__________________________________
DON SINSONTE
DE LA PALMA
Por: Salvador E. Subirá
(revisado Enero 2010)
En
un tinajón
no cabe todo el aguacero,
pero sí lo que ha llovido
sobre nuestro tejado.
S.E.S.
GRACIAS
Gracias principio del
misterio,
chispa inicial de los
aconteceres
porque lanzaste tu
semilla
para cosechar
prodigios en el tiempo.
Gracias por el ave
liberada de tu gesto
para viajar los
asombros infinitos.
Gracias por la fuerza
de tu mirada
que sobre ese puente
cruzamos confiados los
abismos.
Por el regalo del amor
con que se forma
el tibio nido de la
vida…
¡gracias!.
EL PADRE
En el principio
sólo era Dios,
sin
principio ni fin,
perfecto e inmutable,
un
ser espiritual
millonario de posibles.
Señor sin límites
con
toda la sabiduría
sin
razón,
y
todo el amor
sin
corazón.
Con
reclamo paternal
quiso crear
y
decidió fuera el hombre.
Entonces concibió un universo
que
retase al infinito
y
mundos a su medida
para que cultivase el amor.
Y
escondidas con cariño
en
un planeta,
como juguetes tallados
con ternura infinita,
estaría la sorpresa
de
las islas.
GÉNESIS
En el espacio
insondable
una niebla perezosa
que se arrolla
en espiral.
Como humo sin prisa
que se hiciese
caracol.
Girando su voluta
lentamente,
con paciencia
para desesperar a
cualquiera,
menos a Dios.
Entonces
no había sol,
ni estrellas, ni
planetas,
no había días, ni
años,
era un tiempo único,
sin medida,
demasiado grande para
el hombre,
y no había hombre.
Aquella voluta
giraba y giraba,
siempre despacio,
concretando el
universo,
porque estaba encinta
de todos los mundos.
ÍNSULAS
Las islas
surgen
por fuerzas escondidas,
íntimas,
que se empeñan
en modelar
el planeta redondo.
Cordilleras
gestadas allá abajo
en las profundidades del mar.
Crecer titánico
de abismos oscuros
que dura miles,
¡millones de años!,
y fueron nada
porque no había hombres
que midieran el tiempo.
Hasta un día
que se rompe la tersura del mar
con algo colosal,
y en la sorpresa de las aguas
parte un grito azul,
redondo,
en todas direcciones
a anunciar en los confines
aquel alumbramiento.
Así afloran islas deslumbradas
en elegidos puntos del mar.
Tierras frescas,
marineras,
vírgenes que esperan
a los hombres
para ser suyas.
LA VIDA
Sobre el lomo
¡cuántos despojos
marineros!.
Algas que perdieron la
gracia
al abandonar las
aguas,
conchas abandonadas en
la huída,
caracoles con
laberintos desiertos,
escamas perdidas,
lacrimosas,
sobre los arenales.
Nácares nacidos para
el sol
y libres al fin
de la náusea del
molusco.
¡Cuántas ruinas
ignoradas
que llegan desde el
abismo negro
que da espanto
imaginar!.
Entonces empieza
la paciencia del
coral,
sus encajes infinitos,
las peinetas del mar,
su retoñar de piedras
florecidas.
Y vinieron algas
que arraigan en la
tierra,
y simientes
que sólo esperaban el
sol
para brotar,
y otras semillas
llegan en las olas
que aún no envidiaban
ni mordían las costas.
Todo un jardín verde
sobre el regazo núbil
libre al fin
del abismo estéril.
Y los brotes
crecen a bosque
y luego a selvas,
porque el paisaje ya
es
una guerra de
esmeraldas.
LA
ISLA
Yo
sé de una isla
que trajo del abismo
un mástil náufrago
de tiempos
que no es posible recordar.
Un leño blanco,
recto, firme,
que subió inflexible
hiriendo los líquidos.
Y
cuando ya la tierra y el aire
estaban próximos,
quiso el azar se escuchasen
los suspiros de una medusa verde,
bella y frondosa,
enamorada del sol
y rondadora de playas,
porque estaba prisionera
en los vagares del mar.
No hubo mucho que hablar
porque la tierra subía,
y el mástil, audaz,
se la robó del mar.
Y nunca se oyó tanta alegría
cuando despidió las olas.
Fue un murmullo dulce y femenino
que comenzó entonces
y aún no termina
de contar secretos.
Desde entonces
¡cuántas caricias tiernas
en su eterno nadar
por el azul del cielo!.
Más tarde, en Mayo,
un rayo enamorado de sol,
con más que luz y que calor,
la fulminó de amor.
Así pronto hubo bosques
de aquel milagro,
y los palmares
se adueñaron de esa isla,
que ya para siempre,
fue un arrullo
para seducir al océano.
EL PARAÍSO
Isla singular
acariciada de sol
que yace con elegancia
sobre las ondas del
mar,
y entrega su cuerpo
firme,
sin dramas telúricos
ni retos al hombre.
Tierra de complacer
con caminos sin
trampas,
su monte sin fieras,
y sierras sin
ambiciones
de llegar a la nieve.
A trechos túrgida
para que sus senos
añadan gracia,
y los ríos puedan
beberse
toda la leche de sus
cuencas.
Muchas veces sabana
como una deliciosa
bandeja
que sirve la fiesta de
vivir.
Isla de gala
vestida con lujo
por un increíble
derroche
de verdes.
Bien provista de
árboles
que se mecen
sobre sus garras de
leña
y dialogan aves
enjoyadas.
