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               BAJO LAS ESTRELLAS DE LA LIBERTAD

                                 Por Ernesto Díaz Rodríguez

                             Secretario General de ALPHA 66

                           Vicepresidente de UNIDAD CUBANA

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Con frecuencia nos preguntamos qué va a ocurrir en Cuba cuando los cubanos tengamos la oportunidad de vivir bajo un sistema de gobierno genuinamente democrático, con justicia social y respeto absoluto a la dignidad del hombre. Sin embargo, muy pocas veces nos hacemos la pregunta de si en realidad estamos haciendo suficiente para que esas transformaciones se produzcan y nuestro país regrese al seno de las naciones donde sus gobiernos trabajan para el bien común, la paz y la estabilidad de la familia, ingredientes básicos de la felicidad.

Durante los pasados 47 años nuestra nación ha venido sufriendo un deterioro progresivo, no sólo en lo económico sino también en todos los aspectos que afectan a la sociedad. Cuba, mi pobre Cuba (la antigua Suiza del Caribe) se ha convertido en la cenicienta de América Latina. Ni siquiera hay azúcar para endulzar un poco de café, en una isla que fue potencia azucarera. No se consigue sal y hasta el pan se ha convertido en artículo de lujo. No hay frutas ni verduras. No hay tintura de yodo, ni antidiarreicos ni una simple aspirina, a pesar del constante cacareo oficialista sobre las bondades de la “medicina revolucionaria” Y todo a consecuencia de un aventurero, de un payaso vulgar, loco y satánico, además, que hace mucho tiempo el pueblo debió haber arrastrado de la cola de un caballo o echado a la hoguera, porque no merece otra cosa por perverso y cobarde.

Pero el tiempo ha pasado. Casi medio siglo de opresión a solo 90 millas de la nación más poderosa, próspera y democrática. Toda una pesadilla, un círculo de asombro inesperado. Atrapados en nuestros propios errores los cubanos hemos girado una y otra vez sin encontrar el rumbo, sin alcanzar la estrella que nos ilumine, o el relámpago que nos incendie el alma y nos obligue a decir basta ya de tiranía. Pero nuestra obligación es seguir adelante. Ser fieles con quienes lo han dado todo en un esfuerzo supremo por reconquistar la libertad perdida.  

Reconozco la combatividad y el fértil estoicismo de una parte de este exilio histórico que no se rinde y ante esos incansables luchadores me inclino con respeto, en espontáneo gesto de admiración. De este exilio intransigente que se nutrió de coraje y de inspiración, de probada vergüenza, en figuras tan sublimes como Andrés Nazario y el Dr. Diego Medina, y de legendarios luchadores como Vicente Méndez y ese símbolo de ébano transparente, irradiante de generosidad y nobleza, nuestro inolvidable Eusebio Peñalver.

Por ellos y por una Cuba feliz hay que unir voluntades para el combate de cada día. No hay otra alternativa que golpear al enemigo, golpearlo en pleno rostro con puño de acero y empuñar contra su dictadura caduca y tambaleante las armas de la inteligencia y de la razón.

Cuando un tirano se entrona en el poder y ejerce sin escrúpulos la opresión; cuando a la vida sistemáticamente se le quita su sentido, creando en la conciencia de las víctimas un sentimiento de impotencia, no hay otra alternativa que empinarse sobre las miserias del espíritu y aceptar los riesgos del combate. No es honrada la actitud de mansa sumisión, ni siquiera cuando a través de ella se busca la preservación de la propia existencia, porque vivir de rodillas es peor que estar muerto: es diluirse en el fondo de un pozo simbólico sin dejar una huella; es reptar por el polvo o flotar simplemente a la deriva sobre las sucias aguas de un pantano. Sí, el conformismo irreflexivo es una enfermedad del alma. Luchar por romper las cadenas de cualquier tiranía es gratificante y tan hermoso como plantar un árbol.

Para Cuba ya es hora. Tenemos que rebelarnos con fuerza de gigantes contra la injusticia. Y hacerlo con fe y confianza en el porvenir. No podemos dudar sobre las capacidades que poseemos como pueblo laborioso y civilizado para una feliz reconstrucción de nuestro país una vez que alcancemos la libertad y logremos establecer una sociedad fundamentada en los valores y principios democráticos. Sabemos por experiencia que cuando al cubano se le da la oportunidad de ejercer su creación, de trabajar para vivir honradamente y construirse con sus propias manos un futuro mejor, sin la dependencia de unas pocas migajas ofrecidas por autoridad que lo oprime y lo degrada imponiéndole como condición  la renuncia  a sus derechos, el cubano progresa y se destaca. El ejemplo lo tenemos en el destierro. Pocas son las excepciones donde los que han tenido la oportunidad de escapar de la Isla cautiva se han quedado varados, atrapados en las lianas borrascosas que significan ese estado de indefensión y de impotencia que la tiranía castrista les ha cincelado en la conciencia con arrogancia y maldad.

Se que a veces existen razones para sentirnos un poco defraudados, de manera especial cuando nos golpea la realidad de esa parte del pueblo que aunque odian y desprecian la opresión continúan vergonzosamente, unas veces por indiferencia y otras por cobardía, soportando el yugo con los brazos cruzados,  Nos es obra que dignifica al hombre arrastrar mansamente las cadenas que le impone un tirano. Se que hay de esas razones, que entristecen. Pero sobran los ejemplos que estimulan y obligan: El heroísmo hermoso de quienes lo dieron todo, de quienes generosamente ofrendaron sus vidas en desigual combate o empinándose hasta alcanzar la gloria ante el paredón de fusilamiento; el estoicismo diáfano, frontal, inclaudicable del presidio político plantado; la intransigencia  histórica de los que durante años y años han mantenido dentro y fuera de Cuba  una actitud de dignidad en su estrategia de exigir un cambio radical, sin componendas viles, en las estructuras de dictadura castrista. No, definitivamente no hay ninguna razón que justifique hacer concesiones a los enemigos de la libertad. ¡Y no vamos a permitirlo!, porque a la Cuba del futuro la queremos inmensa, sin el lodo de quienes la han manchado, ni las trampas de los comunistas reciclados por mucho que se maquillen y escondan sus ensangrentada uñas. Los malos hijos, esos que sin escrúpulos la han esquilmado y arruinado,  junto a los torturadores y asesinos tendrán que pagar por sus vilezas y sus crímenes. Y pagar, como lo merecen, un precio bien caro.

Cuba será libre. Que nadie lo dude. Esa Cuba que llevamos con orgullo en el corazón muy pronto se vestirá de novia y danzarán las palmeras y los cocoteros bajo las estrellas de la libertad. Y no habrán más cáceles para aprisionar las ideas, ni náufragos devorados por los tiburones ni alambradas de espinos que anuden las playas. Sólo entonces tendremos derecho a descansar.

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New Cuba Coalition
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Dr. Emilio-Adolfo Rivero — President
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