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SIN TÍTULO

                                      Por Carlos Manuel Acuña

__________________________________


-------- Mensaje original --------

Asunto:

articulo

Fecha:

Mon, 22 Feb 2010 12:43:34 -0300

De:

Carlos Manuel Acuña <tabano@carlosmanuelacuna.com.ar>

Para:

destinatarios-no-revelados:;


 
Esperamos desde el rincón del pesimismo hasta la insinuación
de una tenue lucesita de esperanza, que estará precedida por
la inevitable violencia que comienza a instalarse

Si nos resignamos no sin esfuerzo a eludir en este trabajo un título específico - aunque a su modo "sin título" signifique al fin y al cabo un título - se debe a que casi la totalidad de las causales de la decadencia argentina y los sucesos que desde hace años la determinan, han sido ya expresados, evaluados y discutidos. Por eso resulta difícil dirigirse con preferencia a los argentinos "políticamente incorrectos", haciéndolo de parte de otro argentino que también lo es y por lo tanto todos - unos y otro - están y estamos, - con matices - informados de lo que sucede aunque lo disciernan de manera distinta. Por eso hemos adoptado meditada y sentimentalmente esta expresión calificativa de una supuesta incorrección endilgada por los universalmente "correctos", modismo que con su arbitrario ideologismo transita entre la "lógica del ser", la del "deber ser" y la realidad que nos acongoja. Por eso también y en lo que nos compete, adoptamos el mote con alegría y el convencimiento de que a contrapelo de la contracultura que se ha volcado sobre el mundo es una apretadísima síntesis de lo que representamos ante lo que sucede desde los finales del siglo último.

Periodísticamente indispensable, todo título es un accesorio imprescindible para orientar al lector - incluso o sobre todo al "políticamente incorrecto" - sobre lo que vamos y queremos expresar y transmitir, pero el caso es que para escribir en una columna que se identifica con los "Políticamente Incorrectos" creemos que es previo y conveniente auscultar el presente desde el educativo rincón del pesimismo para dibujar algunos de los vaticinios sobre lo que nos espera. Muchos ya lo hicieron y anunciaron sus consecuencias que siempre fueron negadas incluso hasta que se produjeron, lo que constituye otra expresión de la decadencia y es tal el cúmulo de sucesos, hechos traumáticos y planos inclinados hacia la debacle, que hoy resolvimos optar por un "sin título" que pretende sin entrar en detalles, ser abarcativo de los principales componentes, explícitos o implícitos, que desde nuestro punto de vista nos permite afirmar que nuestra Argentina permanente dejó de serlo para convertirse más adelante en otra distinta, todavía difusa en cuya formación, por razones biológicas, muchos no podremos intervenir con ánimo correctivo.
 
¿La unidad  geográfica en peligro?
 

Tal vez en estas últimas afirmaciones también estén incluídas las razones objetivas que nos permiten expresar una vez más, que hoy comienza a tomar cuerpo la posibilidad del surgimiento de otro drama adicional y superior expresivo de una meditada y dolorosa sospecha que nos habla de una creciente dificultad  para mantener la unidad geográfica de nuestra Patria enferma. En todo esto que para muchos sonará a exageración, residen las primeras afirmaciones concretas de nuestro punto de vista que podría abonar un interesante debate que, si se produjera, será edificante especialmente si sus conclusiones pudieran contribuir positivamente a las modificaciones que con cierta timidez, comienzan a insinuarse. Sin embargo, ponemos en duda que esto suceda para que podamos experimentarlo pues al menos, todavía, la experiencia nos demuestra que aún es temprano para que las voces "políticamente incorrectas" puedan intervenir con éxito en el pantanoso escenario que nos aferra. Si llegara, bienvenido ese debate pues se convirtiría en algo así como una colaboración para evitar un devenir que contiene factores cada vez más fuertes, novedosos, marcadores del retroceso y rompedores de lo construído por los argentinos que nos precedieron. Por eso sólo enunciaremos algunos para no extendernos en demasía: entre ellos, aquel que se relaciona directamente con nuestra subsistencia como Nación organizada y nos dice del estado de indefensión externa en que se ha colocado a la República y que pese a su pasmosa gravedad, ningún político argentino ha advertido en sus discursos ni en sus reflexiones íntimas. Sólo este detalle es representativo de nuestros políticos "correctos".
 