Esbeltas y múltiples,
acribillando los
valles
y los lomos del
paisaje,
hincan las palmas
su banderilla
para despertar el brío
en las comarcas
mientras miran
erguidas
sobre los horizontes.
LA
PROFECÍA
En el paraíso
asomado de las aguas
no hubo prohibición
sino mandato:
¨Serás un
trapiche
en medio del mar
porque te doy
la vocación del azúcar.
Haré brotar de tu seno
un manantial de mieles
que nunca se agote,
y por ello
serás llamada ¨dulce¨
entre todas las islas.
Te crecerá un lujo de cañas
verdes y espléndidas
que cortarás y molerás,
a ese jugo llamarás ¨guarapo¨,
y mansamente fluirá
para cristalizar innumerable
el carisma de tu vientre.
Tendrás tesoros en tus entrañas
pero ninguno
como el pueblo que te more.
Le daré corazón
que le crezca el amor
por todo el árbol de su sangre
hasta hacerlo amistoso
entre todas las naciones.
Tendrá muchos defectos
pero no la tristeza,
no será perezoso ni egoísta,
orgulloso pero no soberbio,
valiente para hacer su historia
y te hará dichosa.
Pero no conservarás estos dones
sólo para tí,
porque habrás de compartirlos.
De ti zarparán las naves
cargadas con tu abundancia
y en todas direcciones,
así sabrán todos
que Yo te amé
e hice fecundo tu vientre¨.
EL TOMEGUÍN
Cuando las islas
asoman
todas las aves de los
cielos
bajan a beber en
fuentes prístinas
y retozar en floras
húmedas,
¡cuánto pajareo el de
esos días!.
Algunas se marchan
enseguida,
otras permanecen sólo
un tiempo
y después vuelan
prometiendo
que regresarán todos
los años,
Pero hay otras que se
encariñan
y renuncian a las
travesías del mar.
El tomeguín llegó
nervioso.
hojita tierna del
color del musgo
exhausta por tanto
remar de cielos.
¡Ay Dios, que los
presentimientos son sabios!
y aquella hojita
temblorosa los tenía.
En toda la rosa de los
vientos
no había tantos verdes
en un solo bosque,
ni tantos brillos por
el mismo sol.
Una decisión se
concretaba
en dos chispas negras,
diminutas,
con toda la expresión
de una pupila.
Algo tibio, rosado,
íntimo,
palpitaba escondido.
¡Cuánto temblor de
hojas y piar de fuentes!
y el mismo tomeguín,
¿dónde estaba?.
En un lugar de aquel
follaje
se tomó una decisión,
no más norte ni sur,
ni levante ni
poniente,
ni estrellas por las
noches de la historia
que muestren nuevos
rumbos,
¡es aquí!.
Ahora en los abriles
preñados de polen
en que algo loco
emerge de la tierra,
se ve por los claros
desyerbados,
un remolinillo del
color del musgo
empeñado en sentir la
tierra suya
entre sus alas
menudas.
En una sombra del
bosque
hay un mundito de
paja,
pequeño globo de
puntada amorosa,
santuario para dos
tesoritos blancos.
Por la ventana única
dos chispas conocidas,
negras, diminutas.
Y con los retoñares
siempre se hacía más
tupido
el inquieto verdor de
los bosques,
y muchas eran hojas
del color del musgo
que tenían algo tibio,
rosado, íntimo,
que palpitaba
escondido.
Hojas del follaje de
esa isla
que en otra latitud
cualquiera
marchitarían mustias
sin temblor ni trino.
EL
HOMBRE
El tiempo
humano al fin,
decidió llegar sobre las aguas
y desembarcó en la isla.
Estampó su pié descalzo
en las arenas,
y siguió huellas adentro
ya para siempre.
Vino desnudo,
el pelo negro y lacio,
ojos oscuros, piel canela,
y barba por crecer
desde muchas generaciones.
Llegó a reinar sobre la isla
por el derecho de su razón.
Trajo consigo el amor,
el deseo del bien
y la búsqueda de la verdad.
No olvidó traer ilusiones,
los sueños y la fantasía,
y cautivó a los vientos
con la magia de la palabra.
Llevó también las pasiones,
desde el válido retarse
para conquistar las estrellas,
hasta la tonta vanidad
que espía su belleza
al fondo de las aguas.
Junto a las huellas del Rey
por los caminos,
el amigo bruto que le sigue,
menudo almiquí
de húmedo hocico
arañando la senda con sus uñas.
LA PALABRA
(Para
ser leído en voz alta.
La sucesión de palabras
aborígenes debe ser leída
de corrido y sin pausas
intermedias para figurar
la fonética de la lengua
hablada por los primitivos
habitantes de la isla).
Los animales expresan
su sonido,
los insectos su
zumbido
y los peces su
silencio.
Las hojas infinitas,
cada cual
hace silbar los aires
a su modo,
cada ala bate el
viento como quiere,
cada gota tintinea en
la hojarasca
con un lamento propio
de cristal,
cada río murmura
frescuras distintas.
Y todo se teje sobre
un fondo de silencio,
que define los rumores
de las tierras.
Después, en un día del
hombre
la lengua dijo algo
espontáneo
que todos entendieron.
Era el hablar de la
tierra
que llegó al alma del
hombre
y brotó como palabra.
¡mamey
guayaba marañón!
¡aguacate
guanábana caimito!
¡piña
güira níspero y anón!.
Pulpas
con nombre de pregón,
¡banano
hicaco chirimoya!.
Baracoa Jaruco Moa,
Guantánamo Baraguá.
Oquedades de la selva.
Magarabomba, ritmos graves.
