|
Hace años, conversando con el novelista y cuentista cubano
Enrique Serpa, recuerdo que me hizo este comentario: «El
poeta es un individuo que entrega su intimidad». Es verdad,
entrega su intimidad como el gesto de desnudar su vida; y
ciertos poemas, que son como conversaciones hacia adentro,
ordenados en el tiempo, se presentan a manera de
conclusiones o resúmenes en el camino andado. Son el cuento
de nuestra vida que se hace a uno mismo, y se convierte en
asunto de todos.
A.C.
Lo cierto es que el tiempo se escapa
Neruda
...solamente
lo fugitivo permanece y dura
Quevedo
(En el cauce del tiempo)
EN RESUMEN
El hombre común que pude ser
me está recriminando ahora,
me inculpa su ostracismo,
su rehuida sombra,
su mutis.
Puse mi hombre común y el otro juntos.
Seguí con éste de la mano
como exaltando al amigo importante,
al deseado,
al elegido.
Y a aquel le dije
que cerrara la puerta tras de sí,
que quedara mudo tras los cristales,
que, mejor, anulara su sitio en la ventana
y, si fuese posible, que borrara con un paño su imagen.
Pasó en su prisa el tiempo,
el planetario tiempo
o, simplemente,
mi tiempo gastado en el camino.
Vuelvo sobre mis huellas
–con mi otro, yo mismo–
no sé si ufano o triste.
Ha llovido sobre el rostro,
mucha noche ha llovido.
Sobre el polvo sólo una estrella fría
al polvo mismo parecida, al mudo polvo
que traigo de regreso.
Y hallo a mi hombre común aún en su sitio,
al desautorizado, sin importancia, que pude ser;
y hay en sus ojos de destierro
un estupor de arena y tiempo y nada.
Miro entonces al otro,
al elegido.
Pongo al hombre común y al otro juntos...
y hallo que son el mismo.
|