Desde los Andes hasta las Islas Malvinas
 

 Así, volvemos a referirnos al aplaudido triunfo de la derecha chilena (utilizado el vocablo "derecha" en su más amplia y correcta acepción) que tanto escozor produjo entre los centristas de izquierda, izquierdistas o indefindos modernosos y "progresistas" del continente, (especialmente en nuestro País donde provocó un asombro ocultado con tenaz disciplina) que modificó el escenario hasta tal punto que nos obliga a mirar nuevamente hacia las Islas Malvinas a partir del anuncio de la exploración petrolífera que allí realizarán los británicos por cuenta y orden de quienes manejan este negocio en el mundo y como es lógico, en favor de si mismos.

  Ya lo explicamos pero vamos a insistir. Estos, de acuerdo con su tradicional vínculo con Chile, deben ofrecerle a nuestros vecinos trasandinos combustible más barato del que actualmente consumen para incrementar su sostenido desarrollo integral, fortalecer su industria, afirmarse en el Pacífico y en el sur y sobre todo expandirse, una vez capitalizados, para extender sus fronteras económicas hacia otros territorios respaldados por su capacidad militar. El crecimiento de la vitivinicultura mendocina, es un ejemplo todavía menor al que podríamos añadir los proyectos estratégicos de los chilenos y brasileños - estos últimos ya semidueños de nuestra industria cárnea - que en conjunto miran hacia el sur boliviano y sus enormes riquezas agrícolas y minerales que están al alcance de la mano gracias al payasesco indigenismo de Evo Morales. De paso, digamos que entre otros - parecidos y concurrentes - ese tema precolombino está alimentado desde oficinas centrales que están ubicadas en Londres (cuya dirección y teléfono ya suministramos y donde no hay un sólo indígena de muestra) desde las que administran - por cierto, con las finanzas incluídas - los pasos políticos de los llamados "pueblos originarios", tan mencionados y defendidos por nuestra propia prensa y la izquierda intelectualizada. Hasta lograron que la analfabeta Rigoberta Menchú Tum lograra un Premio Nobel y le publicaran poemas y textos escritos por otros con la firma de la guerrillera guatemalteca a quien le organizaron una conferencia especial ante asombrados primero e indignados después, marinos de nuestra maltrecha y agredida Marina de Guerra.

  Si pese a la derrota de la Guerra del Atlántico Sur no se hubieran desmantelado nuestras Fuerzas Armadas, los argentinos estaríamos en mejores condiciones para intervenir en estos asuntos. Para comenzar - seleccionamos esta afirmación sólo a título indicativo - podríamos mover las fichas para mantener nuestra tradicional alianza con Perú - ya nuevamente agredido por la banda Sendero Luminoso - ahora bajo la amistosa mira del flamante Presidente e inteligente Sebastián Piñera y tener una adecuada presencia en tierra, los mares y el aire. Pero de esto no hablan nuestros "dirigentes" entretenidos en explicar que no dijeron lo que dijeron alguna vez, que se tomaron sus expresiones "fuera de contexto" o en aparecer en el programa televisado de Tinelli.

Siempre dentro del marco de sinopsis que nos hemos impuesto, podríamos volcarnos ahora al terreno de la inmoralidad que rompió la capacidad dirigencial de amplios sectores argentinos, la corrupción que todo lo abarca, el estudiado embrutecimiento de la opinión publica y en particular de la juventud mediante varias medidas, entre las que se destaca la anulación del servicio militar obligatorio, la estupidez televisiva y el concurrente fracaso educacional del ámbito público. ¿Para qué extendernos sobre la inseguridad generalizada sin que a nadie se le mueva un pelo, excepto las protestas callejeras y barriales de los parientes y amigos de las víctimas asesinadas que se sientene amenazados, los editoriales y artículos que ni siquiera merecen una respuesta oficial...? ¿Para que referirnos a la constancia que se registra en todos los sectores para elegir o designar a los peores y excluir a los mejores? ¿Para que insistir en la fantástica dimensión que adquiere el fenómeno de la drogadicción y el consecuente fortalecimiento del narcotráfico que carcome cualquier atisbo de autoridad o de límites al consumo que se alienta hasta de manera subliminal? ¿Para que insistir sobre la homosexualidad judicial que se entretiene con "su pareja" en visitar los carnavales entrerrianos en un paréntesis de sus rápidas sentencias para demostrar lo indesmostrable, es decir, la honestidad presidencial...? ¿Para que?