Maniabón Guanabacoa
Sibanicú Mataguá.
¡Yara!
y ¡Baire!, gritos.
Jutía,
ese nombre que suena a susto
que se
escapa entre las espesuras.
sinsonte totí pitirre…tocororo,
ruidos
todos del bosque, ¡tomeguín!.
sabicú
jocuma jagua
jagüey ácana majagua
guayacán jiquí
y ateje.
siguaraya,
palos recios,
corojo ceiba cuajaní
baría
júcaro caoba
yagruma guamá macurije.
Ruidos
fuertes, tropicales.
El
naborí siembra conucos
con
yuca ñame y boniato.
Los
bateyes
son
bohíos barbacoas y caneyes.
En el
río
el
manjuarí, la guabina, el manatí.
Hatiguanico Caonao
Hanabanilla Mayabeque,
aguas
entre piedras,
Saramaguacán Damují,
Cuyaguateje…¿castellano?.
Cocuyo,
son dos
luces
que
vuelan gemelas en la noche.
Tabaco…
humo
azul que busca el cielo.
Palabras frescas
recién
brotadas del monte.
Mayarí
Cumanayagua
Guáimaro Cabaiguán,
rumores
de esta tierra
Camagüey Turiguanó
Baitiquirí Jaronú,
hablares de la isla.
LA FUENTE
En lo profundo de esa
isla
había unas aguas prisioneras
que sabían mil cantos de cristal
y
desesperaban
por abrirse en fuente.
Seguían un camino secular
a
través de gravas,
por túneles diminutos
en rocas porosas,
bordeando basaltos impermeables.
Y mil veces erraban el camino
y mil veces continuaban tesoneras
en la negra noche,
subterránea y sin estrellas,
donde sólo se vivía de esperanzas.
Y un día como todos,
de lento escurrirse lastimero,
no podían entender lo que veían
por no haber conocido las estrellas.
Pero algo instintivo, ciego,
las empujó en tropel
hacia aquel punto,
y hubo más luz,
hasta un rayo de sol y una burbuja…
y las aguas de la noche subterránea
florecieron en una fuente
con mil destellos.
EL ORGULLO
Hubo un grupo
andariego y orgulloso
que rebuscó los mapas
hasta encontrar
la poesía del fuego y
el clavel,
y allí decidió su
morada
extendiendo una piel
de toro
para deslindar su
campamento.
Pero caballos del sur
llegaron a abrevar en
sus aguadas,
otros alfiles que los
suyos
miraban profundo y
oblicuo,
torres acompañaban a
otro rey,
y comprendió,
ciertamente,
el reto que ya
formaban
las piezas de otro
ajedrez.
Ruy López al frente,
inició la memorable
partida
en nombre de su rey
sobre el tablero de
los siglos.
La historia
parlanchina
cuenta esa gesta
con la lengua del
romance,
Se
escucha en la cabalgata
y en
seria conversación
las
verdaderas razones
de tanto
insigne varón,
que quien
a su rey traiciona
no puede
tener perdón
ni
llamarse caballero
que lucha
por el honor.
Cuando el mate
se jugó sobre Granada
la Dama, ¡toda una
reina
dispuesta siempre al
resto!
quiso cambiar sus
alhajas
por mayores allende el
mar.
Con barquichuelos
frágiles
se partió a la
conquista de la gloria
por los azares del
mar.
Proas hidalgas que
arremetían
contra un horizonte
desierto,
sólo con su fé
y la fortuna de los
vientos.
EL RECIBIMIENTO
Era un continente
que completaba el orbe
y
reservado al hombre
para culminar sus hazañas del planeta.
Solar de encuentros
y
tierras de estreno
para que los peregrinos,
sudorosos de viejos caminos,
celebrasen de nuevo la hermandad.
Cuando esta parte del mundo
supo que se cerraba
el
anillo de la Historia
salió a recibir con su flota más bella,
balsas, canoas y piraguas
engalanadas de palmas
y
rumorosas de músicas
para el júbilo del recibimiento.
El
coraje del hombre tuvo premio,
porque su embestida,
como una flecha, fue a clavarse
al
mismo corazón del continente,
a
la barquilla capitana
que esperaba como una flor del mar.
Y
en el lugar del encuentro,
fondeada para siempre,
quedó graciosa sobre las aguas,
con el amable destino
de
los recibimientos
y
las despedidas.
LA ALEGRÍA
(*
este estribillo
debe ser cantado.
La melodía viene por la
cadencia
fonética natural de las
palabras)
Mundo de hojuelas
temblorosas,
lugar sombrío
que hasta el sol temía
penetrar
con miradas finas,
vacilantes,
verde infinito,
soledad silvestre.
Entre el rumoreo
que se afana por la
vida
un latido que palpita.
algo persistente y
vivo
como olas sucesivas
de un foco alegre…
Y en el silencio
atento
que indaga…
tambor
que repica
sonido
que envuelve y estremece
tambor
que reclama
ritmo que
crece y enardece
¡que
empuja!, ¡que arrastra!, ¡que lleva!
tambor
que retumba
tambor
que arrebata
Y por el hojerío
sacudido
ya asoman las risas
blancas
de los negros
bullangueros,
carabalí y arará*
congo,
lucumí
la
historia es una chismosa
que no
merece atención,
la vida
es una alegría
desde que
empieza hasta el fin
carabalí
y arará
congo,
lucumi
el
destino es caminar
sin
especial dirección,
el mundo
sólo el lugar
en que
estás para gozar
carabalí
y arará
y los
negros bailan siempre
en camino
entre las hojas
con miedo
de echar raíces
que
impidan seguir la conga
carabalí
y arará
congo,
lucumí
la
felicidad no es ningún sitio
al que se
pueda llegar,
es tan
sólo una rumbera
fácil de
acompañar
carabalí
y arará
congo,
lucumí
Cuando la felicidad
se enteró que en medio
del mar
había florecido una
isla rumorosa y musical,
se fue a seguir su
rumba allá
y los negros la
acompañaron,
carabalí y arará
congo,
lucumí…
CECILIA
Medianoche
en La Habana colonial
tres horas del cañonazo
que
cerró las puertas de la muralla.
