Caracas — «Somos
la misma cosa», dijo el presidente cubano Raúl
Castro cuando pasaba revista a los oficiales
venezolanos en su última visita a Caracas tras
la reunión de la Alianza Bolivariana (ALBA),
hace un mes. Sin embargo, su anfitrión, Hugo
Chávez, le corrigió: «Somos la misma patria»,
haciendo valer su afinidad con el lema
inmortalizado por Fidel Castro: «Patria o muerte,
venceremos».
Ésta no es la primera
vez que el régimen castrista intenta acaparar
los recursos económicos y energéticos de
Venezuela y convertir la patria de Simón Bolívar
en su punta de lanza para su proyecto
continental. «En los años 60, Fidel Castro
intentó tres veces invadir las costas
venezolanas», recuerda el vicealmirante Iván
Carratú, ex director del Instituto de Altos
Estudios de Defensa Nacional.
Lo que Cuba no
logró en los años sesenta en Venezuela, ahora lo
está consiguiendo sin pegar un solo tiro. Esta
vez «el Ejército cubano no nos ha invadido, en
el sentido literal de la palabra. La sumisión
del chavismo no es consecuencia de una derrota
militar, tampoco existen condiciones en el mundo
que justifiquen una alianza de esta naturaleza»,
explica el analista Manuel Felipe Sierra.
Oficialmente Chávez
sostiene que la presencia cubana no pasa de
30.000 agentes. Sin embargo, otras cifras
oficiales hablan de 60.000 cubanos distribuidos
en áreas claves como seguridad, inteligencia,
asesoramiento policial y militar, control de los
sistemas de registro de identidad, pasaportes y
notarías.
También la
importación de alimentos está en manos de los
cubanos, incluidas las 70.000 toneladas de
comida que ha llegado a los puertos venezolanos.
Y el aeropuerto caraqueño de Maiquetía recibe
dos vuelos diarios de cubanos como si fueran «fantasmas»
por la falta de registro oficial.
«El plan de
perpetuarse en el poder de Chávez necesita de
una estructura de seguridad y espionaje
cultivada durante 50 años por la KGB soviética y
la Stasi alemana y con sobrada experiencia en
actividades contra la CIA. Eso lo tiene Cuba»,
señala Sierra.
Con el suministro
gratuito de 95.000 barriles diarios de petróleo,
Chávez le garantiza la prolongación al
agónico fidelismo. Además, a medida que baja
en los sondeos la popularidad de Chávez —como
sucede ahora por la crisis económica: el 66% de
los venezolanos afirma estar totalmente
insatisfecho con su gestión—, el mandatario
venezolano «necesitará cada vez más ayuda de los
cubanos para consolidar su proyecto totalitario».