Una sistemática deculturalización

Si hacemos un planeo sobre nuestra sistemática desculturalización de la que forman parte las tergiversaciones históricas del igualmente televisado Felipe Pigna, los carteles explicativos que con idéntico sentido están estratégicamente ubicados en el Museo Histórico Nacional junto a los elementos que pertenecieron a nuestros próceres o relatan los acontecimientos del pasado, todo acorde con una estretegia que busca suprimir el sentido de pertenencia fomentado por los principios gramscianos que se aplican desde los estratos del poder, llegamos rápidamente a otros aspectos relacionados con esa desculturalización como lo revela la "futbolización" de la opinión pública o la incorporación de palabras ajenas a un vocabulario civilizado y que utilizan hasta los políticos más moderados; la caída en la educación pública no sólo no es ajena a estos procedimientos, sino que culminan una etapa más de la decadencia que se acentuará con el correr de los días, los meses y los años y desmantelará rápidamente las últimas capacidades de los argentinos que quieran corregir el mañana cercano. Hasta se ha sacrificado a quienes ya son jubilados o lo serán progresivamente, en tanto se alienta el juego incorporador del negocio de la droga y se amplía la brecha entre ricos y pobres. ¿Algo más...? Sólo por mencionarlo en ésta columna que pretende ser expresiva de los "políticamente incorrectos", podemos reiterar el quiebre de la salud pública, todavía superior a la inexistente en algunos países vecinos, desde donde vienen organizados contingentes de menesterosos para atenderse o para que nazcan aquí sus hijos que serán legalmente argentinos. De tal manera ellos y sus padres obtendrán derechos especiales que les otorgarán "políticos correctos" interesados en extender su clientelismo electoral mediante la captación de futuros simpatizantes que practicarán en las internas partidarias. ¿Los medicamentos falsificados? Los expedientes judiciales van y vienen y ya existen defensores periodísticos y políticos interesados en ignorar a los culpables, lo que incluye a funcionarios y algún embajador argentino, refugiados convenientemente en el silencio cómplice o en un periodismo ignorante de quienes escriben sobre este asunto con ánimo escalrecedor.

Al margen de la violencia que nos espera a la vuelta de la esquina y que con alarma además de soportada ahora es cada vez más inferida por los "políticamente correctos", sólo se discrepa en lo temporal, si ésta crecerá antes o después, si será el camino para que se produzca la inevitable corrección y si para ello jugarán las instituciones que volverían por sus fueros para sacarnos del atolladero o, mejor dicho, de la caída libre en que estamos embarcados. Las opiniones están divididas.

Ahora, después de esta sinóptica reunión de básicos antecedentes que se suman para alimentar la angustia cotidiana y a la que podemos agregar un largo listado de problemas que están en la mente de todos y justifican nuestro "Sin Título" por la dificultad de seleccionar algún componente principal, diremos que ya han surgido como paso previo al estallido final, las primeras diferencias entre los "políticamente incorrectos" que sinceros o no, incorporan a sus pensamientos y estilo una actitud que vamos a calificar de ingenua y proclive a encontrar respuestas más fáciles y esperanzadas. Como estas ultimas no servirán y mientras Luis D'Elía viaja al exterior para explicar como se hace para acogotar al periodismo independiente o contrar al otro, nos permitimos sugerirles que jamás en la historia hubo un país que en medio del derrumbe tome un camino simple para salir del pozo, la sangre y la incompetencia. Nos hablarán de la Alemania y del Japón de la posguerra, pero en la medida que los analicemos veremos que son casos distintos. Estamos donde estamos porque así lo quisimos y lo aceptamos y aún hoy, por encima de las evidencias, hay quienes se empeñan en explicaciones sustentadas en el pasado inmediato o el presente culpable, ajenas a la verdad mientras señalan con el dedo, indignados, a los "políticamente incorrectos" que mascullamos cada vez mas fuerte, una resistencia. Detengámosnos entonces a meditar sobre esa realidad temible que nos circunda y permitanme reiterar que sobran los motivos para escribir desde el rincón del pesimismo. Sin embargo, miremos el ejemplo que recientemente nos ha dado la pequeña Honduras y señalemos, con sinceridad, que podemos movernos del rincón al que nos sentimos empujados y corrernos un poquito para asomarnos a una tenue y casi temblorosa lucesita de esperanza que sólo requiere voluntad, vocación e inteligencia para que la abracemos como la última tabla de salvación.
 

 

 

 
   

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