Silencio…
Una campanada de algún convento,
el
carabinero español que hace la ronda,
…
y por la calle empedrada
crecen los
chasquidos de un coche.
A
trechos, con los faroles de gas,
se
ve el tiro sudado y la capota negra,
hasta el cruce oscuro
en
que se escondió el ruido.
Pasos suaves y golpecitos de bastón
hasta la ventana con rejas.
Silencio…
Y
como en un suspiro…
¡Cecilia!
sin respirar, y oído atento…
¡Cecilia!
algo descalzo como roce de sedas,
bisagras herrumbrosas
que giran muy calladas,
y desde la oscuridad
-- Dime.
siempre muy bajito…
--¿Eres tú Cecilia?
-- Sí..¿y tú quien eres?
-- Eso…no importa.
Silencio…
-- Mamá Chepilla no me deja
hablar con extraños.
Silencio…
-- Cecilia… es que llego
a través de la distancia
para hablarte…
lejos del bullicio
que siempre rodea tu belleza…
me he fugado
de la cárcel del tiempo,
y estoy obligado
a ser en un instante.
Vengo nervioso
para… hablarte de amor,
¡sí!…, enamorado,
pero no necesito tu respuesta.
vengo a quererte sin remedio
y por encima de toda opinión,
porque tú, Cecilia,
eres el nudo apretado
de todo lo que amo,
la clave…sí, la clave
que me descifra hasta el
fondo,
tú…el significado de todo
y mi resumen del mundo.
Silencio contenido y amoroso…
-- ¡Adiós Cecilia!.
Pasos suaves y golpecitos de bastón.
LA MARIPOSA
¡Flores!, el aire anda
florecido
de mariposas coquetas
tomando el sol de la
mañana.
Con un aleteo frágil
en los azares del
viento
improvisan rutas
femeninas
que lo curiosean todo.
Alitas borrachas de
perfume
zigzagueando rumbos
y siempre en el afán
de los nuevos
néctares.
Mensajeras almidonadas
que recorren todas las
corolas
llevando recados de
polen
entre estambres y
pistilos.
También se posan
alrededor de los
bohíos
donde los ojitos
pillos
alargan una mano
menuda
que ya se va a cerrar…
pero la frívola se
escapa
con otra pirueta de
colores
hasta aquella otra
flor.
Así, entre devaneos
curiosos
y acrobacias del aire
se pierden por las
campiñas
como pétalos
extraviados
que dejan un recuerdo
fugaz.
¡Ay, mariposa
vagabunda,
juguete de lo
inmediato!,
sé que en tanto
comadreo
llevas escondida una
angustia,
eres flor que busca un
tallo
pero temes quedarte
prisionera
en hojas que se puedan
marchitar.
LA FÉ
Tormenta…, algo a la deriva,
entre el lengüeteo furioso y azul
algo fugaz….
También tres hombres
en
un bote pescador.
Dos blancos, un moreno,
hermanados en los azares del mar,
pero espantados de su soledad
en
medio del horror del viento
y
tanto temblor de sal.
Entonces vino la sorpresa.
En
un vaivén de las olas
se
entrevieron, ella y ellos,
la
Virgen que navegaba serena
hacia una isla nacida del mar,
y
los hombres curtidos de sol
desesperados por la tempestad.
El varón puede temblar
porque el miedo es humano,
pero si hay mujer desvalida
hay orgullos que lo obligan
a
desdeñar los peligros.
No hubo que consultar
para acercarse al rescate,
porque todos eran orgullosos.
Se creyeron que fue fácil
por la fuerza de sus brazos,
mas fue ella quien calmó
la furia de aquellas aguas
con la delicada discreción
que no humilla al proteger.
Ya en el bote era bonita,
entre los tres muy callada
dando gozo sin palabras,
y
de añadidura¡mulata!..
como un abrazo de razas
para sentirla de todos,
sutilezas de la maternidad.
Y
los que habían remado
en rescate de una imagen
ahora estaban salvados
por esa Virgen del mar.
Hay apariencias
que engañan a los ojos,
pero sólo el corazón
conoce los milagros.
Después en puerto seguro
buscaron darle un hogar,
y a su modo, con firmeza,
quiso decidir el lugar.
¿Acaso no tenía el derecho
de escoger su comarca?.
Allí quedó muy callada,
vestida con aderezos criollos
y muy dispuesta a recibir.
Los hijos se fueron acercando,
¡qué sé yo los reclamos que usó!.
Las madres saben cosas misteriosas.
No se sabe cuantas generaciones
vinieron a visitarla con cariño,
hombres recios de la guerra
que entre dos batallas
tenían un minuto para ser hijos,
guajiros tímidos de guayabera
con el sombrero de yarey
nervioso entre las manos
y el machete sonando en la vaina,
negritos descalzos que venían
con los ojos abiertos y azorados
para conocer a su madrecita clara,
mulatos orgullosos y creídos
de ser más suya que de nadie.
Y ella siempre callada,
¡pero les decía cada cosa!.
