I
De tanto convencerme que un camino
nos unió sobre un mapa prefijado,
y un ostensible signo anticipado
sobre nosotros a marcarnos vino;
o que alguna misión, un don divino,
un privilegio de dolor ornado
o un adeudo anterior, aún no pagado,
nos fijara un encargo del destino;
como el eco de un canto de hermosura
que, en la oquedad del caracol, perdura
de playas de remota certidumbre,
en cada nuevo amor se hace presente,
otro y el mismo, el gesto persistente
que aquel amar tu amor hizo costumbre.
II
De tanto amar tu amor se hizo costumbre
ese andar inclinado entre partida
y regreso, entre júbilo y herida,
y el desarraigo de la incertidumbre.
De tanto transitar desde la cumbre
hasta el abismo, y sostener la vida
entre rabia y perdón que el hierro olvida
en una consecuente flor de herrumbre...
se me quedó el espectro de tu ausencia,
que es tuyo y no eres tú, y en otro asunto
de amor desliza su inactual presencia.
Y, en continuado ayer, hoy sin nombrarte,
ayer y hoy sin diferencia junto
de tanto amar tu amor, de tanto amarte.
III
Es que extraño tu amor, no a ti te extraño
sino a la hora fugaz que iba contigo.
Desasidos de ti, amo y persigo
el ensueño y pasión, y el suave daño
de lascivia y ternura, aquel engaño
de luna acontecida sobre el trigo:
alimento nocturno que consigo
salvar del tiempo, trascender el año.
Tu espacio, aunque sin ti, se hace presente
y tu huésped en mí sigue latente
sin nombre ya en el curso de mi vida.
Porque, si con tu ausencia me acompaño
y sin ti vas conmigo apetecida,
es que extraño tu amor, no a ti te extraño.