|
|
|
Alpha 66, más viva que nunca
Sara Martínez Castro
(A Ernesto Díaz Rodríguez, con mi infinita gratitud ...)
Cuando Andrés Nazario Sargén falleció en octubre
del 2004 no sólo mi
corazón se llenó de un profundo dolor por la irreparable pérdida del
líder, del amigo, del compañero de lucha, sino que sentí una lógica
preocupación. ¿Qué será ahora de Alpha 66? Esa pregunta no se apartaba
de mi mente.
Allí en la funeraria, mientras sostenía un monólogo interior en torno a
esa justificada interrogante, coincidí con Ernesto Díaz Rodríguez junto
al féretro de Andrés y en ese momento -como si el propio Andrés me
estuviera dictando la respuesta- la vislumbré claramente. Por eso no
dude ni un segundo en rogarle a Ernesto: “por favor, haz algo por el
Alpha, salva al Alpha, solamente tú puedes lograrlo”.
Debo confesar que todo el tiempo que estuve en las honras fúnebres
escuché comentarios muy pesimistas: “sin Andrés Nazario y sin Diego
Medina se acaba el Alpha”; “el Alpha no va a durar ni un mes” ... Sin
embargo, me negaba a aceptar esas palabras llenas de presagios amargos.
Sentía que eso no es lo que Diego y Andrés hubieran querido. Ellos
amaban a Cuba y la sirvieron hasta el último momento de su vida;
lucharon sin descanso desde la digna trinchera de Alpha 66, y dejar que
la organización se fuera a pique hubiera sido no sólo una falta de
gratitud hacia ambos sino una traición a todos nuestros héroes y
mártires.
Cuando supe que Andrés murió teniendo entre las suyas las manos de
Ernesto, cuando Olga, su esposa, me contó que Andrés creía firmemente
que Ernesto era la persona apropiada para dirigir con acierto los
destinos de Alpha 66, mi emoción se desbordó.
Al día siguiente del funeral de Andrés se citó a una reunión de
emergencia y en ella Ernesto Díaz Rodríguez fue electo, con carácter
provisional, Secretario General de Alpha 66. Posteriormente, en el
congreso nacional celebrado en febrero del 2005, se ratificó ese
nombramiento por decisión unánime de la asamblea allí presente.
Andrés es insustituible. Cada ser humano es único. Ernesto no ha
pretendido sustituir sino servir. Se ha dedicado a trabajar sin
descanso. Ha puesto talento, inteligencia, bondad, perseverancia,
historial de lucha y prestigio intelectual al servicio de Alpha 66. He
sido testigo de su dedicación y sacrificio. Me enorgullece ver como su
labor ha dado frutos abundantes. Me conmueven los logros de Alpha 66
bajo su orientación y guía. Estoy convencida de que desde ese lugar de
privilegio puro y hermoso donde se encuentran Andrés y Diego, ellos no
se cansan de bendecir a Ernesto por haber sabido cumplir a cabalidad
con la misión que le fue encomendada.
La vida de Ernesto no deja de emocionarme. Nació en Cojímar, en el seno
de una humilde familia de pescadores, en 1939. Siendo casi un niño
luchó contra la dictadura de Fulgencio Batista. Al triunfo de la
revolución y al darse cuenta de la farsa que representaba el nuevo
régimen, comenzó a luchar contra la tiranía que se había implantado en
su patria. Se vio forzado a salir de Cuba en 1961 pero su lucha no se
detuvo.
Alpha 66 se fundó por un grupo de patriotas en el verano de 1962. En
ese mismo año comenzaron las operaciones de los ataques comandos desde
una improvisada base en un islote desierto cerca de Andros, en las
Bahamas. Ernesto tuvo la responsabilidad de transportar armas hasta la
base y a partir de ese momento comenzó también a participar en misiones
dentro de Cuba.
Hablar de la trayectoria de lucha de Ernesto Díaz Rodríguez es hablar
de Alpha 66. La organización se nutre precisamente del coraje y la
perseverancia de hombres como él. Son incontables las operaciones en
las que participó Ernesto dentro de Cuba hasta diciembre de 1968 cuando
fue capturado por fuerzas del ejercito castrista. Pidieron la pena de
muerte y luego se la conmutaron por 15 años de prisión. En 1974
compareció nuevamente ante un tribunal militar. Allí lo acusaron de
conspirar contra el gobierno e intentar su derrocamiento desde su
celda. Lo condenaron a 25 años, lo cual, añadido a los 15, se convertía
en una sentencia de 40 años.
Ernesto estuvo 22 años y medio tras las rejas. Son innumerables sus
huelgas de hambre, los maltratos, las vejaciones y atropellos a los que
fue sometido. Del tiempo en presidio, más de 7 años consecutivos los
pasó en la terrible prisión de Boniato, sin derecho a recibir
asistencia médica, correspondencia o visitas familiares. Estuvo en
celdas tapiadas que median 2 metros de largo por 1 ? metros de ancho.
Llegó a sentir la presencia cercana de la muerte, pero a pesar de sus
tristes circunstancias supo mantener intactas su dignidad de hombre y
su fe en un futuro mejor para su pueblo.
No se dio por vencido. Su espíritu fue más fuerte que el sadismo de sus
verdugos. Lastimaron su cuerpo pero no pudieron aniquilar su
estoicismo. En esas condiciones escribió 9 libros de poemas y uno de
prosa que recoge sus vivencias personales.
Llegó al exilio en 1991. Parte de su obra poética se conocía y había
sido publicada en el destierro. Fue invitado a dictar conferencias y a
denunciar el horror de la tiranía castrista en prestigiosas tribunas
alrededor del mundo. Su poesía de gran valor literario y su digno
historial de lucha, eran su carta de presentación. Se mantuvo firme,
sencillo, sin arrogancia. Era el mismo Ernesto de siempre, el hombre
que no se daba por vencido, el patriota dispuesto a continuar la
batalla mientras Cuba siguiera siendo esclava.
Alpha 66 siente el orgullo de ser una organización que no se rinde, que
no claudica, que sigue en pie de lucha. La dirige un hombre de espíritu
invencible. Seguimos adelante con la mirada puesta en la isla que tanto
padece y que espera por todos sus hijos. Alpha 66 ha marcado el único
camino recto, siempre rumbo sur. Alpha 66 representa el más puro ideal.
Alpha 66 está más viva que nunca.
Sara Martínez castro
Miami, Fl.
|
|
|