Nadie pasó a conocerla
Que no dejase el corazón.
Luego, desde sus bohíos
perdidos entre las palmas,
y aún sin saber de mapas,
todos sabían que en la patria
había una madre amorosa
que velaba por los hijos.
Y la Virgen siempre callada
con anhelos en su corazón
pero sin decirlos…
LO CRIOLLO
La estancia reposaba
meditabunda y tropical
abanicada con arcos de
colores
que refrescaban su
mediodía.
Mas el sol abusaba de
su fuerza
y siempre penetraba
algún rayo
para estampar su calor
sobre almidones y
mimbres.
Todo en silencio,
porque en el vaivén
del sillón
el amo y señor
hacía la ronda de sus
indagaciones.
Al gesto arrogante,
ardía el tabaco
su inspiración de
entrañas,
sahumarse en
zambullidas ávidas del yo
hasta regresar
desvanecido
de las profundidades,
apurando a besos de
humo
la síntesis de su
plenitud.
Siempre un eterno
descender
la escalera de sus
verdades
hasta las bodegas
íntimas
donde se fermentaba la
caña
para destilar el ron.
Hasta que, como de una
siesta
despertó su genio
a la certeza de su
identidad,
y lo criollo salió a
estrenarse,
dominguero y blanco,
la guayabera crujiendo
de almidón
el sombrero de yarey
temblando al viento,
con sabor de café en
la boca,
su tabaco ardiendo
parejo
un gallo fino en la
jaba, pendiente del arnés
y su caballo marcando
el trote
mientras se pierde
por el camino de la
valla.
EL IDEAL
Desde algún lugar de
su generación
el
joven cabalgaba la fortuna de una vida,
caracoleando impetuoso en su brújula de
posibles,
afilando la saeta de su ideal.
…hasta el día viril
en
que tensa la virtud al tope
silbó su flecha pura
rumbo a la diana más honrada del horizonte.
El
bravo jinete
galopó a apoderarse del futuro
con un centellear de cascos conquistadores.
Cometa que dejaba su estela
con polvaredas de oro,
prodigándose,
porque estaba enamorado de su verdad.
Y trazando la rectitud
de su vida
ignoraba desdeñoso los peligros del camino,
porque no sería posible
perder la vida verdadera
por los senderos del bien.
EL BROTE
Larga noche llorada de
estrellas
bohío envuelto en la
sombra,
temblando de fríos,
calado de angustias,
fantasma triste de la
noche.
Hogar estremecido en
la madrugada
porque un clarín de
honor
reclama las
conciencias,
… y no hay hombre
bueno
que en esta hora
cavilosa
no trasnoche
decisiones.
En cada pecho, un
debate
y la duda se esfuerza
por saber
si es fantasía,
o el espíritu de un
tiempo nuevo
que pronto trotará por
los caminos.
Noche espirituosa
que convoca a la
insurgencia,
tinieblas,
con el destino
inevitable de una aurora.
EL BOHÍO
La luz trajo el
paisaje
arrebujado en neblinas.
Y
el bohío amaneció
exhausto por la vigilia,
humilde e inmaculado de cal.
su
carpintería de palma rajada en tablas
bajo la cobija cenicienta
de
guano desgreñado,
las ventanas y puertas ojerosas de azul,
y
al frente, florecidas de la bruma,
las corolas presumidas
de
un jardín campesino.
Pero radiante de decisiones,
orgulloso de corajes,
alegre de valentías.
Y
pronto fuma la cobija
con la colada del café mañanero.
LA NOVIA
En un rostro de virgen
dos pozos miran
tristes,
oscuros, inquietos por
el trillo
que no trae al amado
para la despedida.
Bella mujer, que hoy
está herida de
sentimientos
por el clarín que
llama
y el amor que parte.
Trote que trota…,
su corazón en alerta,
los labios
entreabiertos
luchando con la duda,
…finalmente ¡es él!,
y con pasos menudos
va a apurar el abrazo.
Cruje la montura…,
le trajo una flor
blanca,
pura, fragante.
Con los párpados
recata
su mirada profunda,
y mujer trémula
entre las manos
fuertes
solloza su ilusión de
amor.
Y pronto quedó ceñida
en una estrechez sin
plural.
Romper, fue decisión
de hombre
y el adiós fue proeza
entre miradas de
fuego.
Trote que trota…,
Ansiedad mirando hasta
la curva,
y soledad absorta en
aquel punto.
Sólo le quedó la
promesa y una flor.
Ahora sus labios rojos
besan la tierna
blancura
del testimonio de
amor.
Y de la profundidad
de los pozos tristes
llora una lágrima
criolla
que resbalosa entre
los pétalos
se fue hasta el seno
de la flor,
hasta ese lugar en que
el perfume
se convierte en una
estrella.
Allá, por el trillo
lloroso
Quedó una mano blanca.
EL QUIJOTE
Quijote,
¿por qué caminos de la Mancha
viniste a esta aventura americana?,
¿qué hechizos trocaron
tu
sendero castellano?,
Caballero de la Triste Figura,
¿cómo llegaste?.
… y
en la sorpresa
de
esta mañana encantada
me
has amanecido ya en el camino.
Eterno bajo otro sol,
gracioso en tu arrogancia,
marchando al desafío
de
un mundo nuevo,
que
necesita las hazañas de tu brazo.
¡Valiente y noble Caballero!,
no
te detengo,
galopa a tu aventura.
Nunca guardes tus armas,
sigue alerta,
centinela del bien y la justicia,
no
dejes al mundo desvalido.
