí es cierta la muerte,
aquí concluye en resumen el sueño.
Aquí no queda espacio para un pétalo,
ni hueso en que apoyarme.
Sólo una cuerda tensa
donde tu nombre apenas se pronuncia
y tu voz extranjera,
a sílabas de piedra, a duro vidrio,
a olvido, se detiene.