Esperamos desde el rincón del
pesimismo hasta la insinuación
de una tenue lucesita de esperanza, que estará precedida
por
la inevitable violencia que comienza a instalarse
Si nos resignamos no sin esfuerzo a eludir
en este trabajo un título específico - aunque a su modo
"sin título" signifique al fin y al cabo un título - se
debe a que casi la totalidad de las causales de la
decadencia argentina y los sucesos que desde hace años
la determinan, han sido ya expresados, evaluados y
discutidos. Por eso resulta difícil dirigirse con
preferencia a los argentinos "políticamente incorrectos",
haciéndolo de parte de otro argentino que también lo es
y por lo tanto todos - unos y otro - están y estamos, -
con matices - informados de lo que sucede aunque lo
disciernan de manera distinta. Por eso hemos adoptado
meditada y sentimentalmente esta expresión calificativa
de una supuesta incorrección endilgada por los
universalmente "correctos", modismo que con su
arbitrario ideologismo transita entre la "lógica del
ser", la del "deber ser" y la realidad que nos acongoja.
Por eso también y en lo que nos compete, adoptamos el
mote con alegría y el convencimiento de que a contrapelo
de la contracultura que se ha volcado sobre el mundo es
una apretadísima síntesis de lo que representamos ante
lo que sucede desde los finales del siglo último.
Periodísticamente indispensable, todo título es un
accesorio imprescindible para orientar al lector -
incluso o sobre todo al "políticamente incorrecto" -
sobre lo que vamos y queremos expresar y transmitir,
pero el caso es que para escribir en una columna que se
identifica con los "Políticamente Incorrectos" creemos
que es previo y conveniente auscultar el presente desde
el educativo rincón del pesimismo para dibujar algunos
de los vaticinios sobre lo que nos espera. Muchos ya lo
hicieron y anunciaron sus consecuencias que siempre
fueron negadas incluso hasta que se produjeron, lo que
constituye otra expresión de la decadencia y es tal el
cúmulo de sucesos, hechos traumáticos y planos
inclinados hacia la debacle, que hoy resolvimos optar
por un "sin título" que pretende sin entrar en detalles,
ser abarcativo de los principales componentes,
explícitos o implícitos, que desde nuestro punto de
vista nos permite afirmar que nuestra Argentina
permanente dejó de serlo para convertirse más adelante
en otra distinta, todavía difusa en cuya formación, por
razones biológicas, muchos no podremos intervenir con
ánimo correctivo.
¿La unidad geográfica en peligro?
Tal vez en estas últimas afirmaciones
también estén incluídas las razones objetivas que nos
permiten expresar una vez más, que hoy comienza a tomar
cuerpo la posibilidad del surgimiento de otro drama
adicional y superior expresivo de una meditada y
dolorosa sospecha que nos habla de una creciente
dificultad para mantener la unidad geográfica de
nuestra Patria enferma. En todo esto que para muchos
sonará a exageración, residen las primeras afirmaciones
concretas de nuestro punto de vista que podría abonar un
interesante debate que, si se produjera, será edificante
especialmente si sus conclusiones pudieran contribuir
positivamente a las modificaciones que con cierta
timidez, comienzan a insinuarse. Sin embargo, ponemos en
duda que esto suceda para que podamos experimentarlo
pues al menos, todavía, la experiencia nos demuestra que
aún es temprano para que las voces "políticamente
incorrectas" puedan intervenir con éxito en el pantanoso
escenario que nos aferra. Si llegara, bienvenido ese
debate pues se convirtiría en algo así como una
colaboración para evitar un devenir que contiene
factores cada vez más fuertes, novedosos, marcadores del
retroceso y rompedores de lo construído por los
argentinos que nos precedieron. Por eso sólo
enunciaremos algunos para no extendernos en demasía:
entre ellos, aquel que se relaciona directamente con
nuestra subsistencia como Nación organizada y nos dice
del estado de indefensión externa en que se ha colocado
a la República y que pese a su pasmosa gravedad, ningún
político argentino ha advertido en sus discursos ni en
sus reflexiones íntimas. Sólo este detalle es
representativo de nuestros políticos "correctos".