Inspíranos el alma con tu fábula
y
aliéntanos ese ímpetu tuyo
que
también nos recorre.
¡Pobre humanidad sin ti!.
EL SEÑOR
El hombre salió a la
mañana
con ojos de señor…,
¡y todo se
transfiguró!
porque había una
poesía oculta
para este día.
Cabalgando las
comarcas
su trillo era senda de
honor
a cuyo borde todos
acudían
para aplaudir aquel
camino
recién nacido de la
historia.
Las palmas derramadas
por los valles de
siempre
hoy ofrecían la
realeza
de sus palmares
como los nuevos
palacios
de la majestad civil.
Paisaje adentro
sorprendía
el inventario de la
isla,
ya había tejido mucho
monte
para emboscar
mambises,
enyerbado sabanas
para alimentar las
bestias,
alistado el lugar de
la batalla
que sólo debía
descubrirse,
y prestas las ráfagas
para propagar la
arenga.
Y algo radiante como
un sol
crecía en la decisión
del hombre,
porque creyó y supo
que los caminos ya
llevaban
una crecida de hombres
generosos.
Su caballo también
comprendía
aquella mañana
distinta,
la espuela
era un simple adorno
de plata
porque otra estrella
lo picaba de luz.
MAMBÍ
El
mambí
no
existe en el tiempo
porque no soportaría
la
jaula de una fecha.
Anda libre por los siglos,
inasible,
como un sinsonte
que se posa donde quiere
para trinar los cantos
más hermosos de un pueblo.
EL MILAGRO
Por el trillo iba el
ímpetu
de una esperanza
nueva.
Y tanto varón que
buscaba
se fue encontrando
por las encrucijadas,
convergiendo, sin
saberlo,
para la hazaña épica.
A la noche rumorosa
era el acampar
apiñados
en torno a la flor de
fuego
y el calor de
hermanos.
Confortarse de amores
entre tonadas del
tres.
Alentar de corazones
para galopar el deber
de un nuevo día.
Cuando las cercanías
sumaron los trotes
en una sola galopada,
y todos comenzaron
a ver su multitud,
se sintieron
satisfechos
de haber crecido
hasta el milagro
desde el humilde
querer
de cada hombre.
Y el clarín
que reclamó en lo
moral,
ahora bruñido de sol,
se desdobla
en arengas de
victoria.
Por la sabana ya
galopa
un redoble de cascos
como un canto glorioso
para coronar el poema
de la felicidad.
En el filo
De cada machete
alzado al viento
rebrilla el sol
en estrellas
solitarias.
GALLOS
Desde un lugar de la noche,
profecías de amaneceres.
Gallos que cantan soles
debajo de las estrellas.
Otros ruidos más humildes callan,
y
en ese silencio atento
que invita a la controversia
se
traba un duelo de soles
que son los ecos de un mismo orgullo.
Y
en la noche hay una soberbia peregrina
buscando un pecho en que terminar la madrugada.
Con el sol ya fuera, sobre sitios altos,
aparecen los gallos arrogantes,
llanto blanco de plumas ruborosas
entre espuelas de oro y crestas de sangre,
y
¡cuántas pretensiones de águila
en
un batir de alas como abrazando un mundo!.
Más tarde, con el sol ya alto,
entre el picoteo diligente de las hembras,
va
dominador como único señor
con el andar seguro.
¡Cuánta gitanería en cada gesto altivo!.
¡Ay, gallo arrogante!... ¿por qué tanto orgullo?
¿a
quién se podría preguntar?,
¿serán cosas del carácter?... Sí, eres así.
Y
en cualquier lugar el desafío,
porque al honor castellano
se
le enquistan las ofensas.
¿Una mirada?...¿una intención presentida?...
¿algún encuentro casual?... No sé.
Y
entonces ¡qué fuego!,
¡qué revoltillo de espuelas, de crestas, de sangre y furia!,
¡cuánta ira desbocada!. Lucha a muerte
en
que no importan los gritos de alrededor.
¡Una moneda!..¡dos!..¡diez!..¡pica mi gallo bravo!,
y
alguna tímida pluma se escapa de aquel ciclón.
Y
sigue la lucha fiera, lucha llena de furor,
son
dos cóleras que se agredieron por soberbia
y
no se saben separar.
De
un lugar del redondel
sale una mano grande, ajena,
que
agarra un gallo y se va.
Hay
cosas más importantes
que
las cóleras que tiemblan en los pechos de plumas.
Hay
monedas. Y otras cóleras más importantes,
de
gentes que abarcan más mundo,
cóleras que los gallos no comprenden.
Y
la ofensa se le enquista en el pecho,
gallo que pelea y sangra, y no gana sus peleas.
Por
las noches los gallos cantarán soles
y
abrazarán mundos con la aurora,
y
serán gitanos en cada gesto altivo,
porque es su carácter.
Pero en su pecho hay un quiste,
gota de hiel en el corazón.
¡Ay
gallo, cuando tú cantes!.
EL PERFUME
Junto a las corrientes
de los ríos apacibles,
y entre hojas de
eterna frescura,
aparecen enjambres de
pétalos blancos
que ya no quieren
volar.
Mariposas vagabundas,
que sólo ayer,
libaban en todos los
cálices
y peregrinaban en
todos los vientos.
Pero que al fin
han encontrado el
tallo
que merecía sus galas
nupciales.
Celestinas de ayer
que se convencieron
del amor
abandonando sus
recados de polen.
Y que arraigadas,
ahora,
disfrutan de los
néctares
que le suben con la
savia.
Siguen siendo
mariposas
que tremolan en la
brisa
pero exhalando un
perfume
que embalsama los
atardeceres.
