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ALEGATO DEL AL MIRANTE EDUARDO MASSERA
"Sólo de una cosa estoy seguro. De que cuando
la crónica se vaya desvaneciendo, porque la historia se vaya haciendo más
nítida, mis hijos y mis nietos pronunciarán con orgullo el apellido que les
he dejado."
ALEGATO DE MASERA EN EL
JUICIO DE LAS JUNTAS
Pero aquí estamos. Porque ganamos la guerra de las armas y perdimos la guerra psicológica. Quizás por deformación profesional estábamos absortos en la lucha armada; y estábamos convencidos de que defendíamos a la Nación y estábamos convencidos y sentíamos que nuestros compatriotas no sólo nos apoyaban. Más aún, nos incitaban a vencer porque iba a ser un triunfo de todos. Ese ensimismamiento nos impidió ver con claridad los
excepcionales recursos propagandísticos del enemigo y mientras combatíamos
un eficacísimo sistema de persuasión comenzó a arrojar las sombras más
siniestras sobre nuestra realidad hasta transformarla, al punto de convertir
en agresores a los agredidos, en victimarios a las víctimas, en verdugos a
los inocentes. . Así parecería que la democracia era el terrorismo y los que combatíamos al terrorismo éramos los auténticos terroristas. Así hemos perdido el sentido de la palabra libertad que es
un bien en sí mismo, independiente de que alguien intente arrebatárnoslo, y
las usinas destinadas a la perversión de las ideas la han suplantado por la
palabra "liberación", que no supone un bien intrínseco, sino un bien
coyuntural sujeto que alguien nos esté oprimiendo. Se da entonces por
sentado que siempre estamos oprimidos a menos que, claro, estén los
liberadores manejando el poder. . Alguien me dijo que era intolerable que se jugara al
sarcasmo con nuestros muertos. Pero, ¿quiénes son nuestros muertos ?; ¿de
quién son los muertos? Terminado el fragor de la guerra, todos los muertos
son de todos, y nadie tiene derecho a hablar de ellos, sin el respeto que a
cualquier hombre moral y civilizado debe inspirarle la dignidad intrínseca
de la muerte, aunque más no sea, porque cada muerto es un testimonio
tangible de la eternidad. Aquí estamos protagonizando todos algo que es casi una travesura histórica: los vencedores son acusados por los vencidos. Y yo me pregunto: ¿En qué bando estaban mis juzgadores? ¿Quiénes son o qué fueron los que tienen hoy mi vida en sus manos?; ¿eran terroristas?; ¿estaban deseando que ganaran los represores?; ¿eran indiferentes y les daba lo mismo la victoria de unos que la de otros?. Lo único que yo sé es que aquí hubo una guerra entre las
fuerzas legales, en donde si hubo excesos fueron desbordes excepcionales, y
el terrorismo subversivo en donde el exceso era la norma. Esto que acabo de
decir es el punto central y tanto que la acusación no ha hecho otra cosa que
tratar de demostrar que los excesos eran norma en las fuerzas legales.
Naturalmente no es cierto. Cualquiera puede imaginar que nadie transforma a
los oficiales y suboficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada en
una banda de sorprendentes asesinos que de la noche a la ma ana pierden todo
reflejo ético. A pesar de esas diferencias, nunca se perdió el respeto
entre nosotros. No obstante comprendo que a los vencidos les interese
difundir esa fábula, con la esperanza de que las fuerzas armadas de hoy se
miren entre sí con suspicacia. No he venido a defenderme. He venido como siempre a
responsabilizarme de todo lo actuado por los hombres de la Armada mientras
tuve el incomparable honor de ser su comandante en jefe. También me
responsabilizo por los hombres de las fuerzas de seguridad y policiales que
durante mi comando actuaron subordinadas a la Armada en la guerra contra la
subversión. Quiero decir, además, que me responsabilizo por los errores que
pudieran haber cometido. En primer lugar, me siento responsable pero no me siento culpable, sencillamente porque no soy culpable. En segundo lugar, porque no hay odios en mi corazón. Hace tiempo que he perdonado a mis enemigos de ayer, a mis flamantes enemigos que no han podido substraerse a la compulsión que estamos viviendo. Y en tercer lugar, porque estoy en una posición privilegiada.
Mis jueces disponen de la crónica, pero yo dispongo de la historia y es allí
donde se escuchará el veredicto final. EDUARDO E. MASSERA ALMIRANTE ( r ) Nota del titular de la página : El documento que se ha transcripto, tomado del diario La Nación, que se ha dado en llamar "EL ALEGATO DEL ALMIRANTE EDUARDO MASSERA" bajo el titulo de "NO VENGO A DEFENDERME", constituye un antecedente de incuestionable valor histórico, de lo que fue el Juicio a las Juntas Militares, ya que su contenido encierra conceptos que reflejan con exactitud "LA VERDAD" de lo que fueron aquellos trágicos a os de la década de 70. Por tal motivo y siendo un hombre de armas, que ha participado en esa sangrienta guerra, para que todos los argentinos sigamos siendo hombres libres , me siento, en estas circunstancias dolorosas que padece el Se or ALMIRANTE, emocionalmente obligado a expresar mi reconocimiento hacia quien tuvo la gran responsabilidad de ser unos de los conductores victorioso de esa guerra OSCAR ENRIQUE GUERRERO
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