Desde los Andes hasta las Islas Malvinas
Así, volvemos a referirnos al aplaudido
triunfo de la derecha chilena (utilizado el vocablo "derecha"
en su más amplia y correcta acepción) que tanto escozor
produjo entre los centristas de izquierda, izquierdistas
o indefindos modernosos y "progresistas" del continente,
(especialmente en nuestro País donde provocó un asombro
ocultado con tenaz disciplina) que modificó el escenario
hasta tal punto que nos obliga a mirar nuevamente hacia
las Islas Malvinas a partir del anuncio de la
exploración petrolífera que allí realizarán los
británicos por cuenta y orden de quienes manejan este
negocio en el mundo y como es lógico, en favor de si
mismos.
Ya lo explicamos pero vamos a insistir. Estos, de
acuerdo con su tradicional vínculo con Chile, deben
ofrecerle a nuestros vecinos trasandinos combustible más
barato del que actualmente consumen para incrementar su
sostenido desarrollo integral, fortalecer su industria,
afirmarse en el Pacífico y en el sur y sobre todo
expandirse, una vez capitalizados, para extender sus
fronteras económicas hacia otros territorios respaldados
por su capacidad militar. El crecimiento de la
vitivinicultura mendocina, es un ejemplo todavía menor
al que podríamos añadir los proyectos estratégicos de
los chilenos y brasileños - estos últimos ya semidueños
de nuestra industria cárnea - que en conjunto miran
hacia el sur boliviano y sus enormes riquezas agrícolas
y minerales que están al alcance de la mano gracias al
payasesco indigenismo de Evo Morales. De paso, digamos
que entre otros - parecidos y concurrentes - ese tema
precolombino está alimentado desde oficinas centrales
que están ubicadas en Londres (cuya dirección y teléfono
ya suministramos y donde no hay un sólo indígena de
muestra) desde las que administran - por cierto, con las
finanzas incluídas - los pasos políticos de los llamados
"pueblos originarios", tan mencionados y defendidos por
nuestra propia prensa y la izquierda intelectualizada.
Hasta lograron que la analfabeta Rigoberta Menchú Tum
lograra un Premio Nobel y le publicaran poemas y textos
escritos por otros con la firma de la guerrillera
guatemalteca a quien le organizaron una conferencia
especial ante asombrados primero e indignados después,
marinos de nuestra maltrecha y agredida Marina de
Guerra.
Si pese a la derrota de la Guerra del Atlántico Sur no
se hubieran desmantelado nuestras Fuerzas Armadas, los
argentinos estaríamos en mejores condiciones para
intervenir en estos asuntos. Para comenzar -
seleccionamos esta afirmación sólo a título indicativo -
podríamos mover las fichas para mantener nuestra
tradicional alianza con Perú - ya nuevamente agredido
por la banda Sendero Luminoso - ahora bajo la amistosa
mira del flamante Presidente e inteligente Sebastián
Piñera y tener una adecuada presencia en tierra, los
mares y el aire. Pero de esto no hablan nuestros "dirigentes"
entretenidos en explicar que no dijeron lo que dijeron
alguna vez, que se tomaron sus expresiones "fuera de
contexto" o en aparecer en el programa televisado de
Tinelli.
Siempre dentro del marco de sinopsis que nos hemos
impuesto, podríamos volcarnos ahora al terreno de la
inmoralidad que rompió la capacidad dirigencial de
amplios sectores argentinos, la corrupción que todo lo
abarca, el estudiado embrutecimiento de la opinión
publica y en particular de la juventud mediante varias
medidas, entre las que se destaca la anulación del
servicio militar obligatorio, la estupidez televisiva y
el concurrente fracaso educacional del ámbito público.
¿Para qué extendernos sobre la inseguridad generalizada
sin que a nadie se le mueva un pelo, excepto las
protestas callejeras y barriales de los parientes y
amigos de las víctimas asesinadas que se sientene
amenazados, los editoriales y artículos que ni siquiera
merecen una respuesta oficial...? ¿Para que referirnos a
la constancia que se registra en todos los sectores para
elegir o designar a los peores y excluir a los mejores?
¿Para que insistir en la fantástica dimensión que
adquiere el fenómeno de la drogadicción y el consecuente
fortalecimiento del narcotráfico que carcome cualquier
atisbo de autoridad o de límites al consumo que se
alienta hasta de manera subliminal? ¿Para que insistir
sobre la homosexualidad judicial que se entretiene con "su
pareja" en visitar los carnavales entrerrianos en un
paréntesis de sus rápidas sentencias para demostrar lo
indesmostrable, es decir, la honestidad presidencial...?
¿Para que?
