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Sobre el cambio pacífico y Adolfo Rivero Caro

 

Emilio Adolfo Rivero

Julio 29, 2005


Porque considero necesario descartar el espejismo del cambio pacífico -que
sigue colgado en los medios de información- hago referencia al artículo "Un
retórico de la guerra", publicado por el escritor Rafael Rojas en El Nuevo
Herald, en Julio 13., en que se menciona a mi único hermano. En cuanto a las
opiniones en el escrito, brindaré una contraposición de ideas. En lo que se
refiere a Rivero Caro, trataré lo factual.

Es obvio que si se quiere recobrar la soberanía del pueblo, se debe
debilitar a Castro y fortalecer la oposición. La campaña por el cambio
pacífico logró el efecto opuesto. Al no crearse conflictos armados en la
isla, se dejaron manos libres a Castro para que él los creara en otros
países, dejando además impune la represión en Cuba.  Desde que comenzó a
favorecerse la opción pacífica, hace más de veinte años, Castro ha aumentado
su influencia en América Latina, especialmente en Venezuela y Colombia.
Miles de sus agentes, que facilitaron  el fraude de Chávez durante el
plebiscito, son ahora miembros oficiales de la seguridad venezolana. Castro
es, hoy por hoy, un magnate petrolero a escala mundial. La oposición, por su
parte, ha optado por métodos pacíficos, especie de desarme unilateral. Todo
esto es en detrimento de las ansias de libertad del pueblo cubano, pues
aleja la posibilidad de lograrla.

En la tesis de la transición pacífica quizá subyazga el criterio -anclado en
experiencias pasadas-  de que no hay alternativa. Se debe recordar que
existe el telón de fondo del desembarco en Bahía de Cochinos y la intensa
actividad clandestina que lo precedió. Esos fueron hitos de la lucha armada
que, con mayor o menor fortuna y durabilidad, se prolongó en las décadas de
los años sesenta y setenta.

En los ochenta y noventa, y hasta el presente, han primado denuncias,
búsqueda de apoyo internacional, desarrollo de la llamada sociedad civil y
creación de grupos disidentes. Esos esfuerzos han ganado el apoyo de
personalidades intelectuales y políticas de prestigio mundial. Su resultado,
en lo referente a la situación que padece el pueblo cubano, ha sido tan
infructuoso como la lucha armada de las décadas anteriores. Puede inferirse
que si se rechaza aquella  alternativa del uso de la fuerza, porque fue
ineficaz, también hay razones para cuestionar el propósito del cambio
pacífico que, en más de veinte años, no ha logrado el fin propuesto.

Esos dos períodos ofrecen características muy disimiles. En el primero,
Castro contaba con el apoyo masivo, aunque decreciente, de la opinión
pública. A partir de entonces, y hasta el día de hoy, la oposición ha sido
creciente hasta tornarse masiva, lo que presenta un escenario ideal, que no
había existido antes, para actitudes más radicales.

Es dificil hacer prosperar un empeño político en un medio cultural adverso o
indiferente.  Por eso resulta aberrante abogar por un cambio de régimen
mientras se crea un estado de opinión que autolimita los medios para
lograrlo. El activismo por el cambio pacífico puede ser entendido  como uno
de los recursos a emplear en el camino a la liberación. Ni sus méritos,
riesgos y dificultades deben ser ignorados ni su importancia exagerada. Si
alguien lo sabe bien es Adolfo Rivero Caro, fundador junto con Ricardo
Bofill del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH), la primera
organización disidente de Cuba.

En cuanto a las afirmaciones sobre mi hermano, mencionaré sólo dos, que
pueden ser rebatidas con referencias factuales. No aludiré a las que sólo
son opiniones, pues no son susceptibles de argüirse. Rojas dice que Rivero
Caro está  entre "los que pasaron, sin aduana, de la ortodoxia comunista a
la ortodoxia anticomunista"; y "que conoció y defendió la Unión Soviética de
Stalin y Brezhnev". Los hechos dan una versión distinta -sí pasó por la
aduana, más de una vez, y a muy alto costo. Y su actitud fue, siempre,
antítesis del estalinismo.

En su informe sobre la Microfracción, Raúl Castro acusa directamente, entre
otros, a  Carlos Quintela Rodríguez, César Gómez, Alfredo Pons, Thais
Agulera y Adolfo Rivero, de los que se dice que cualquier medida de
importancia o nó que realizara el poder revolucionario, encontraba en ellos
la crítica sistemática. (El informe completo de Raúl Castro puede leerse en:
http://www.radio36.com.uy/entrevistas/2004/02/250204_castro.htm)

Ese ataque tenía antecedentes. Los inculpados habían tenido situacion
privilegiada dentro de los cuadros de la Revolución. Rivero Caro fue
separado, por órdenes de Fidel Castro, de la dirección de la Juventud
Comunista (junto con César Gómez y el comandante Joel Iglesias) debido a sus
posiciones pro democracia dentro de esa estructura. Carlos Quintela renunció
a sus cargos de Secretario de Propaganda y director de la revista Mella como
protesta por esa decisión. Junto con Quintela renunció la dirección completa
de la revista, lo que fue un golpe serio para la nomenclatura.

Rivero Caro militó en las filas de la  Juventud Socialista (Comunista) en la
lucha clandestina contra Batista. Al triunfo de la revolución, fue
organizador nacional de la juventud comunista y su delegado en la Federación
Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD) en Budapest, Hungría (1959-1960).
A su regreso a Cuba fue director de la revista de la juventud comunista:
"Mella." Fue profesor de filosofía marxista en la Universidad de La Habana y
de la Escuela Superior de cuadros del Partido Comunista de Cuba. Expulsado
del PCC en 1968 por sus discrepancias políticas envió al Comité Central una
documento puntualizando sus discrepancias con el Gobierno, que fue firmado
además por Félix de la Uz, Virgilio Balmori y Javier de Varona. Fue enviado
a trabajar como ayudante de mecánico en una fábrica sumándose, finalmente,
al proletariado industrial. Esa actitud coherente y continua contra lo que
pudiera llamarse una posición estalinista, contradice con hechos la
afirmación de Rojas de que "conocíó y defendió la Unión Soviética de Stalin
y Breshnev".

Por su vinculación con el movimiento disidente, mi hermano estuvo preso en
el Combinado del Este de 1980 a 1982.  Además estuvo detenido en Villa
Marista entre 1987 y 1988.

Concluyo diciendo que Rivero Caro no es un exiliado. Desde hace algún tiempo
es ciudadano norteamericano y trata de hacer llegar el pensamiento de este
país al gran mundo hispano hablante. Recibo mensualmente informes sobre su
trabajo de neoliberalismo.com., en Internet. En el mes de mayo sus páginas
tuvieron 428,406 visitas. Es alentador.

 

 
   

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New Cuba Coalition
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