INEVITABLES
INQUIETUDES
Por Ernesto
Díaz-Rodríguez
Secretario General de
Alpha 66
Vicepresidente de
Unidad Cubana
Para la inmensa mayoría
de ese conglomerado de cubanos que integran el llamado
Exilio Histórico, y para quienes habiendo llegado a
tierras de libertad en años recientes tienen una
conciencia clara de lo que significa un verdadero
exiliado político, la visita de Los Van Van no los movió
a tomar parte de la pachanga de Juan Formell en el James
L. Center de Miami, el pasado 31 de enero. Es evidente
que por encima de todo impulso festivo para estos dignos
cubanos están su orgullo y sus principios. Y están
vigentes, porque en Cuba nada ha cambiado, las razones
que motivó su destierro. Son, para decirlo con palabras
sencillas, personas que guardan respeto y consideración
por los que en holocausto ejemplarizante de hidalguía
regaron con su sangre en la tierra cautiva la semilla
de la libertad. Y son, junto a este complemento de amor
y gratitud, personas que al mostrarnos en honrosa
actitud que sienten respeto por sí mismos, nos mueven a
que también sintamos respeto por ellos.
Pero la ingratitud es
común de los pueblos. Por esa razón, para esa otra parte
del exilio inconsciente, que no inspiran respeto sino un
poco de lástima, para los que salieron de la Isla por la
triste aventura de garantizarse un pitusa de marca, y
ganarse el derecho de regresar un año más tarde a la
tierra que le arrebataron en condición de “turistas”, la
presencia de Los Van Van en Miami fue un acontecimiento
feliz. La exaltación de su sangre rumbera fue
irresistible tentación para sus liberales mentes.
No hay duda de que este
es un reflejo del llamado “hombre nuevo” forjado a base
de consignas en los laboratorios de los hermanos Castro.
Un reflejo de cómo se ha torcido la conciencia en esa
parte de la población cubana que ha enarbolado por años
y años la bandera de la doble moralidad. Nada más lejos
de la honradez, ni más despreciable, es el servilismo.
Nada más lejos del pensamiento y de la doctrina de José
Martí, quien sabiamente proclamó: “El hombre que no dice
lo que piensa no es un hombre honrado”. Y ese es uno de
los más importantes retos que se nos presenta para la
Cuba del mañana. Conseguir que esa parte de la población
se reencuentre a sí misma y se encauce por los caminos
de la dignidad humana, es probable que no sea tarea
fácil.
Estas son inevitables
inquietudes que ha traído a mi mente el controversial
espectáculo musical presentado en la ciudad de Miami
por el Sr. Juan Formell y su afamada orquesta Los Van
Van. Son estas mis reflexiones ante la dolorosa realidad
de esa parte del exilio festivo, que aunque físicamente
integran la diáspora cubana, espiritualmente, aunque son
parte de la tragedia de una infeliz nación, tatuada de
cárceles y campos de concentración, de miserias y
náufragos, continúan hincados de rodillas ante la
tiranía. Para ellos la música cómplice de la dictadura
no es vergüenza que asfixia, ni oscura fantasía: es
simplemente oxígeno, alimento vital para sus almas
frágiles.