Una sistemática deculturalización
Si hacemos un planeo sobre nuestra
sistemática desculturalización de la que forman parte
las tergiversaciones históricas del igualmente
televisado Felipe Pigna, los carteles explicativos que
con idéntico sentido están estratégicamente ubicados en
el Museo Histórico Nacional junto a los elementos que
pertenecieron a nuestros próceres o relatan los
acontecimientos del pasado, todo acorde con una
estretegia que busca suprimir el sentido de pertenencia
fomentado por los principios gramscianos que se aplican
desde los estratos del poder, llegamos rápidamente a
otros aspectos relacionados con esa desculturalización
como lo revela la "futbolización" de la opinión pública
o la incorporación de palabras ajenas a un vocabulario
civilizado y que utilizan hasta los políticos más
moderados; la caída en la educación pública no sólo no
es ajena a estos procedimientos, sino que culminan una
etapa más de la decadencia que se acentuará con el
correr de los días, los meses y los años y desmantelará
rápidamente las últimas capacidades de los argentinos
que quieran corregir el mañana cercano. Hasta se ha
sacrificado a quienes ya son jubilados o lo serán
progresivamente, en tanto se alienta el juego
incorporador del negocio de la droga y se amplía la
brecha entre ricos y pobres. ¿Algo más...? Sólo por
mencionarlo en ésta columna que pretende ser expresiva
de los "políticamente incorrectos", podemos reiterar el
quiebre de la salud pública, todavía superior a la
inexistente en algunos países vecinos, desde donde
vienen organizados contingentes de menesterosos para
atenderse o para que nazcan aquí sus hijos que serán
legalmente argentinos. De tal manera ellos y sus padres
obtendrán derechos especiales que les otorgarán "políticos
correctos" interesados en extender su clientelismo
electoral mediante la captación de futuros simpatizantes
que practicarán en las internas partidarias. ¿Los
medicamentos falsificados? Los expedientes judiciales
van y vienen y ya existen defensores periodísticos y
políticos interesados en ignorar a los culpables, lo que
incluye a funcionarios y algún embajador argentino,
refugiados convenientemente en el silencio cómplice o en
un periodismo ignorante de quienes escriben sobre este
asunto con ánimo escalrecedor.
Al margen de la violencia que nos espera a la vuelta de
la esquina y que con alarma además de soportada ahora es
cada vez más inferida por los "políticamente correctos",
sólo se discrepa en lo temporal, si ésta crecerá antes o
después, si será el camino para que se produzca la
inevitable corrección y si para ello jugarán las
instituciones que volverían por sus fueros para sacarnos
del atolladero o, mejor dicho, de la caída libre en que
estamos embarcados. Las opiniones están divididas.
Ahora, después de esta sinóptica reunión de básicos
antecedentes que se suman para alimentar la angustia
cotidiana y a la que podemos agregar un largo listado de
problemas que están en la mente de todos y justifican
nuestro "Sin Título" por la dificultad de seleccionar
algún componente principal, diremos que ya han surgido
como paso previo al estallido final, las primeras
diferencias entre los "políticamente incorrectos" que
sinceros o no, incorporan a sus pensamientos y estilo
una actitud que vamos a calificar de ingenua y proclive
a encontrar respuestas más fáciles y esperanzadas. Como
estas ultimas no servirán y mientras Luis D'Elía viaja
al exterior para explicar como se hace para acogotar al
periodismo independiente o contrar al otro, nos
permitimos sugerirles que jamás en la historia hubo un
país que en medio del derrumbe tome un camino simple
para salir del pozo, la sangre y la incompetencia. Nos
hablarán de la Alemania y del Japón de la posguerra,
pero en la medida que los analicemos veremos que son
casos distintos. Estamos donde estamos porque así lo
quisimos y lo aceptamos y aún hoy, por encima de las
evidencias, hay quienes se empeñan en explicaciones
sustentadas en el pasado inmediato o el presente
culpable, ajenas a la verdad mientras señalan con el
dedo, indignados, a los "políticamente incorrectos" que
mascullamos cada vez mas fuerte, una resistencia.
Detengámosnos entonces a meditar sobre esa realidad
temible que nos circunda y permitanme reiterar que
sobran los motivos para escribir desde el rincón del
pesimismo. Sin embargo, miremos el ejemplo que
recientemente nos ha dado la pequeña Honduras y
señalemos, con sinceridad, que podemos movernos del
rincón al que nos sentimos empujados y corrernos un
poquito para asomarnos a una tenue y casi temblorosa
lucesita de esperanza que sólo requiere voluntad,
vocación e inteligencia para que la abracemos como la
última tabla de salvación.