En aquella taberna
había toneles acostados,
la cabeza de un toro en la pared,
viejas sillas en la barra
y mucho tiempo detenido en su vetusto encanto.
Contemplando mi copa de vino,
se me ocurrió de pronto
si en alguna taberna como aquélla
habría estado Cervantes
brindando con Quijotes y con Sanchos.