|
|
|
HOMENAJE DE RECORDACIÓN AL DR. DIEGO MEDINA
Por Ernesto
Díaz Rodríguez
Secretario
General de ALPHA 66
Hay
muchas razones para recordar con admiración y orgullo al Dr. Diego Medina. Por
su diáfana nobleza y las muchas virtudes que lo caracterizaron, nunca lo
olvidaremos. Fue para su Patria de esa clase de hombres que irradian siempre luz.
Para aquellos que tuvimos el maravilloso privilegio de conocerle íntimamente fue
todavía más, porque nos dio la posibilidad de descubrir que nació para amar y
para hacer el bien. Es por eso que gustaba de entregarse a los demás con las
alas transparentes de su corazón abiertas de par en par, como el cáliz de una
flor en primavera. Su doctrina filosófica fue la decencia. La honradez, su
manera de ser fiel a su conciencia. Como médico disfrutaba ofreciendo sus
servicios gratuitos a todo el que lo necesitara. Se entregaba en amistad de una
forma espontánea, sin esperar más recompensa que la propia satisfacción de su
alma.
¿Qué más virtudes necesitaría un ser humano para dejar imborrables huellas de
ternura en su paso fugaz por la vida? ¿Cuánta entrega adicional para que la
gratitud de quienes compartieron su amistad sea un sentimiento permanente?
Al Dr. Diego Medina debemos recordarlo también por otros ingredientes esenciales
que conformaban su vida: fue de esos hombres de los que no descansan, de los que
no claudican, de esos que suelen enfrentarse con admirable estoicismo a cada uno
de los retos que le impone el destino. Pero, por encima de todo, fue uno de esos
privilegiados de espíritu invencible, capaces de empinarse con fuerza de
gigantes en el combate de cada día por la libertad. Luchó contra las injusticias,
contra todas las miserias que encontró en su camino: físicas, morales,
materiales, siempre dispuestas a vencerlas sin importarle el sacrificio personal
ni el de su familia, en quienes siempre encontró la comprensión y el más hermoso
apoyo solidario, especialmente el de su esposa Sara, otra incansable luchadora y
el de su hija Diana.
En Alpha 66 encontró este hermano valeroso su trinchera de lucha. Fue de sus
fundadores, para orgullo nuestro, y acompañó a nuestro líder histórico, Andrés
Nazario Sargén, compartiendo junto a él, brazo con brazo, la gloria y los
sinsabores del exilio más prolongado y combativo -y el más fértil también- que
recoge la historia de América Latina. Hubo entre estos dos hombres luminosos,
máximos dirigentes de nuestra organización, una identificación tal de ideales y
estrategias de combate que pareciera como si sus almas hubiesen sido gemelas. Se
destacaron ambos por la transparencia de sus sentimientos, por la nobleza
diáfana con se acercaban a todos y por la honradez con que llevaron sus vidas. Y
ambos practicaron la estrategia de la intransigencia, de la lucha sin
claudicaciones con idéntica pasión, pero sin ninguna arrogancia.
Había nacido el Dr. Diego Medina en Zaza del Medio, Las Villas, el 30 de octubre
de 1931. Fue una figura que nos inspiró y su ejemplo prevalecerá como símbolo de
dignidad, optimismo para las generaciones de cubanos presentes y futuras, que
tendrán sobre sus hombros la ardua tarea de trabajar por una Cuba democrática
próspera y feliz. Falleció en la ciudad de Miami, luego de largos años de un
destierro que nunca mereció, el 23 de julio de 1999, todavía en la plenitud de
su vida. Se nos fue de entre las manos, callado, silencioso, sin ruido de
tambores y trompetas que anunciaran su súbita partida, en tránsito hacia la
inmensidad de otra vida de luces y colores, como él supo merecer. Se fue seguro,
con la estrella en la frente, llevando en su jolongo de pencas de palmeras un
eslabón de historia, bello, luminoso y su ilusión de ver a una Cuba sin rejas ni
cadenas. Una Cuba con todas sus puertas y ventanas abiertas a la luz de la
esperanza, abiertas al progreso y a la comprensión. Una Cuba donde el horizonte
de los náufragos y las cárceles se transformen en resplandeciente arco iris,
poblado de palomas y de rosas blancas; donde en cada surco de la patria, junto a
las espigas del naciente trigo de la libertad germinen la fe, el amor y la
comprensión entre todos los cubanos.
Porque fue una noble razón la de su lucha, sabemos que el Dr. Diego Medina hoy
descansa en paz, junto a los mártires gloriosos de nuestra nación. Dios los
tenga en su seno.
|
|
|