PARAGUAY:"La marcha de los
futuros presos"
por Emilio Heinzen
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En estos días pasados, el Congreso de
Paraguay declaró el estado de excepción, con suspensión
parcial de las garantías constitucionales en los estados
norteños de Concepción, San Pedro, Amambay, Presidente Hayes
y Alto Paraguay.
Esta medida de emergencia le otorga una mayor libertad al
presidente Lugo para perseguir, combatir y capturar a
los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (E.P.P.);
grupo guerrillero entrenado y armado por las longevas FARC y
que ha sido el triste protagonista de varios secuestros
extorsivos y asesinatos revolucionarios, el último crimen
perpetrado por ellos es el asesinato de un policía y cuatro
peones rurales luego de emboscarlos en medio del monte.
A pesar de los defensores de los derechos humanos, que por
alguna extraña razón insisten en defender los derechos de
los victimarios en lugar del de las víctimas, como es el
caso de Juan Martens, abogado de la Coordinadora de
Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy), que aglutina a
organizaciones no gubernamentales, quien opinó que "No hace
falta declarar estado de excepción para poder detener a 20
personas que están en el monte", Lugo parece estar
resuelto a evitar el enquistamiento de este grupo anacrónico
además de ilegal.
Tal es así, que el presidente fue quien pidió al Congreso
esta declaración excepcional para otorgarle a las fuerzas de
seguridad en general y al ejército en particular mayor
libertad de acción dado que no se enfrentarán contra
criminales comunes sino contra un grupo con entrenamiento en
guerra de guerrillas, teniendo presente que problemas
extraordinarios merecen soluciones extraordinarias.
Para el norte partirán raudos, los mandos designados con sus
hombres, a hacer lo que hacen mejor, defender a su patria y
cumplir las órdenes encomendadas, se perderán en un monte
hostil, donde hay gente dispuesta a matarlos por ideas
prestadas.
El convencimiento es tal en los corazones de los soldados,
que marchan a lo que seguramente será su ruina, ya que
después de arriesgar sus vidas, después de cumplir sus
ordenes, después de establecer la paz perdida, en un futuro,
triste por cierto, serán juzgados por los guerrilleros que
gracias a su cobardía logren sobrevivir la gesta justiciera,
guerrilleros que se valdrán de las Instituciones de la misma
democracia que supieron combatir para denigrar y mancillar a
los hombres que no pudieron derrotar en la espesura de la
selva.
Para el norte marchan los héroes de hoy y los presos de
mañana, los futuros olvidados, sabedores todos ellos que
se deben a su país, están formados para servirlo, en este
momento es a través de las armas, a pesar de que unos años
será a través de las rejas.
Triste destino el de estos soldados, marchando decididos a
su propio exterminio.
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