Y ya no escapan de la
mano del hombre
que hacen ramitos para
su amada.
LA RECETA
El ajiaco
no
es una receta exacta,
mas
bien
una
fiesta del caldero,
todo junto a fuego lento
con
el sabor que da la candela.
Ponga el agua sobre las brasas
hasta que hierva.
coja dos o tres
españoles de cuerpo entero,
conquistadores o de infantería
(andaluz, gallego, vasco,
asturiano, isleño o catalán),
córteles las zetas,
el
barretín, la boina y alpargatas,
y
échelos sin salpicar.
Añada dos criollos blancos
a
quienes adobará primero
con una nana negra
para que pierdan la solemnidad
y
vayan olvidando la distancia.
Escoja dos o tres negros de nación
o
descendientes, bien prietos
(congo, lucumí, mandinga,
carabalí o arará,
si
son cimarrones mejor),
y
luego de remojarlos en música
durante todo un día de cabildo
se
echarán también.
Después del primer hervor
se
decantará toda la espuma
para eliminar la morriña gallega,
las malas palabras, el bocabajo, el odio,
el
sentido trágico y la fiebre amarilla.
Entonces se añaden
dos sermones de fraile,
uno de Cuaresma y otro de Navidad,
tres deudas del Rey,
dos poetas revolucionarios,
una hoja seca de la Enciclopedia Francesa,
tres conspiraciones en cuadritos,
una guerra de independencia,
dos ojos de almendra de la China
y
alegría de negro a gusto.
A
la hora de hervir
se
añadirá un sofrito de azúcar prieta,
café molido y hojas de tabaco
con un chorrito de ron.
Con la sustancia de todo
el
ajiaco habrá cogido consistencia,
y
en la última media hora
sólo faltará echarle
una rosa blanca
y
una estrella solitaria.
Todo revuelto a menudo
con cuchara grande de palo
para que no desbarate las viandas,
sobre todo al final,
que
nada se duerma en el fondo,
y
acabe de cuajar
con
un movimiento general de conga
arrollando alrededor del caldo,
lo
que indica que el plato
ya
está a punto.
Entonces se le debe servir
en
platos blancos sin adorno,
porque lo bonito es el ajiaco.
LA ASAMBLEA
Sobre el Morro
de cara al sol
y bonito,
se posó el sinsonte,
decidido
incendiario de su
nido,
contento
burlador de la jaula,
valiente
dueño de su manigua.
Y fue su canto de Mayo
el más hermoso,
estrella que salió a
volar
en pico de sangre
y plumas azules.
Trino que convocó
la asamblea
de todos los pájaros
para tejer el gran
nido
con todos y para
todos.
Después ya voló
para estrenar el
ejercicio
de sus alas
e iniciar el quehacer
su paja al pico.
CIUDADES
Nuestras ciudades
son bien nacidas,
decididas por gesto de hombre
que quiso engendrar una ciudad,
con Cédula de Rey
que certifica
y
Misa de fraile
que bendijo.
Villas fundadas,
no
surgidas,
con plaza de armas,
catedral y ayuntamiento,
hechas por la alegría de vivir juntos,
y
no simple añadidura de piedras.
Urbes femeninas que murmullan,
abanican con colores sus estancias,
adornan sus balcones con flores,
rizan el metal de sus rejas
y
por la noche,
destapan jazmines encendidos.
Ciudades que visten
su
historia con elegancia
en
el traje de todos los días,
y
conocen el respeto de cada esquina.
Bullicioso lugar
que disfruta los pregones callejeros,
donde las mismas piedras discuten
la
habilidad mayor de su artesano..
Y
una, entre todas,
con arte especial
se
sienta a reinar en su fuente,
bajo solio de palmas
y
sobre ajuar de delfines,
a
desleír su azúcar infinito
en
la simpatía de las aguas.
EL CICLÓN
Es un viento
que se volvió loco
en las soledades del
mar,
Se encerró
en un círculo de rabia
y ya no supo
parar su insensatez.
Remolino que deambula
sobre el espejo del
mar,
arrastrando su
vergüenza
sin destino ni misión,
como si un viento
de cualquier confín
del mar
tuviera derecho
a pasear las iras a su
antojo.
Algunas veces
la isla está en su
derrota
y el irresponsable
huracán
sólo llega
para agobiarse de
culpas.
Rabia revuelta
que retumba y rompe,
ráfaga violenta
que silba espanto
y un siniestro aullido
de lobos invisibles.
Noche…
Por la madrugada se
calló el viento.
Tiempo de preguntarse
los espantos
que se alumbrarán con
la aurora.
El sol salió
con la calma habitual
de todos los días.
Ni un minuto antes.
Pasó rojo
por un rasgón del
horizonte,
y empezó a elevarse
para publicar toda la
tristeza…
Por un claro del
nublado
Un chorro de sol
Se clava en el
paisaje.
¡Palmas!...
un coro de ellas,
verticales,
victoriosas.
LA FIESTA
Soy
del pueblo
que
despidió al silencio
por
triste y aburrido,
y
se casó con el ruido.
Por
el especial talento
de
su oído,
fino y elegante,
descubrió que el ruido
era
un simple enredillo
de
todas las músicas.
Entonces dedicó
la
virtud de sus dedos
a
deshacer la filigrana del bullicio.
Desenredó el sentimiento de las cuerdas
y
el de las locas,
separó los suspiros de la guitarra,
caminó por las teclas blancas del piano
hasta las primas,
y
luego regresó por sus bemoles.
Desató el apretado nudo de los vientos
para que cada caño
pudiera soplar su partitura.
