Durante los
días 26, 27 y 28 de este mes
de febrero Alpha 66 estará celebrando, en la ciudad de
Miami, Florida, su IX CONGRESO NACIONAL. Desde que fue
creada, en 1961 (casi 50 años atrás), esta organización
patriótica no ha dejado de luchar ni un solo día por la
libertad de Cuba. Suman decenas y decenas los mártires
que en su afán por romper las cadenas de la esclavitud
que impusieron los hermanos Castro en nuestro país, en
combates desiguales ofrendaron sus vidas.
De los
incontables desembarcos que recogen las páginas de
gloria de Alpha 66, sin dudas el que comandó el
legendario Vicente Méndez, que el 17 de abril de 1970
desembarcó en las costas de Cuba junto a un valeroso
grupo de expedicionarios, ha sido el más significativo.
Aunque no menos glorioso podemos señalar el sacrificio
de José Rodríguez Pérez y los valientes jóvenes que lo
acompañaron en su histórica misión. De la expedición de
Méndez sólo sobrevivió René Rodríguez, fallecido poco
tiempo después de su regreso al exilio, a consecuencia
de las heridas del alma y de la carne que ocasionaron
los largos años de ensañada prisión en las cárceles del
tirano Fidel Castro. Alberto Kindelán y Sixto Nicot, que
formaron parte del contingente de abnegados luchadores
que acompañaron en el desembarco a Rodríguez Pérez,
afortunadamente sobrevivieron también.
Porque
compartí sus inquietudes, sé que en el momento de esa
heroica acción que los hizo elevarse en su estatura de
buenos cubanos, se sentían ellos comprometidos con la
patria de todos los que nacimos, por fortuna, en esa
Isla que, aunque dolorosamente infeliz, sus raíces son
de bondad y el verde de sus campos resplandece
hermosura. Sé que eran seres dotados de nobleza y de
luz; seres extraordinarios que por su vocación de amor,
en espontánea generosidad se sentían comprometidos con
el sufrimiento del pueblo oprimido por la dictadura
comunista. Eran, sencillamente, hombres de vergüenza.
Hombres de esos que como señaló el Apóstol de nuestra
Independencia, ante la ausencia de decoro de otros
muchos, “llevan en sí el decoro de muchos hombres”.
Porque
debemos observar el equilibrio de las deudas morales que
inevitablemente nos impone la vida, ahora es el pueblo
de Cuba quien está en deuda con esos mártires gloriosos.
Son los cubanos por los que ellos sacrificaron bienestar
y ese eslabón de libertad prestada que nos proporciona
el exilio, quienes están en deuda con éstos y otros
muchos que fueron a morir, abrazados simbólicamente en
su imaginación al verde arrecife de la Patria, al surco
de los cañaverales, al tronco de sus empinadas
palmeras. Somos los cubanos de aquí, y los de allá, los
cubanos por los que ellos se sacrificaron y murieron en
generoso gesto de hidalguía quienes debemos
preguntarnos en cada nuevo amanecer: ¿Qué podemos hacer
humildemente, pero con valor y honradez, por nuestra
nación? Y entregarnos sin descanso a las múltiples
fórmulas de combate por la libertad Cuba.
Hace ya
varios años, recordando el ejemplo de los que lo han
dado todo, hasta su última gota de sangre, a cambio sólo
de la satisfacción que proporciona el deber cumplido,
escribí un puñado de versos inspirados en el ejemplo de
Luis Aurelio Nazario Pérez (Yeyito), uno de los
valientes que acompañó en el desembarco a Vicente Méndez
y a quien luego de su captura, por su digna actitud
miserablemente se le arrancó la vida en el paredón de
fusilamiento. Sólo 23 años de edad contaba al morir.
Impresionado por su hermosa trayectoria de lucha quise
de alguna forma dejar constancia de su sacrificio y
escribí:
FUSIL DE HOJAS SECAS
Llevaba espinos
clavados
en el filo de sus
venas.
Eran de arena sus
ojos,
sus labios eran de
piedra,
más su frente
destallaba
el eco de mil
estrellas.
Todas las noches
rezaba
para vencer su
tristeza.
Su garganta era de
nieve,
su pecho de
primavera,
pero su voz de futuro
nunca calmaba sus
penas.
Una noche, de repente,
con un fusil de hojas
secas
se fue a morir en
silencio
por los pobres que en
su tierra
visten de harapos su
sombra
y calzan viejas
cadenas.
Luis
Aurelio Nazario había sido formado con los valores de la
doctrina martiana, que es el fundamento básico y la
filosofía estratégica de Alpha 66. Existen poderosas
razones para que a pesar de los muchos años
transcurridos desde que fue fundada, esta formidable
organización continúe siendo una de las integradas con
mayor tesón a la causa de la libertad de Cuba. Aunque
algunos mal intencionados, afines en propósitos de
intereses o en intereses de ideología, con toda
perversidad se empeñan en envolvernos dentro de un
oscuro radicalismo físicamente aniquilador, ahí está,
con la transparencia total en la acción y en la
honradez, nuestra historia. Nuestra lucha ha sido de
combate frontal contra las fuerzas que representan e
integran los mecanismos de opresión en la Patria de José
Martí; ha sido nuestra lucha contra esa maquinaria
diabólica que representa la corrupción gubernamental y
el aniquilante terrorismo de Estado.
Porque
de nuestro lado están el derecho y la razón, Alpha 66
continuará siendo parte de la vanguardia en esta lucha
que no cesará hasta que no hayamos logrado, junto al
pueblo de Cuba, barrer con la totalidad de cada una de
las estructuras del poder totalitario de los Castro. No
importa las limitaciones que el destino nos imponga.
Siempre habrá una luz más allá de la noche. Como la
estrella en el triangulo rojo de nuestra bandera, más
temprano que tarde haremos que sobre los viejos
escombros de la tiranía brille resplandeciente, para
siempre, el sol de la libertad.