Descifró el código sonoro de las claves,
ralló el guayo, batió el güiro,
percutió la quijada del burro
con
respetuosa aflicción por el difunto,
sorprendió a la vaca lechera
con
el susto inesperado del cencerro,
oyó
el chismorreo de las peonías
que
cumplen condena en su maraca.
Le
arrancó el cuero
a
todos los chivos del África
y
probó su parche en cien tambores
que
hicieron salir la primera
bailando y hablando congo
con
su palo y su bandola.
El
ritmo aplaudió al compás,
y
con el entusiasmo
se
le zafó la rumba.
La
armonía dió su opinión
y
desenredó el danzón.
El
sentimiento
venció la pena del público
y
debutó la guajira.
La
melodía sintió el piropo del cuero
y
meneó el son.
Así
con el cha cha cha y la guaracha,
el
mambo y el guaguancó,
el
zapateo que ya está viejo
y
baila poco.
La
décima es el punto cubano
que
se quedó en el palmar
y
viaja en el corazón,
la
talentosa habanera
que
no paró hasta la ópera.
y
muchas más,
medicinales todas para el cuerpo,
que forman una gran familia
y
salieron a divertirse
por todos los caminos del mundo,
dándole prestigio al ruido
y
formando esta fiesta grande
contagiosa y sin final
que todos disfrutan.
LA PRUEBA
Lo expulsaron de su jardín
y lo subastaron
en el mercado de los vientos.
Navegó sin brújulas
para atravesar
el diluvio de la mentira.
Rechazó crisoles
que no recibían con amor
y querían domeñar con sus desdenes.
Desesperó impotente
cuando vió la esperanza
escurrirse de sus ovillos
para enredarse en el ancla
de un nuevo destino.
Y tuvo ganas de llorar
pero estaba seco de orgullo.
Prefirió erguirse
como reclama el deber,
descalzo y digno,
y aunque nadie lo escuchara
gritó con todo su ser,
que aún con las raíces al viento
el hombre debe seguir siendo fiel
al honor de su semilla.
Entonces coló café prieto,
con azúcar al fondo del sabor,
y lo tomó a buchitos
para reanimar su dignidad.
Enrolló todo su dolor
como hoja de tabaco que se tuerce
y prendió el puro con elegancia
para quemarlo dando aroma.
Entonces fue a posarse
en el cacto más alto del desierto,
ciñó por su torso la guitarra,
e improvisó con décimas
el orgullo irreversible de su historia,
que necesita desahogar su canto
y luego lo aplaude con sus
alas.
EL
DESTINO
Viajarán por
valles infinitos,
profanarán las esquinas del
silencio,
lograrán la ciudadanía del
mundo
y acumularán recuerdos
inefables.
Pero llegará
indefectiblemente llegará,
el tiempo de descifrarle a
los deseos
su más íntima añoranza.
Y bastará descubrirlo
para que el misterioso
manjuarí
que nos habita

decida
enrumbar hacia su origen
venciendo
las corrientes
y trepando las cascadas
con denuedos que asusten a
las aguas.
LA SOLITARIA
A veces en las noches
hay ojos que escudriñan
con desconsuelo.
Miradas en vigilia
rebuscando con ansia
los rincones del cielo.
Pupilas que se extravían
entre las galaxias
repitiendo su ronda
en busca de un lucero
que se les ha perdido.
Era uno y solitario,
que estaba en el cenit.
Un astro
sin el compromiso
de las constelaciones,
que Dios regaló
para bendecir una bandera.
Mas ahora está oculto,
y por eso
se repasan las tinieblas,
temerosos de que Dios
lo haya devuelto
a su mismo lugar
del firmamento.
¡Ay, ojos tristes!,
húmedos y por ello ciegos.
Sequen sus lágrimas
que están buscando
donde ya no está.
Enjuguen el llanto
porque esa estrella
sigue siendo suya.
Sólo necesitan
despedir su duda
y afirmar el querer
para que vuelva a rebrillar
deslumbradora
desde sus profundidades.
La solitaria
ya no es del cielo,
es un fulgor del alma tuya.
EL UNIVERSO
Sobre la palma se
posó el sinsonte
y el tronco nunca lo supo.
Las nubes al viajar
También se detenían
confiadas
y el tronco tampoco lo
supo.
El sol descansaba al
mediodía
sin que el tronco lo
notara.
Por las noches se pensaba
que sólo la noche reposaba
sobre la palma,
pero la Vía Láctea estaba
posada,
y el tronco tampoco la
sentía.
EL RÍO
¡Ay, riachuelo cantarín
que afloraste de la noche subterránea
por una estrella!.
Arroyuelo fresco,
joven, charlador,
tú que fluyes
de una fuente pura
con destellos de sol,
y creciste rumoroso
al arrullo del monte,
tú que escogiste
las curvas de tu curso
y andas mimado
entre riberas verdes,
tú, ¡río mío!,
sigue tu rumbo alegre
sin extraviar tu cauce.
Fluye sereno y limpio
por el lecho
que siempre ofrece tu tierra,
entre las palmas
que nunca cesan
de contar secretos.
¡Fluye con brío!,
mantén tus aguas cristalinas,
llega hasta el océano profundo
que alcanza todas las costas
y entrégale el canto tierno,
entrañable y pleno
de esta isla marinera.
RECORDATORIO
Porque conviene
recordar
que los cubanos
venimos de flor,
y de amor con fuego
entre el hombre y la mujer,
que nacemos
para cumplir ilusiones,
y contribuir otro amor
en el quehacer
de los hombres.